La relación entre México y Arabia Saudita: petróleo es el nombre del juego

Especialmente en el actual periodo de transición caracterizado por cambios estratégicos en el mercado energético y en el panorama geopolítico global
La relación entre México y Arabia Saudita: petróleo es el nombre del juego
Humo de una refinería - Foto: Jonathan Bachman/REUTERS
29/06/2018
18:13
Gabriel Moyssen
Ciudad de México
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Petróleo es el nombre del juego en las relaciones entre México y Arabia Saudita, especialmente en el actual periodo de transición caracterizado por cambios estratégicos en el mercado energético y en el panorama geopolítico global.

Si bien la relación bilateral se remonta a su establecimiento formal en 1952, sólo en años recientes el gobierno mexicano, deseoso de atraer inversiones extranjeras, así como el sector privado orientado a las exportaciones, mostraron un renovado interés en negociar con el mayor productor mundial de petróleo y sus ricos vecinos del Golfo Pérsico, incluso alineándose a sus posturas conservadoras en asuntos políticos multilaterales.

En línea con esta política, el presidente de México, Enrique Peña Nieto, efectuó una visita de Estado a Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait y Qatar en 2016.

Durante la gira, la primera de un mandatario mexicano desde 1975, Peña Nieto participó en El Riad en una reunión dedicada a la reciente reforma energética impulsada por su gobierno, para subrayar que como resultado de la liberalización comercial y los procesos de integración que México realizó, el “país aumenta su participación en las cadenas globales de valor”.

Peña Nieto afirmó que México también presenta nuevas oportunidades en áreas claves como telecomunicaciones, infraestructura y energía.

“En hidrocarburos, los inversionistas pueden participar en exploración, extracción y servicios de comercialización. Otro objetivo es crear un gran mercado de productos petrolíferos y petroquímicos, además de oportunidades adicionales para la inversión en oleoductos y sistemas de distribución”, agregó.

Al intervenir en la reunión, el ministro saudita del Petróleo y Recursos Minerales, Ali Al-Naimi, considerado una de las figuras más influyentes de la industria, aseguró que ambos países disfrutan de “gran credibilidad y respeto en la arena internacional, mientras que esta cooperación ha logrado éxito concreto”.

De su lado, el secretario mexicano de Energía, Pedro Joaquín Coldwell, resaltó que el encuentro tuvo lugar en medio de “una caída cíclica de los precios del crudo y de un profundo cambio estructural en la industria”.

La participación de capital de la Península Arábiga en México, añadió, “contribuiría a promover la integración de mercados que hasta ahora han operado aislados”.

Oportunidades comerciales

Peña Nieto y el rey saudí, Salman bin Abdulaziz Al Saud, sostuvieron una reunión bilateral en la que destacaron las oportunidades de intercambio en turismo y agronegocios.

También atestiguaron la firma de memorándums de entendimiento para cooperación en los sectores fiscal y de servicios aéreos, así como un acuerdo para combatir al crimen organizado, entre otros documentos.

Al tiempo que Peña Nieto identificó oportunidades de exportación para los productores mexicanos de café, vegetales y frutas, vale la pena comentar que Arabia Saudita es el 41 socio comercial de nuestro país, del que importa sobre todo tubería de acero, vehículos de carga y ácido tereftálico.

A su vez, las exportaciones saudíes a México se componen de gasolina, polietileno y mineral de cobre.

Existe amplio espacio para continuar el desarrollo de la relación bilateral y el acercamiento resulta sin duda apropiado, en un momento en el que México requiere encontrar nuevos mercados y en el que la industria energética todavía está cambiando, luego de la crisis provocada por la sobreoferta de petróleo en 2014-2016.

La reunión del Comité Conjunto de Ministros de la OPEP y no Miembros de la OPEP (JMMC, por sus siglas en inglés) en Viena la semana pasada confirmó que Arabia Saudita y Rusia forjaron un acuerdo para revertir los recortes de producción, abandonando el histórico acuerdo alcanzado a fines de 2016 que permitió la recuperación del mercado, pese al rechazo de Irán.

El JMMC determinó incrementar la producción en 600,000-1 millón de barriles diarios, después de que Estados Unidos, China, Corea del Sur e India reiteraron sus quejas por los precios elevados del petróleo (el crudo Brent alcanzó en mayo su mayor cotización en más de tres años, por encima de USD $80 el barril).

Debido al creciente poder del JMMC, un organismo compuesto por 24 países integrantes y no integrantes de la OPEP que incluye a México, algunos expertos ya hablan de la formación de una “súper OPEP” que contrarrestaría a los productores estadounidenses y canadienses de petróleo de esquisto, así como a los gigantescos yacimientos marinos de Brasil.

El nuevo cartel comprendería a los 11 miembros de la OPEP más Rusia, México, Kazajstán, Azerbaiyán, Bahrein, Malasia, Omán, Sudán y Sudán del Sur; dichas naciones generan unos 16.5 millones de barriles diarios, que sumados a los 32 millones de barriles diarios de la OPEP representarían la mitad de la producción mundial.

Arabia Saudita y Rusia juntas producen alrededor de 21 millones de barriles diarios y el nuevo bloque les otorgaría mayor poder en la toma de decisiones conforme a su peso, eliminando el derecho de veto que cada país tiene actualmente en la OPEP.

Editado por Sofía Danis
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