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Días mundiales, ¿abuso innecesario?

Felipe Leal

El calendario anual está a punto de completar prácticamente sus 365 espacios para que a cada uno de ellos se le dedique a conmemorar, celebrar o dedicar un día en específico a determinada actividad humana, persona, combatir un padecimiento o injusticia, honrar vínculos familiares, defender elementos de la naturaleza o recordar hechos significativos. La Organización de las Naciones Unidas y los organismos que la integran han contribuido en buena parte para establecer determinadas fechas para que en ellas se tengan en cuenta las acciones que la humanidad ha hecho, realiza y debe hacer al respecto.

Mas al revisar, el calendario resulta en ocasiones irrisorio por la cantidad de temas, y algunos sin duda nos sorprenden como los que a continuación me permito citar: Día Internacional de las Montañas, Día Internacional de los Voluntarios para el Desarrollo Económico, Día de la Industrialización de África, Día Mundial de la Televisión, Día Mundial del Patrimonio Audiovisual, Día Mundial del Corazón, Día Mundial de la Rabia, Día Mundial de las Habilidades Juveniles, Día de la Gente de Mar, Día Mundial de los Padres, Día Mundial contra la Fístula Obstétrica, Día Internacional de la Madre Tierra, Día Mundial de la Lengua Materna, Día Mundial de los Humedales y muchos otros que sin ofender o pecar de ignorancia pareciera que fuese innecesario dedicarles un solo día. Se sabe que la agenda mundial resulta interminable para establecer políticas y acciones públicas por parte de los Estados y de los organismos internacionales.

Estos han creado una especie de nuevo santoral profano que por la cantidad de casos delicados que tiene que atender la humanidad dicha agenda se desvanece en la conciencia colectiva y se torna involuntariamente injusta al omitir muchas otras acciones urgentes a las cuales no se les dedica ni tan solo un día.

Lo mismo sucede con las profesiones o actividades humanas, unas cuentan con su día y muchas otras no, además de que en algunos casos están dedicadas a la disciplina y en otras a los practicantes de la misma, no existe rigor o método para establecer a qué o a quiénes se les confiere; por citar algunos ejemplos, existe el día del médico, del ingeniero, pero a la par el de la enfermería, de la poesía, de la música, etc.

A mi mente vino escribir estas líneas debido a que el primer lunes de octubre se celebra el Día Mundial del Hábitat, fecha establecida inicialmente por la ONU en 1985 para reflexionar sobre el estado de las ciudades y estimular su mejoramiento, más tarde en 1997 la Unión Internacional de Arquitectos se sumó a esa fecha coincidente para establecer el Día Mundial de la Arquitectura, donde se honra a la disciplina. Años después en nuestro país, para ahondar en la confusión entre disciplina o hacedores de la misma, durante la presidencia de Vicente Fox se estableció un día fijo; el 1 de octubre como Día Nacional del Arquitecto, hecho a todas luces innecesario, ya que en la memoria colectiva, en la tradición popular y en nuestra historia cultural el día que se conmemora a los constructores y albañiles a los cuales nos sumamos con orgullo los arquitectos es el 3 de mayo, Día de la Santa Cruz, celebremos a los actores de la construcción en su día, y a las disciplinas en el más amplio de sus espectros, no sumemos más fechas y días injustificadamente, en tal caso es preferible celebrar a las disciplinas más que a los actores, ellas permanecerán y sobrevivirán a sus hacedores, los cuales somos pasajeros.

 

Arquitecto.

@FelipeLeal_Arq

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