Escribo preocupado porque puede gestarse la tormenta perfecta en nuestro país.

Hace años, algunos medios de comunicación, organizaciones sociales e incluso autoridades esparcieron la idea de que nuestro magisterio está lleno de defectos, es irresponsable y no cumple; cuando eso es una gran mentira.

¿Por qué? Porque la mayoría de los maestros mexicanos dan mucho más a la sociedad de lo que reciben de ella. Están comprometidos con sus niñas, niños y jóvenes. Trabajan en su salón de clases, todos los días, al pie del cañón, educando.

Claro, hay quienes, a través de una estrategia de movilización-negociación, han logrado objetivos no precisamente educativos. Pero equiparar a esos maestros, dedicados al activismo político, con la mayoría que realmente cumple es una de dos: perversidad o ignorancia.

Una conclusión de la consulta pública nacional de 2014, anunciada por el entonces secretario Emilio Chuayffet, fue: nuestros maestros están molestos, sentidos, deprimidos por cómo los están tratando.

El problema es: ¿quién defiende hoy a los buenos maestros?

¿Queremos que apoyen la reforma educativa los maestros? Pues hagamos lo contrario: estimulémoslos, no los degrademos. Que ellos sean lo mejor de la reforma. Porque si ven a la CNTE como su única defensora, eso sería la tormenta perfecta.

En columnas anteriores, desde 2013, un servidor describía serios problemas de la reforma educativa porque la forma en que se enfrentó el gobierno federal con el SNTE dejó “liberalizada” a la CNTE para actuar, sin contrapesos.

¿Esto qué propició? Una oposición radical, que ya consiguió que la reforma llegue a un impasse que gira alrededor de la evaluación y su impacto en seguridad laboral.

¿Pero eso es lo más importante?

Siempre pregunto a mis amigos: si van a operarte del corazón, ¿qué preferirías? ¿Qué evaluaran a tu médico o que lo capacitaran?

En educación, además de la evaluación, hay que privilegiar la capacitación, la formación docente y crear la Academia de Directores.

Trabajemos en lo más importante que es el aprendizaje de los niños, como afirma el desplegado de Compromiso Social por la Calidad de la Educación. (www.compromisoporlaeducacion.mx).

Hagamos una revalorización del maestro mexicano que, con justa razón, está ofendido. Hay mucho que dar si construimos acuerdos y encorchetamos los desacuerdos.

Hoy, inexplicablemente, existen dos mesas de negociación: la Segob-CNTE en donde se propone una contrarreforma con modificaciones legales y la mesa SEP-SNTE, que busca mejorar la reforma, sin cambios legislativos. Pero sólo el SNTE es instancia legal para negociar temas laborales.

Segob podrá negociar el tema político, esclarecer lo ocurrido en Nochixtlán con la CNTE y escuchar sus planteamientos sobre la reforma, pero sólo el SNTE puede y debe negociar lo laboral, como lo está haciendo, con su justo reclamo de que el ingreso obtenido por Carrera Magisterial es salario.

La negociación es el único recurso efectivo para avanzar. Por ejemplo, el Acuerdo Nacional para la Modernización de la Educación Básica, de 1992, requirió 800 horas de diálogo. Obviamente, hay que garantizar que la negociación sea inteligente y fundada en el bien público que se persigue. Pero, lo contrario, la imposición, hace abortar hasta las buenas ideas.

Presidente ejecutivo de Fundación Azteca

emoctezuma@tvazteca.com.mx

@EMoctezumaB

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