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En muchas partes del país las manifestaciones son sinónimo de disturbios y violencia. Es muy difícil separar los conceptos.
La idea de salir a la calle a expresar puntos de vista de manera organizada y pacífica cada vez es menos común. Ayer en la Ciudad de México, y en varias capitales de los estados, miles de personas, convocadas por las más diversas organizaciones civiles, educativas y empresariales, salieron a protestar por un mismo objetivo: el rechazo a la política del gobierno de Donald Trump y mostrar la indignación que causa entre la población mexicana las acciones que ha tomado.
La movilización pretendía mandar además un fuerte mensaje de unidad nacional en contra del republicano, pero el llamado para participar en una marcha similar a la misma hora y la escasa afluencia, en comparación con marchas que se han desarrollado en la misma zona en otras ocasiones, dejan ver que se quedó distante del objetivo.
Ante los mensajes de odio o discriminación contra México y los mexicanos por parte del gobierno de Trump, la ciudadanía ha expresado su malestar, sin embargo ayer se esperaba una mayor respuesta. Las marchas seguramente no influirán en un cambio de decisiones de Washington, pero era necesario que el mundo conociera el nivel de desaprobación que existe en México hacia el gobierno de Trump.
Una sociedad unida tiene el potencial de señalar anomalías, proponer cambios institucionales y, por lo tanto, de transformar al país. Todo de manera pacífica.
Probablemente lo que presenciamos fue el inicio de un mayor movimiento de condena a las medidas que se tomen contra México desde la Casa Blanca los próximos cuatro años. Hay casi 80 agrupaciones comprometidas a trabajar en esa dirección.
Marchas de ese tipo difícilmente podrán evitar ser señaladas de tener tinte político: progubernamentales o antigubernamentales, y dañar el fin que se busca.
Quedó claro que para lograr la unidad se requiere mucho más que un simple llamado, es necesario enviar mensajes fuertes desde la clase política y desde los diversos sectores sociales de que hay agendas y planes unificados en torno a los requerimientos del país. Si eso falta, la unidad brillará por su ausencia en esta y todas las próximas marchas que se realicen.
En estos momentos México está unido ante la amenaza que viene de fuera, pero mañana puede requerirse unidad ante eventos nacionales.
Un importante colectivo busca trazar la ruta, pero hace falta también el compromiso de unidad de la clase política.
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