Uno de los momentos más tristes para el orgullo y la diplomacia de México tuvo lugar el 31 de agosto de 2016, cuando un desafiante Donald Trump , candidato republicano a la Casa Blanca, visitó inesperadamente la Ciudad de México.

El xenófobo Trump, quien había insultado a nuestro país repetidamente en su campaña, acusando a los migrantes de violación, crimen y narcotráfico, apareció junto al presidente Enrique Peña Nieto en la residencia oficial de Los Pinos, considerada el corazón del poder político en México.

Durante una tensa conferencia de prensa después de una reunión privada de una hora, Trump asumió con rapidez el control del escenario, afirmando que la seguridad fronteriza, la inmigración y el Tratado de Libre Comercio de América del Norte ( TLCAN ) estuvieron entre los temas discutidos.

Lejos de ofrecer una disculpa por sus diatribas racistas a un sombrío Peña Nieto, el magnate de los casinos también resaltó que no discutieron quién pagaría el muro fronterizo, piedra angular de su campaña.

Horas más tarde, Peña Nieto enfatizó en redes sociales y la televisión que había dejado claro a su invitado que México no pagaría la construcción del muro, como Trump prometió a su base derechista.

Sin embargo, el daño ya estaba hecho. En un mitin nocturno en Phoenix, Arizona, dedicado a la inmigración, Trump consintió a sus seguidores extremistas, al asegurar que México pagaría la factura de la barrera de 3,145 kilómetros, comenzada diez años antes por la administración Bush.

“¡Construye el muro! ¡Construye el muro!” coreó la entusiasta multitud en respuesta al anuncio de un plan migratorio de diez puntos, que incluyó una “fuerza de tareas de deportación”.

En la Ciudad de México, el impopular Peña Nieto trató de justificar su apuesta argumentando la necesidad de establecer puentes entre el candidato republicano y su gobierno.

Convencido por su influyente secretario de Hacienda Luis Videgaray, quien tras el escándalo se convertiría en el nuevo titular de Relaciones Exteriores, pese a su falta de experiencia diplomática, Peña Nieto insistió en su deber de velar por los intereses de México. En la campaña electoral de Estados Unidos , dijo, “ha habido posicionamientos que francamente representan una amenaza y un riesgo para México”.

Apenas seis días antes, un sondeo difundido por la Universidad Quinnipiac señaló que Trump estaba a la zaga de Hillary Clinton, la aspirante presidencial demócrata, por 10 puntos, 41% a 51% entre los posibles votantes. Tim Malloy, subdirector de Encuestas de la universidad, destacó que Trump se hallaba “en una espiral descendente mientras el reloj avanza” hacia el día de los comicios en noviembre.

“Los tropiezos y pifias de Trump parecen compensar la situación de poca confianza en Clinton y la percepción de sus tratos sospechosos”, resumió Malloy.

No obstante, una nueva encuesta de Quinnipiac dada a conocer el 14 de septiembre de 2016 mostró que Trump había logrado recortar la ventaja de Clinton. La ex secretaria de Estado aún tenía una ventaja de 48%-43%, en el marco de una campaña negativa en gran medida. “No hay duda de que la neumonía pasará, pero como una tos persistente que simplemente no se irá, Trump desafía cada remedio que Clinton le arroja”, observó Malloy.

Oportunidad de oro

Por supuesto, Trump aprovechó la oportunidad de oro de lucir “presidencial” que le ofrecieron Peña Nieto y Videgaray. Fue su primer encuentro con un jefe de Estado en la campaña y aunque no fue el único motivo de su recuperación en las encuestas, contribuyó a mejorar su imagen entre los hispanos de Estados Unidos.

Por el contrario, la sorpresiva visita hundió a Peña Nieto aún más en la impopularidad. Su gobierno era criticado constantemente por el líder opositor nacionalista Andrés Manuel López Obrador (AMLO) debido a la flagrante corrupción, la violencia delictiva y el bajo desarrollo económico.

Peña Nieto, sin embargo, era capaz de tropezar dos veces con la misma piedra. Su excesiva confianza en Videgaray, un amigo personal de Jared Kushner, yerno de Trump y asesor principal, quien hizo numerosas visitas a Washington por entonces, lo condujo a otro vergonzoso encuentro con Trump durante la cumbre del G-20 en Alemania en 2017.

Sentado cerca de Trump, ahora en calidad de presidente de Estados Unidos Peña Nieto se mantuvo en silencio mientras él repitió que México pagaría el muro. Su debilidad fue un importante factor en la victoria electoral de AMLO en 2018. Una de sus últimas decisiones como mandatario fue , el máximo galardón del país, en reconocimiento a sus “contribuciones” para la negociación del nuevo tratado comercial entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC).

Trump consideraba el TLCAN como “quizá el peor acuerdo comercial que se haya hecho”. Su insistencia en renegociarlo bajo mejores condiciones para Estados Unidos (Peña Nieto llamó a este proceso la “modernización” del TLCAN) llevó el miércoles a la entrada en vigor del T-MEC , hecho utilizado por AMLO para justificar su próxima visita a Washington.

De acuerdo con AMLO, su primera gira internacional como presidente, programada para el 8 y 9 de julio, tiene el objetivo de “celebrar” la entrada en vigor del T-MEC porque impulsará la recuperación económica de México. Es momento, dijo, de fortalecer nuestras relaciones con Estados Unidos y Canadá ante los reacomodos internacionales económicos y comerciales.

“Por razones geopolíticas tenemos que buscar relaciones amistosas y de cooperación con Canadá y Estados Unidos y no olvidemos que hay 34 millones de mexicanos en Estados Unidos”, subrayó.

Indudablemente, el razonamiento de AMLO es correcto en este punto, pero como un político experimentado no puede ignorar el hecho de que Trump está concentrado en su reelección en noviembre. En la agenda de su gira no contempla ninguna reunión con migrantes o el liderazgo demócrata de la Cámara de Representantes, pese a su apoyo a la negociación del T-MEC.

Aunque se ha demostrado una y otra vez que las encuestas pueden equivocarse, el mandatario estadounidense se halla 10 puntos detrás de su rival demócrata, Joe Biden, en “estados de batalla” claves como Texas y Missouri, reveló un sondeo de Pew Research el jueves.

En medio de , más de 17 millones de desempleados y un país asolado por la pandemia de Covid-19 con más de 131 mil muertos, Trump necesita toda la ayuda que pueda obtener si va a permanecer como una “tos persistente” en la política estadounidense.

Activistas migratorios, dirigentes hispanos, legisladores demócratas e incluso Roberta Jacobson, ex embajadora de Estados Unidos en México, han advertido que el viaje de AMLO puede jugar en favor de Trump, cuando 59% de los electores latinos afirmó que votaría por Biden, según una encuesta de NPR del 26 de junio.

El mismo López Obrador ha reconocido esta situación durante sus conferencias matutinas, al indicar que está expuesto a las críticas. Sin embargo, sus justificaciones parecen irreales cuando arguye que también viajará “para agradecer al gobierno de Estados Unidos por su trato respetuoso con nosotros”.

¿De qué “trato respetuoso” habla AMLO? La semana pasada, promoviendo su muro fronterizo en una visita a Arizona, Trump insinuó que la reciente alza de casos de coronavirus en California fue provocada por los cruces legales entre San Diego y Tijuana, México.

“Junto a San Diego hay una maravillosa ciudad en México. Ustedes la conocen, no voy a mencionar el nombre, pero están muy infectados con Covid ”, dijo.

Tijuana tiene mucho menos casos que San Diego, pero Trump también aseguró falsamente a principios de junio que la urbe bajacaliforniana era “el lugar más infectado del mundo”. Como en tiempos de Peña Nieto, la cancillería mexicana guardó silencio.

Tal vez AMLO está preocupado por los posibles planes de Trump para mantener cerrada la frontera hasta el otoño, y utilizar a México en los próximos meses para justificar el evidente fracaso de sus políticas de salud.

Recientemente, la Casa Blanca suspendió la emisión de visas H2B para trabajadores temporales invitados, lo que afecta a 60,000 mexicanos. Además, ha prometido impugnar el fallo de la Suprema Corte que rechazó sus intentos de terminar el programa DACA, que protege de la deportación a casi un millón de jóvenes mexicanos y otros migrantes .

En abril, la OPEP y otros grandes productores de petróleo alcanzaron un acuerdo sin precedente para recortar su producción en 9.7 millones de barriles diarios, a fin de alentar la recuperación de los precios del crudo.

El mayor recorte en la historia de la OPEP fue posible debido al pacto entre Trump y AMLO, ya que México se negaba a contribuir con una reducción de casi 400,000 barriles diarios (B/D), como exigía Arabia Saudita.

México había ofrecido reducir su producción sólo 100,000 B/D, por lo que Washington acordó cubrir el faltante y recortar la suya en 250,000-300,000 B/D. “Estados Unidos ayudará a México y ellos nos reembolsarán en alguna fecha posterior cuando estén preparados a hacerlo”, añadió Trump.

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En la Ciudad de México, AMLO reconoció la “generosidad” exhibida por Trump y negó cualquier “acuerdo secreto” entre ambos. También agradeció a su colega estadounidense por los 10,000 ventiladores enviados a México por la pandemia . Probablemente llegó el tiempo de reembolsarlo.

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