¡Que lo escuche Trump!

Esteban Moctezuma Barragán

Conmovido después de conocer los avances técnicos y artísticos de sus interpretaciones clásicas, Yo-Yo Ma se refirió de esa manera al gran talento que estaba descubriendo

Esa fue la expresión del mejor chelista del mundo, ciudadano norteamericano, después de escuchar a las niñas, niños y jóvenes mexicanos agrupados en la Orquesta Nacional de Esperanza Azteca.

Conmovido después de conocer los avances técnicos y artísticos de sus interpretaciones clásicas, Yo-Yo Ma se refirió de esa manera al gran talento que estaba descubriendo. Lo que expresan estos niños, afirmó, es pasión por lo que hacen. Y lo expresan con buena técnica y un enorme sentimiento.

Sin duda, la afirmación de Yo-Yo Ma fue muy clara al enaltecer la verdadera alma de México y al recomendar que la conozcan quienes basan sus comentarios en el desconocimiento y el prejuicio.

Este gran músico, de padres chinos, nacido en París y educado en Estados Unidos encabezó el lanzamiento del estreno mundial de la obra de Samuel Zyman Un Canto a la Música que interpretaron 272 niñas, niños y jóvenes agrupados en una orquesta, un sensacional coro y dos chelos: Yo-Yo Ma y Carlos Prieto. Además de la experiencia de escuchar a dos virtuosos del violonchelo, disfrutar de una orquesta infantil de altísima calidad, con niños que hace apenas cuatro años no sabían nada de música clásica y ahora estaban interpretando en la Sala Nezahualcóyotl, se presentó un coro de sordomudos.

Sí. Un grupo de 30 integrantes del coro nacional Esperanza Azteca tienen una severa debilidad auditiva y por lo mismo, falta de lenguaje y, no obstante, arrebataron el corazón de la audiencia cantando con sus manos, enfundadas en guantes blancos.

El mensaje de inclusión no pudo ser mayor y es por ello que Yo-Yo Ma, estaba encantado. Él coincide en que la música se está colocando como la herramienta más poderosa de transformación social.

Pero los programas sociales que la impulsan deben de ser de calidad. No es aceptable renunciar a la calidad por la cantidad.

Por ello, ahora que empieza a reconocerse el poder transformador de la música, hay que insistir que debe ser una experiencia completa.

En primer lugar, debe darse en el espacio de una orquesta. Debe ser una práctica orquestal que eduque a sus integrantes a trabajar en equipo.

En segundo lugar, debe darse por músicos profesionales. No es conveniente que la música sea impartida por personas sin la preparación necesaria porque, lejos de entusiasmar a sus alumnos, los harán aborrecer la materia.

En tercer lugar, debe ser intensiva. Lo mejor para un niño que por naturaleza es nervioso, es aprender rápido. Practicar un par de horas a la semana no les permite entrar en un ritmo de aprendizaje acelerado. Hay que planear clases de tres a cuatro horas diarias.

En cuarto lugar, cada instrumento debe contar con un maestro especializado en el mismo. Cuando a una orquesta que cuenta con dieciséis instrumentos distintos, más un coro de cuatro voces diferentes, se le asigna un par de maestros, es como si para enseñar alemán te asignaran un maestro de inglés, al fin y al cabo ambos hablan idiomas extranjeros.

Sólo así, podremos masificar una experiencia que saca de nuestros niños y jóvenes la esencia del México talentoso, al grado de impactar en el ánimo de los más desarrollados músicos del planeta.

Presidente ejecutivo de Fundación Azteca

@EMoctezumaB

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