Generosidad gubernamental

Esteban Moctezuma Barragán

Hoy por hoy, el pueblo de México no es menos generoso que el estadounidense, sino que el gobierno federal mexicano es mucho menos generoso que el gobierno de Estados Unidos.

Es común escuchar a miembros de la sociedad civil organizada comparar al pueblo estadounidense con el mexicano, en términos de generosidad. La conclusión, siempre, es aplaudir a nuestros generosos vecinos y denigrar a nuestra propia gente.

Los argumentos se centran en la contribución del sector social al PIB de ambos países y la cantidad de recursos que los habitantes y empresas de uno y otro donan a causas sociales y ambientales. Estados Unidos nos supera por más de 8 veces en términos relativos.

Pero hay que ser un poco más cuidadoso al hacer esa comparación. Yo nunca he coincidido con ese juicio porque está basado en falacias.

Veamos. ¿Cuánto se puede deducir de un donativo mexicano al declarar impuestos? ¡Tan sólo el 30% de lo donado! y ¿Cuánto se deduce en Estados Unidos? ¡El 100%! Eso quiere decir que un mexicano que realiza un donativo incurre en un costo real de 70% y un estadounidense gasta cero.

Ahí vemos el primer problema. ¿Cómo comparar la generosidad de dos pueblos cuando a uno no le cuesta nada donar y al otro le cuesta el 70%?

Pero eso no para ahí. En México se restringió la cantidad que pueden donar las empresas al 7% de la utilidad neta del año anterior. En EU ese “techo” es como el Empire State. Ellos pueden donar hasta el 30%, pero de sus ingresos brutos. La diferencia es abismal. Y no entremos a ver el beneficio para las herencias, que es igualmente ventajoso.

Hay en EU toda una ingeniería fiscal, aportada por el propio gobierno, para que los estadounidense donen, para que apoyen a las organizaciones no lucrativas. Por ello organizaciones como la American Cancer Society tienen 2 millones de voluntarios y realizan más investigación que el propio gobierno.

Siempre he sostenido que el pueblo mexicano tiene una generosidad sin igual. Cuatro ejemplos: la familia mexicana es abierta y acoge a sus miembros en necesidad. Es común ver a un sobrino, un ahijado, un invitado, que viven con su familia “amplia”, mientras estudian en una ciudad diferente a la de sus padres.

Segundo. Todos los fines de semana se observan grupos de personas que trabajan en construir un camino, vivienda, una barda perimetral de su escuela, en jornadas sin remuneración llamadas “tequio”. Se calcula que 4 millones de mexicanos lo hacen.

Finalmente, como obviar los “mayordomos” que en Oaxaca, Michoacán, Chiapas, etcétera, trabajan sin sueldo, cuidando y protegiendo sus iglesias.

Pero nada de esto se refleja en el PIB y por ello, nuestros “expertos sociales” lo ignoran.

Debemos convencer de las múltiples bondades de la generosidad de las organizaciones sociales y ambientales mexicanas a nuestro gobierno federal en general y a la Secretaría de Hacienda y Crédito Público en particular, para que descubran y apoyen el trabajo socialmente útil y valioso de nuestra propia gente. No hay mayor retorno social por peso invertido que el de este sector.

Presidente ejecutivo de Fundación Azteca

@EMoctezumaB

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