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05/07/2015
02:15
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Rosa Robles y Donald Trump. Robles es una madre mexicana; vive encerrada desde hace un año en una parroquia de Tucson para evitar que la corran de Estados Unidos. Donald Trump es un multimillonario estadounidense. Robles vive en Tucson desde 1999. Trump nació y vive en Estados Unidos. Robles tiene 41 años, Trump tiene 69 años. La mexicana tiene dos hijos, el estadounidense cinco. Robles, explican los periódicos, siempre se ha ganado la vida limpiando casas. Trump, leo en Wikipedia, es multifacético: Empresario, escritor, presentador, productor, inversionista, político, atleta. Robles, como tantos latinoamericanos pobres, víctimas de sus gobiernos, emigró hacia el norte en busca de trabajo. Trump, como Sara Palin —¿la recuerdan?—, pertenece al partido republicano. Robles, veo su foto, la única foto, esboza, al lado de la pastora Allison Harrington, una discreta sonrisa. Trump, veo sus fotos, incontables fotos, luce siempre radiante. Robles porta camiseta; el magnate, siempre bien vestido, viste trajes y camisas impecables. Robles, imagino, realizó todo tipo de faenas en casas de ciudadanos estadounidenses, labores que sus patrones no desean hacer. Trump, imagino, debe contar entre sus empleados, en la Trump Tower, en Nueva York, y en varias de sus empresas, con mexicanos que trapean, lavan platos y escusados, tienden camas y limpian calles. Robles, estoy seguro, no recibía el sueldo que debería percibir. Trump ha dicho, entre otras sandeces republicanas (Palin decía que Alaska estaba “abajito” de África), que los mexicanos son “vendedores de droga y violadores”. A Robles, estoy seguro, no la denunciaron sus patrones. ¿Por qué estoy seguro? Porque después de tirar accidentalmente un cono de plástico con la rueda de su coche, colocado por la policía en un desvío de camino provisional, la policía, como debe ser, le pidió su carnet, el seguro del coche y el documento probatorio de su residencia. Robles no contaba con ninguno de los documentos requeridos. En vez de multarla, como hubiese sucedido con un ciudadano estadounidense, fue detenida 60 días; salió con orden de deportación. Trump —pregunto, no lo sé—, ¿les paga a sus empleados latinoamericanos lo que estipula la ley?, ¿los contrata siguiendo los reglamentos de su país? Robles cruzó ilegalmente la frontera. Tuvo suerte. No murió en el desierto ni la cazaron los cazadores de humanos estadounidenses afincados en los vecinos estados del sur prestos a capturar inmigrantes, todos ellos, Trump dixit, “violadores y vendedores de drogas”. Robles, como millones de latinoamericanos no gana lo que debería; por esa, y otras razones, fortalece la economía estadounidense. Trump, enojado tras la ruptura de relaciones de Univisón y NBC con su emporio, escribió en Twitter, “Amo a los mexicanos, pero México no es nuestro amigo. Nos están matando en la frontera y en empleo y comercio (sic). ¡Pelear!”. Robles no quiere regresar a México. En Tucson viven su esposo y dos hijos. Trump deportaría, si pudiese, a todos los Robles. Robles quiere trabajar. Trump pretende proteger a sus conciudadanos evitando que los mexicanos les vendan drogas. Robles, mi admiración para la pastora Allison Harrington, no ha abandonado la Iglesia Presbiteriana del Sur de Tucson desde agosto de 2014. Trump, no ha abandonado las redes y los periódicos desde su histórica perorata, tras afirmar que los inmigrantes latinos que llegan de manera ilegal a Estados Unidos son “narcotraficantes, violadores y criminales, que construiría un muro en la frontera con México y que México va a pagar por ese muro”. Robles puede ser deportada. Sus hijos cumplen las condiciones para la protección contra la deportación. Trump, candidato republicano a la presidencia, busca granjearse votos con comentarios racistas. Robles es mexicana. Trump es racista. Los y las millones de Robles se han beneficiado gracias a los estadounidenses que los contratan. La inmensa mayoría trabajan duro; son, nuestro gobierno y el de Estados Unidos lo saben, indispensables para ambas economías, y son, para mí, héroes. La inmensa minoría, estoy casi seguro, no vende drogas. Trump, si gana las elecciones presidenciales de 2016, tendrá que convivir con todas y todos los Robles: ¿Cómo le hará?

Rosa Robles es mexicana. Donald Trump es estadounidense. Robles limpia casas. Trump quiere ser presidente.

Notas insomnes. Trump es uno de los precandidatos a la presidencia de Estados Unidos. Trump es racista.

Médico

Arnoldo Kraus
Médico. Profesor de la Facultad de Medicina, UNAM. Miembro del Colegio de Bioética. Colabora mensualmente en la revista Nexos. En 2013 publicó "Decir adiós, decirse adiós" (Mondadori).

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