Tratados a la medida estadounidense

Gabriela Cuevas

La renegociación del TLC es una oportunidad para México, siempre que el proceso sea incluyente y transparente

En declaraciones, acciones y visitas internacionales destaca un sostenido rechazo del presidente Trump a las instituciones y acuerdos multilaterales, como el Tratado de Asociación Transpacífico (TPP) y el Acuerdo de París sobre Cambio Climático. Es claro que le incomoda negociar con más de dos actores y prefiere imponerse desde la fortaleza de la economía de EU que actuar con el diálogo y la conciliación que requieren los acuerdos multilaterales.

Fuera del TPP, que incluía 12 naciones y habría convertido a Asia-Pacífico en la zona de libre comercio más grande del mundo representando 40% de la economía global, Donald Trump puso en la mira al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y amenazó con firmar la salida de su país. Tras convencerse de que los primeros afectados serían los distritos que lo eligieron, cambió el discurso y anunció con un tono no menos arrogante la oportunidad para renegociar.

En abril, Washington impuso aranceles de hasta 24% en importaciones de madera canadiense a EU y criticó el trato de Canadá hacia los productos lácteos estadounidenses. En junio, México y EU lograron un nuevo acuerdo que reducirá las exportaciones mexicanas de azúcar refinada de 53 a 30%.

En una mesa tan asimétrica, reciclar el índice del TPP como lo refleja el documento publicado por el Representante Comercial conlleva riesgos importantes. Aquello que EU cedió en el TPP, difícilmente podrá conciliarse en la renegociación del TLCAN. Ahora son sólo tres los actores presentes, y dos de ellos dependen fuertemente de la economía estadounidense; México y Canadá concentran 80 y 75% de sus exportaciones a EU, respectivamente.

Durante las mesas de análisis del TPP realizadas en el Senado de la República debatimos sobre los temas más sensibles para la economía, entre ellos la propiedad intelectual, la regulación de internet y los mecanismos de solución de controversias.

México debe reforzar su regulación en propiedad intelectual, sin que ello signifique proteger en exceso a sectores como el farmacéutico, que busca prolongar la vigencia de patentes comprometiendo el precio de los medicamentos. En el TPP, EU intentó extender la vigencia por 8 años, frente a los 5 defendidos por Australia, Chile y Nueva Zelandia.

El debate para la regulación del entorno digital sigue abierto. Mientras que EU promueve elevados estándares en materia de propiedad intelectual, México precisa de un mecanismo eficiente de combate a la piratería, pero donde la premisa más importante sea el respeto a la libertad de expresión, la protección de datos personales y la libertad en internet.

Sobre la eliminación del capítulo 19 del TLCAN, EU busca sentirse cómodo con tribunales a modo y no rendir cuentas en órganos supranacionales. Recordemos la decisión de EU de no reconocer más la jurisdicción de la Corte Internacional de Justicia tras el fallo Avena. Disputas comerciales como la del atún y el etiquetado de carne demuestran la necesidad de contar con mecanismos independientes que defiendan el Tratado frente a tentaciones proteccionistas.

Este proceso es una oportunidad para México, siempre que exista una evaluación de resultados, que los objetivos se definan en función de un México para el presente y el futuro, y que el proceso de renegociación sea incluyente y transparente, a fin de brindar certezas en la víspera de un año electoral y al término de un gobierno que no goza de buena evaluación.

La amenaza de imposición de Trump ha estado latente durante meses. México no se ha preparado ni emprendido una verdadera estrategia de diversificación. Tampoco hemos empezado desde casa a trabajar en una larga agenda, que comienza por fortalecer el Estado de Derecho, eliminar la violencia y reducir los índices de pobreza.

Senadora de la República.
@ GabyCuevas

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