El cambio climático abre nuevos desafíos y oportunidades en el Polo Norte

Durante siglos, navegantes buscaron una ruta que uniera a Europa, Asia y América. Hoy, el cambio climático lo hace posible al derretir la gruesa capa de hielo del Polo Norte, escenario de una nueva competencia estratégica militar, energética y comercial entre grandes potencias

El cambio climático abre nuevos desafíos y oportunidades en el Polo Norte
Vista general del hielo marino cerca de la Bóveda Global de Semillas en Longyearbyen - Foto: Peter Vermeij/REUTERS
English 21/06/2019 14:18 Gabriel Moyssen Ciudad de México Actualizada 15:46

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Durante siglos, navegantes y exploradores audaces buscaron una ruta que uniera a Europa, Asia y América; hoy, el cambio climático lo hace posible al derretir la gruesa capa de hielo del Polo Norte, escenario de una nueva competencia estratégica militar, energética y comercial entre las grandes potencias.

Virtualmente ignorada por los medios occidentales, a principios de mes Rusia presentó una serie de reglas para el paso de buques de guerra extranjeros en la Ruta del Mar Septentrional (RMS), que corre a lo largo de sus 6,200 kilómetros de costa en el Ártico.

Si el capitán de un navío extranjero desea ingresar a la RMS, por ejemplo, deberá notificarlo con 45 días de antelación a la Marina rusa.

Asimismo, los submarinos sólo podrán cruzar en la superficie la RMS; además de la información sobre la hora, estarán obligados a reportar la clase de nave, desplazamiento, planta motriz y equipo.

De acuerdo con Pravda.ru, un piloto ruso deberá permanecer a bordo del buque foráneo. Si es posible que el mismo tenga poco mantenimiento o pueda contaminar las aguas de la Ruta del Mar Septentrional, Moscú podrá negar el permiso de entrada.

Las reglas, que de hecho niegan a los aliados occidentales la capacidad de realizar operaciones de “libertad de navegación” como las que la Armada de Estados Unidos efectúa regularmente en áreas bajo disputa en el Mar del Sur de China y el Golfo Pérsico, son sólo el aspecto más novedoso de los preparativos rusos para defender su soberanía en el Ártico al menos desde 2001.

Hace 18 años, Moscú sostuvo ante la Comisión sobre Límites de la Plataforma Continental (CLCS) de Naciones Unidas que las aguas al norte de su litoral son parte integral de su territorio marítimo.

El reclamo se basó en el argumento de que la cordillera submarina de Lomonosov constituye una extensión de su plataforma continental (Siberia), aunque fue rechazado y se solicitó a Rusia evidencias científicas adicionales.

Sin embargo, en 2007 dos mini submarinos rusos plantaron su bandera en el lecho marino a 4,200 metros bajo la Cordillera de Lomonosov para respaldar la reivindicación, ya que la Convención sobre el Derecho del Mar—promovida por México y otros países en 1982 y que Estados Unidos no ha ratificado—garantiza el aumento de la zona económica exclusiva de un país de 200 a 563 kilómetros, si demuestra que el lecho marino es una extensión de su plataforma continental.

En los últimos años, Rusia ha respaldado su reclamo—que suma 1.2 millones de kilómetros cuadrados— con nuevos datos hidrográficos.

Otros países también se han entregado a la tarea para apoyar sus demandas.

En 2014, Dinamarca, que controla Groenlandia, la mayor isla del mundo, reivindicó su soberanía sobre 906,495 kilómetros cuadrados de la plataforma continental en el Océano Ártico, un área más grande que Texas.

Evidencias científicas

Por su lado, Canadá presentó 2,100 folios de pruebas científicas al CLCS en mayo para demostrar que la plataforma continental de las islas del Ártico Superior se extiende a más de 370 kilómetros de su costa, incluyendo una sección del fondo marino en disputa que va de la Isla Ellesmere hasta una cordillera en el Polo Norte, abarcando más de 200 kilómetros.

Con el litoral más largo del Ártico, la Flota Norte de Rusia efectuó grandes maniobras en 2013 al desplegar cuatro rompehielos nucleares, un crucero nuclear pesado portamisiles y dos buques anfibios de asalto para reabrir el aeropuerto de la Isla Kotelny, abandonado tras la Guerra Fría.

Actualmente, la super potencia euroasiática tiene al menos diez bases militares en la región, responsables de proteger la vasta riqueza expuesta por el calentamiento global: más de 30% de las reservas mundiales de gas natural sin descubrir y 15% de las de petróleo; depósitos minerales de diamantes, metales y uranio, así como bancos pesqueros.

Se considera que hacia 2050 barcos regulares podrán transitar en la RMS entre Europa y Asia del Noreste, en una travesía 40% más breve en comparación con la ruta del Canal de Suez, facilitando las exportaciones rusas de gas y petróleo a China, Japón y Corea del Sur.

El portacontenedores danés Nordic Orion, con casco reforzado, estableció un hito en 2012, al convertirse en el primer gran carguero que atravesó el Paso del Noroeste llevando carbón de coque entre Vancouver y Pori, Finlandia.

El Paso del Noroeste recortó en 1,609 kilómetros la distancia en comparación con la ruta tradicional del Canal de Panamá. El ahorro de combustible fue de USD $80,000 y el Nordic Orion pudo cargar 15,000 toneladas más que si hubiera utilizado el Canal de Panamá, debido al límite de su profundidad.

Estas son algunas de las razones por las que once estados no costeros se han unido al Consejo Ártico. Según la Universidad Tongji de Shanghai, “la apertura de las rutas nórdicas es vital” para casi USD $500,000 millones en exportaciones chinas anuales durante los próximos años.

Fundado en 1996, el Consejo Ártico está integrado por ocho estados costeros: Canadá, Dinamarca (que representa a Groenlandia y las Islas Faroe), Estados Unidos, Finlandia, Islandia, Noruega y Rusia, además de 14 estados no costeros con estatuto de observadores: Alemania, Corea del Sur, China, España, Francia, India, Irlanda, Italia, Japón, Países Bajos, Polonia, Singapur y Suiza.

En la 11 Reunión Ministerial del Consejo Ártico el mes pasado en Finlandia, el organismo reafirmó su compromiso de mantener al Ártico “como una región de paz, estabilidad y cooperación constructiva” con la excepción del canciller estadounidense Mike Pompeo, quien criticó la creciente participación china y rechazó firmar el acuerdo que da prioridad al cambio climático, marcando la primera ocasión en que el Consejo no pudo emitir una declaración conjunta al finalizar sus trabajos.

Desde 2006, Canadá ha invertido más de USD $3,000 millones en la construcción de una flota especializada.

El entonces primer ministro Stephen Harper expresó su preocupación por los planes de la Alianza Atlántica para incrementar su presencia en el Ártico, una postura que sin duda se reforzó con las palabras de Pompeo, al calificar de “ilegítimo” el reclamo de Canadá sobre el Paso del Noroeste.

La nueva carrera estratégica encuentra mal preparado a Washington. Robert Papp, ex comandante de la Guardia Costera nombrado primer representante especial de Estados Unidos para la Región Ártica en 2014, afirmó que su país necesita miles de millones de dólares en nuevos equipos, incluyendo rompehielos, mejores servicios satelitales y redes de fibra óptica.

Este mes, Seattle fue seleccionado como base de la nueva flota de Guardacostas de Seguridad Polar”, luego de que un astillero de Mississippi ganó el contrato para construir tres rompehielos pesados.

La construcción del primer barco está programada para iniciar en 2021, terminando cuatro décadas de inactividad en el sector.

No obstante, Rusia posee más de 40 rompehielos, entre los que se cuentan nueve buques pesados a energía nuclear en servicio o en construcción, considerados por los expertos como el equivalente a los portaaviones nucleares de Estados Unidos.

Editado por Sofía Danis
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