La Abenomics termina en Japón entre reformas inconclusas y escándalos

Después de siete años de recuperación económica, pero también de reformas inconclusas y escándalos políticos, el primer ministro de Japón, Shinzo Abe, se encamina al fin de su segundo periodo de gobierno

La Abenomics termina en Japón entre reformas inconclusas y escándalos
Shinzo Abe, primer ministro de Japón - Foto: Kiyoshi Ota/POOL via AFP
English 04/09/2020 15:30 Gabriel Moyssen Ciudad de México Actualizada 17:08
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Después de siete años de recuperación económica, pero también de reformas inconclusas y escándalos políticos, el primer ministro de Japón, Shinzo Abe, se encamina al fin de su segundo periodo de gobierno.

En un país que hizo de lo predecible y lo estable una de las claves de su éxito de posguerra, pese a la debilidad al estilo italiano de sus jefes de gobierno, no hay duda de que el conservador Abe será recordado por la historia como un reformista.

Al enfrentar el estancamiento de tres décadas heredado por el estallido de la burbuja inmobiliaria en los ochenta, planeó una estrategia basada en “tres flechas”: combatir la deflación, estimular a la economía y promover una amplia gama de cambios estructurales, desde flexibilizar el mercado laboral, alentando la participación femenina, hasta el mejoramiento del sector privado.

A fin de entender el impacto positivo de la Abenomics, como su estrategia fue conocida en alusión a la Reaganomics estadounidense, es necesario señalar que Abe también enfrentó las secuelas del devastador terremoto y la catástrofe nuclear de Fukushima en 2011.

Un cambio general era urgente y Abe, tras ganar fácilmente la elección de diciembre de 2012, procedió a inundar Japón con yenes baratos, aumentando el gasto público e impulsando la bolsa mientras el desempleo se reducía.

La política monetaria agresiva mantuvo las tasas de interés bajas, dejando al yen en un nivel que hizo accesibles los productos nipones para los compradores extranjeros en un momento en que la economía china despegaba, afianzando la demanda de máquinas herramienta y componentes especializados. El turismo chino hacia Japón también se multiplicó, lo que influyó en la decisión de competir por los ahora suspendidos Juegos Olímpicos de 2020.

En el frente externo, Abe fue promovido por sectores liberales de Estados Unidos como nuevo líder delmundo libre”, junto a la canciller federal alemana Angela Merkel, luego de la victoria electoral de Donald Trump.

Alarmado por las amenazas proteccionistas, fue el primer jefe de Estado extranjero que se reunió con el presidente electo Trump. Abe trabajó después con la nueva administración de Estados Unidos para formar un acuerdo comercial bilateral por separado, completando al mismo tiempo el Tratado Integral y Progresivo de Asociación Transpacífico.

Sin embargo, los contrastes abundan en la carrera de Abe y la guerra comercial desatada por Trump fue sólo un factor en el regreso de los problemas a la economía japonesa. La deuda pública creció hasta 250% del PIB, forzando al país a imponer un incremento de dos puntos porcentuales en el impuesto al consumo.

A medida que los precios se elevaron, los consumidores empezaron a gastar menos; para el momento en que la pandemia de coronavirus se extendió, la economía ya había caído en recesión.

La crisis sanitaria hundió el crecimiento en 27.8% anualizado durante el segundo trimestre del año. Tokio lanzó un paquete de estímulo equivalente a 40% del PIB, incluyendo créditos a bajo interés y ayuda en efectivo, aunque el consumo ha retrocedido otra vez luego de una mejoría reportada en junio, previa a una segunda oleada de Covid-19.

“Si me hubieran pedido mi análisis en 2015, habría dicho que la Abenomics era un vaso lleno a 60%. Hoy veo esa política más como un vaso vacío en 60%: es un semi fracaso”, opinó Jean-Yves Colin, experto en Japón del Asia Centre con sede en París. Las reformas estructurales han sido muy tímidas, mientras que la flexibilidad del mercado laboral también favoreció su precariedad, indicó a France 24.

Población envejecida
Colin añadió que el próximo primer ministro deberá empezar a planear soluciones para los desafíos a largo plazo, como el envejecimiento de la población. “Sin embargo, nunca hay cambios o anuncios importantes en Japón, incluso si la Abenomics está muerta por la salida de Abe y el Covid-19”, afirmó.

Los mercados en Tokio han reaccionado al ocaso del gobierno de Abe apostando a la continuación de sus políticas, si bien Japón puede retornar a una época de liderazgos efímeros.

Entre las figuras mencionadas en la prensa local como posibles sucesores se cuentan Yoshihide Suga, secretario en jefe del Gabinete que lanzó su candidatura el miércoles; Shigeru Ishiba, ex ministro de Defensa y rival de Abe; Fumio Kishida, ex ministro de Relaciones Exteriores; Taro Kono, ministro de Defensa y Yasutoshi Nishimura, ministro de Revitalización Económica a cargo de las medidas contra el coronavirus.

El nombre de la gobernadora de Tokio, Yuriko Koike, quien a menudo marginó a Abe al lidiar con la pandemia, también ha surgido, pero tendría que ser elegida al Parlamento para ser considerada al puesto.

El viernes pasado, el primer ministro con más tiempo en el cargo en Japón, superando el récord de su tío abuelo Eisaku Sato, sorprendió al mundo al declarar que renunciará debido al agravamiento de su enfermedad crónica, la colitis ulcerosa.

“Es desgarrador tener que dejar mi trabajo antes de alcanzar mis objetivos”, aseguró al mencionar su fracaso en resolver el tema de los japoneses secuestrados hace años por Corea del Norte, la disputa con Rusia por las islas Kuriles y la reforma de la Constitución pacifista, que llamó hace ocho años la “obra de su vida”.

El anuncio, no obstante, era esperado en Japón, donde los índices de aprobación de Abe se han hundido hasta 27% en las encuestas de opinión. Muchos aún recuerdan su fallido primer periodo en el cargo (2006-2007) cuando Abe, entonces el primer ministro nipón más joven a los 52 años, dirigió una administración revisionista que allanó el camino para la disputa con China por las islas Diaoyu/Senkaku.

Nieto del premier nacionalista Nobusuke Kishi, quien integró el gabinete previo al segundo conflicto mundial y después fue acusado de crímenes de guerra, Abe criticó la “injusta” percepción internacional de Japón durante la primera mitad del siglo XX.

También propuso revisar la declaración gubernamental de 1993, que aceptó que cientos de miles de mujeres fueron sometidas como esclavas sexuales por las tropas niponas en los países asiáticos ocupados.

Determinado a hacer de Japón un país “normal” con un ejército fuerte y un mayor papel en los asuntos internacionales, Abe atizó las tensiones regionales al visitar en su campaña electoral el Santuario de Yasukuni en Tokio donde se rinde honor a militares caídos, incluso los considerados como criminales de guerra por China y Corea del Sur. Del mismo modo, se reunió con el Dalai Lama, líder religioso y separatista del Tíbet.

De acuerdo con el propio Abe, una vez en el gobierno su impopularidad creció por los intentos de ampliar la presencia militar de Japón en Afganistán en apoyo a las fuerzas de Estados Unidos. El gobernante Partido Liberal Democrático (PLD) y su aliado Nuevo Komeito sufrieron grandes pérdidas en los comicios de 2007 a la Cámara de Consejeros (Cámara alta), que marcaron el fin de su hegemonía de 52 años.

Como ahora, Abe argumentó problemas de salud para justificar su decisión de renunciar; los siguientes seis años fueron conocidos como la “puerta revolvente” en la política, ya que ni el PLD ni el Partido Democrático de Japón lograron establecer un liderazgo sólido a largo plazo.

Se espera que Abe, cuyo mandato termina en septiembre de 2021, permanezca al frente hasta que un nuevo dirigente del PLD sea elegido y aprobado formalmente por el Parlamento como primer ministro en funciones. Prometió seguir la actividad política y “apoyar a una nueva administración como legislador”, pero sus preocupaciones van más allá de los problemas de salud, reportó The Daily Beast.

El primer ministro saliente se encuentra bajo una investigación criminal al menos por la fiscalía, debido a violaciones de las leyes electorales, similar a la que enfrenta su ex ministro de Justicia Katzuyuki Kawai, a quien seleccionó personalmente.

En junio, Kawai y su esposa Anri fueron acusados por la entrega de millones de yenes en efectivo a políticos y seguidores en la prefectura de Hiroshima, presuntamente como pago por su voto para las elecciones de 2019 a la Cámara de Consejeros.

Si el mismo Abe, como presidente del PLD, aprobó financiar la campaña de Anri Kawai a la Cámara alta con USD $1.5 millones, quedará bajo los reflectores. Nobuo Gohara, ex fiscal especial, afirmó que parece claro que la investigación expondrá el involucramiento de Abe en el esquema de sobornos. “Incluso si puede evitar la responsabilidad criminal tiene responsabilidad moral en el asunto”, insistió.

Además, Abe atrajo duras críticas por su intento de concentrar el poder al inicio de la pandemia, promoviendo cambios constitucionales rechazados por los ex procuradores generales del país.

Su acción contra la Ley de la Fiscalía Pública comenzó en enero, cuando las autoridades decidieron postergar el retiro del segundo fiscal más poderoso, Hiromu Kurokawa, supuestamente muy cercano a Abe y al secretario en jefe del Gabinete, Yoshihide Suga.

Por ley, la mayoría de los fiscales deben retirarse a los 63 años; a Kurokawa se le permitió quedarse en el puesto por una “reinterpretación de la ley” en palabras de Abe. Sin embargo, pronto se reveló que Kurokawa apostaba en el mahjong con periodistas cotidianamente en una clara violación de la ley. El llamado “deidad guardián del gabinete” fue reprendido y tuvo que renunciar.

Jake Adelstein, colaborador de The Daily Beast en Tokio, resalta la influencia del culto shintoísta de ultraderecha Nippon Kaigi (Conferencia de Japón), que también funge como grupo de cabildeo político, en el retorno de Abe al gobierno en 2012. El grupo, dice, seguirá ostentando un gran poder en el Parlamento durante mucho tiempo después de Abe.

Editado por Sofía Danis
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