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Inegi: la autonomía no debe ser de membrete

Enrique Cárdenas Sánchez

El día de ayer, Enrique Peña Nieto dio a conocer al nuevo miembro de la junta de gobierno del Inegi, sujeto a la aprobación del Senado: se trata de Julio Santaella. El segundo periodo de Eduardo Sojo está por terminar y habrá que elegir, también con la aprobación del Senado, quién ocupará la presidencia del Instituto. La decisión de una nueva presidencia es por demás importante porque el Inegi produce información esencial que permite a la sociedad y al gobierno conocer múltiples aspectos de la cotidianidad del país, así como su relación con el resto del mundo. Los datos son de índole social, económica, geográfica y un largo etcétera, que nos permiten conocer cada vez más a fondo, más a detalle, nuestra realidad.

Con base en la información del Inegi hacemos y decidimos… en particular quienes están a cargo del gobierno. El diseño de las políticas, la evaluación de resultados y la planeación hacia adelante son producto del Instituto. Pero no sólo hablamos de injerencia gubernamental; los ciudadanos —en particular los centros de estudios, universidades, organizaciones civiles— somos usuarios permanentes y asiduos de todo lo que genera el Inegi.

Por lo anterior, el que la información que genere sea lo más apegada a la realidad, y que sea creíble y aceptada por todos es de suma relevancia. Los primeros atributos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía son más de carácter técnico, y los requiere una institución de esta naturaleza en México y en el mundo. No obstante, los que tienen que ver con credibilidad y aceptación universal, son atributos que se ganan en el día a día. La confianza se genera, se gana… no se otorga por decreto. Ahora bien, la confianza pública quizá sea más difícil de construir, y para perderla un día basta. El Inegi, a lo largo de muchos años, con trabajo profesional y eficiente se ha ganado esa confianza a pulso. Por supuesto que siempre habrá disentimientos metodológicos en materias concretas, pero son eso… debates que buscan acercarnos más a la realidad. La recolección de información trae consigo dificultades inherentes, como la inaccesibilidad a zonas peligrosas; que la gente no reporte sus ingresos reales; o poner en números comportamientos complejos de las personas y de los grupos sociales. Todo lo anterior sucede en cualquier país. Lo trascendente es el propósito permanente de la institución encargada para acercarse lo más posible a la verdad. El fin último es reflejar la realidad de la manera más precisa posible. En este objetivo, el Inegi ha cumplido su labor a cabalidad.

Para asegurar que el Inegi continúe por este camino, hace años el Estado mexicano lo convirtió en un organismo constitucionalmente autónomo. No está, pues, sujeto a vaivenes políticos y es ajeno a presiones de quienes quisieran que los números contasen una historia diferente. Esta autonomía, en los dos periodos de Eduardo Sojo, se ha mantenido y ha ganado incluso algunos espacios. Por ejemplo, el Banco de México transfirió a Inegi la tarea de calcular la inflación, pues ¿cómo podría ser que quien debiera controlar la inflación también la calcule? Más importante resulta el resistir las presiones políticas de quienes se ven afectados por las cifras. Por ejemplo, en su testimonio relacionado con la nacionalización de la banca de 1982, el director general del Banco de México de aquella época (cuando no era autónomo y el nombramiento era directamente responsabilidad del Presidente), Gustavo Romero Kolbeck, comenta que el Presidente López Portillo le pidió ajustar a la baja la inflación, y que fue tan alta la presión que tuvo que acceder (A. Espinosa y E. Cárdenas (eds.) La nacionalización de la banca, 25 años después. La historia contada por sus protagonistas, CEEY, 2007, tomo I, pp. 192-3 ). Hace muy poco, en Argentina, la manipulación de cifras económicas oficiales causó revuelo internacional y descrédito público de malas prácticas.

Por todo lo anterior, encuentro muy positivo el nombramiento de Julio Santaella como miembro de la junta de gobierno del Inegi. Esto le abre —como a otros— la posibilidad de entrar a la terna de “los presidenciables” del Instituto. Quien sea que ocupe el puesto, tiene frente a sí un gran compromiso: garantizar que la autonomía del Inegi no sea de membrete.

 

Centro de Estudios Espinosa Yglesias, A.C.

@ecardenasCEEY

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