Más lecciones de las elecciones

Agustín Basave

Los comicios en el Estado de México, en Coahuila y en Nayarit fueron duelos entre el aparato gubernamental y el enojo social. Según los resultados oficiales, el aparato del PRI-gobierno se impuso en dos de ellos y perdió en uno. ¿Qué lecciones nos dejan estas elecciones? Veo, entre otras, las siguientes:

1)     Con la fragmentación del voto que hay en México, nadie puede ganar (ni gobernar) solo; en los tres casos ganaron quienes construyeron alianzas.

2)     El dinosaurio priista está herido pero sus coletazos pueden ser devastadores; confiar en la supuesta muerte electoral del PRI es un gravísimo error.

3)     La cancha está desnivelada e impone un hándicap a la oposición, que tiene que triunfar por un margen a prueba de trapacerías, por seis, siete o más puntos porcentuales.

4)     Los priistas siguen siendo los maestros de las elecciones fraudulentas pero legales; aunque en Coahuila hicieron mapachería más burda, en el Edomex su maquinaria se cuidó de no dejar huellas de ilegalidad.

5)     Dado el nivel de influencia del PRI-gobierno sobre los órganos electorales, las pruebas de las marrullerías priistas que presenten los opositores deben ser abrumadoras e incontestables para que acepten revertir los resultados.

6)     Los triunfos de la oposición requieren de una mayor participación de la sociedad; el silencio ante los abusos y el abstencionismo ayudan al priismo.

7)     La marca de los independientes se ha desgastado, y los partidos mostraron más debilidades que fortalezas; ahora los independientes necesitan a los partidos y los partidos necesitan a los independientes.

8)     El PRI, aliado al Verde, al PANAL y al PES y con toda la estructura gubernamental de su lado, apenas pudo superar en Edomex a una oposición dividida; en Coahuila, con mayor desaseo, ocurrió algo similar.

9)     El PAN ya no fue el gran receptor del voto de protesta; en Edomex se fue al cuarto lugar y en Coahuila, sin alianza de facto como en Tamaulipas y en Chihuahua, no pudo sobreponerse al hándicap oficialista.

10)     El PRD demostró -si se me permite la analogía tenística- que es hoy un buen jugador de dobles, no de singles; quedó en tercer lugar con un estupendo candidato en Edomex y, en cambio, fue clave en la aplastante victoria aliancista en Nayarit.

11)     Morena es un fenómeno electoral, gracias a Andrés Manuel López Obrador, pero Edomex (y Coahuila y Nayarit) prueba(n) que eso no alcanza para ganar en solitario la Presidencia de la República.

12)     Los partidos pequeños no son muy visibles, pero pueden ser decisivos.

13)     Los OPLES, salvo honrosísimas excepciones, están cooptados por los gobernadores; deberían desaparecer.

14)     El gobierno de Enrique Peña Nieto se volcará a favor del PRI en la elección presidencial como lo hizo en Edomex; no escatimará ningún recurso.

15)     Ni la LEGIPE ni el INE ni el TEPJF garantizan comicios limpios y equitativos el año próximo.

Destaco, en suma, dos conclusiones centrales. Una es que de cara al 2018 la única manera de vencer al Leviatán priista es con una gran alianza social y partidista. La del próximo presidente de la República será una elección de Estado que replicará a gran escala la de Edomex. Lo que vimos en ese estado -el gabinete en pleno apoyando al PRI, el uso electoral de los programas sociales, la compra del voto, la intimidación de votantes switchers, el sesgo mediático filopriista, las trampas en las casillas sin representación opositora y un largo etcétera- lo veremos en “la grande” y “a lo grande”. Qué tipo de alianza se ha de formar dependerá de la voluntad y la apertura de los actores políticos. La clave del éxito del cambio de régimen será la generosidad.

La otra conclusión es que nuestra transición democrática, contra lo que dicen algunos, no solo no ha culminado sino que retrocede. Para muestra basta un obvio botón: la categórica defensa que el Consejo General del INE hizo de estas elecciones. Cualquiera que se haya asomado a los recientes procesos electorales sabe que fueron groseramente manipulados por las autoridades federales y estatales. Esa defensa presupone, de parte de algunos consejeros, la validación de una legislación evidentemente deficiente y, de otros, el solapamiento de las fullerías del PRI-gobierno para mantenerse en el poder.

No debemos normalizar la restauración autoritaria.

 

Diputado federal del PRD - @abasave
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