Vigente, la Constitución es presente y esperanza

César Camacho Quiroz

Se incrementaron los derechos de los ciudadanos, al tiempo que se establecieron límites al poder de los gobernantes, para generar mayor equilibrio

Vigente, es decir, viva, incluso vigorosa, que significa firme, nuestra Constitución Política está por cumplir casi un siglo de ser norma y aspiración del Estado mexicano. Texto que concentra las convicciones compartidas, los valores en común, los principios de la convivencia colectiva y los ideales que vinculan a nuestra nación, en 99 años que está por cumplir, se ha mantenido como norma esencial y eficaz, merced a las sucesivas actualizaciones que ha vivido, sin alterar los acuerdos políticos fundamentales que le dieron origen. Y no sólo eso, con las más recientes adiciones, particularmente las reformas transformadoras impulsadas por el presidente Enrique Peña Nieto, la Constitución es proyecto de futuro del Estado constitucional y democrático de derecho al que aspiramos todos los mexicanos, en el que el poder no sólo se adquiera, sino que se ejerza democráticamente, para vivir con prosperidad, seguridad, justicia y paz.

La Constitución de 1917 no sólo heredó el liberalismo político de 1857, especialmente en lo concerniente a derechos humanos, que fueron calificados y designados como “garantías individuales”; sino que reforzó el republicanismo, aunque robusteció al Poder Ejecutivo al suprimir la vicepresidencia, dando mayor autonomía al Poder Judicial y soberanía a los estados, y creando al municipio libre. Además incorporó una visión social por medio de nuevos e importantes derechos de las personas y obligaciones de las autoridades, plasmados en las icónicas adiciones de los artículos 3º, 27, 123 y 130, entre otros.

Como resultado del trabajo de las instituciones nacionales, México entró en el periodo de estabilidad más largo de la historia, a lo largo del cual, generaciones que nos antecedieron pusieron a tiempo el texto constitucional, en el ánimo de adecuarlo a los tiempos que corrían; fue así que se incorporó el derecho de la mujer a votar y ser votada, permitir el acceso de los jóvenes a los cargos de elección popular, abrir la puerta para que otras fuerzas políticas tuvieran legisladores en ambas cámaras del Congreso de la Unión; en suma, se incrementaron los derechos de los ciudadanos, al tiempo que se establecieron límites al poder de los gobernantes, para generar mayor equilibrio.

La cadena de cambios institucionales y políticos desembocó en dos alternancias en la Presidencia de la República. En la segunda, en 2012, acreditando responsabilidad histórica, madurez política y vocación democrática, políticos de todos los partidos, diputados federales y senadores, diputados locales y, sobre todo el presidente Enrique Peña Nieto, respondieron al mandato de la sociedad; antepusieron el interés superior de la nación a cualquier otro, comprendieron que a nuevas condiciones sociales corresponde una nueva constitucionalidad y aprobaron el paquete reformista más relevante desde 1917.

Es razonable afirmar que México está más cerca que nunca de completar la transición a un régimen plenamente democrático; en el que más que un sistema político, la democracia sea, en la letra y sobre todo en los hechos, un sistema de vida fundado en el constante mejoramiento material y cultural del pueblo.

Coordinador del PRI en la Cámara de Diputados

@CCQ_PRI

TEMAS RELACIONADOS
Guardando favorito...

Comentarios