El naranja Trump agarra gatita

Guillermo Sheridan

Cada semana, el sujeto Trump consigue crear un nuevo alboroto. El de la semana pasada, como es bien sabido, tuvo como origen el elocuente resumen que hizo de una teoría y práctica de la sexualidad que ha confeccionado a lo largo de los años. Es bastante sencilla: su esencial narrativa consiste en que las mujeres son unas cosas que andan por ahí, y cuando el sujeto Trump detecta alguna que soflama su apetito, procede a besarlas bastante y, de inmediato, a “asirles la gatita”.

Sí, es una traducción rústica y majadera de “grab’em by the pussy”, como es en el idioma del Cisne de Avon la frase empleada por el sujeto Trump. En español suena hueca, catarra, desnuda de las connotaciones con que la visten por lo menos el inglés y el francés, idiomas para los que la vagina no es una gatita (puss) sino una conejita cuya primera sílaba se salpicó al francés con y al castellano “coño”, esa palabra horrible, encarnación de la ginecofobia católica.

Todos los niños en inglés saben que pussycat es un gatito y que el “Puss in boots” es el nombre en inglés del “Gato con botas”, como llamamos los hispanoparlantes a ese viejo cuento que recopiló Perrault y que en francés se titulaba “El maestro Gato”. Luego, adolescentes ya, aprendimos que Peter O’Toole saludaba a las muchachas diciéndoles con un susurro coqueto What’s new pussycat?, que encontraban al parecer irresistible. No tengo idea de cómo habremos traducido al mexicano el título de esa película —que por cierto marcó del debut de Woody Allen como guionista— pero no me asombraría el proverbial “Un gatito en problemas”.

En fin, la cosa es que el Magneto Trump logró, por primera vez un general repudio, incluyendo el de su señora esposa, esa candidata, se diría, a primera pussy de los Estados Unidos. Y lo hizo por haber anunciado su afición a asirles la gatita —“agarrarles” suena excesivamente huraño— a las damas circunstanciales que, según él, tan famoso y ricachón como es, se lo permiten nomás porque sí y listo y a otra cosa.

Sí, es patético que las ristras de majaderías morales que el sujeto suele proclamar sobre una amplia gama de temas no hayan merecido una repulsa tan enfática. Que la práctica de su crudo racismo, su compulsiva misoginia y sus desdenes clasistas, así como el impúdico espectáculo de su clínico narcisismo, no hayan podido exhibirlo como una bestia con la veloz eficiencia con que lo hizo su teoría de la sexualidad. Si algo ha quedado aún más exhibido que Trump es el componente esquizoide del puritanismo norteamericano.

Es curiosa la lectura de la transcripción del diálogo entre don Juan Trump y su Ciutti en el autobús incriminatorio. El sujeto procede, con sinceridad encomiable, a explicar cómo se le da eso del apetito. Comienza cuando el Orange Crush rememora a una dama ignota que le encendió la mecha tiempo atrás. Aporto en seguida una traducción aproximada a un español callejero, dejando entre paréntesis el original en inglés, por si hubiere quien tatache: “Traté de conducirla al tálamo excelso del placer sincero (fuck her). Estaba casada. La rondé, solícito, con anhelo impetuoso (moved on her very heavily), tanto que, de hecho, invitéla desprendido a ir a comprar mobiliario. Quería mobiliario y le dije: yo sé dónde hay lindo mobiliario”

(Esto del mobiliario amerita paréntesis. Todo parece indicar que en su teoría del amor, cuando un caballero siente amor por una dama, lo procedente es invitarla a adquirir mobiliario. Esto sólo es enigmático para el lego, pues se trata de una clara referencia al Fígaro que abre la hermosa ópera de Mozart midiendo el espacio antes de comprar la cama donde esposará a Susana, cosa que obviamente Trump sabía.)

En seguida, el enamorado agrega: “Acerquéme a ella como si ella fuese una ninfa preciosa (like a bitch), pero mis aspiraciones no lograron su cometido, habida prenda de que sus quereres con otro ya comprometido había (she was married). La enontré pasado el tiempo, y su pecho de paloma más esponjado estaba (she had phony tits).” En este punto el Magnote mira a su nueva presa y anuncia: “Perfumaré mi fétido aliento con mentas propiciatorias (tic-tacs) y le haré gran derrama de ósculos fervientes (just start kissing) sin auscultar primero que su favor me invite (just kiss. I don’t even wait)”. Y es ahí que llega el momento sincero: “Porque a la mujer se la desea con la energía selvática del felino (Grab’em by the pussy)”.

Y listo: a gobernar.

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