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El sufrimiento ya parece parte del guion. En la Concacaf Champions Cup, los duelos de eliminación directa se han convertido en una prueba constante para los equipos mexicanos, que rara vez transitan el camino sin sobresaltos.
La edición 2026 estuvo a punto de sumar otro capítulo amargo a esa historia, cuando un club de la Liga MX rozó la eliminación en territorio estadounidense. Sin embargo, entre la angustia y un golpe de fortuna, Tigres logró sobrevivir: cayó (3-1) ante Seattle Sounders, pero el empate global (3-3) y el valor del gol de visitante le abrieron la puerta de las semifinales, recordando que en este torneo no siempre avanza el que domina, sino el que resiste hasta el último minuto.
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El equipo de Guido Pizarro, que llegaba con ventaja al compromiso, terminó siendo superado tras un planteamiento poco efectivo que permitió el crecimiento del rival en su propia cancha. Impulsado por el respaldo de su afición, Seattle Sounders ganó confianza y firmó una noche redonda ante unos Tigres que, sin respuestas futbolísticas y apelando más al carácter que a la idea, se vieron rápidamente contra las cuerdas.
Albert Rusnák comenzó a escribir la pesadilla felina al abrir el marcador al minuto 11, culminando una gran definición que reflejó el dominio local. Con el control del juego en manos del representante de la MLS, el cuadro mexicano logró encontrar un respiro con el empate parcial al 30’, cuando Joaquim apareció para rematar y mantener con vida a los universitarios en la eliminatoria.
Ya en la segunda parte, el guion fue completamente favorable para Seattle Sounders, que apenas al regreso del descanso volvió a golpear. Al minuto 49, Danny Musovski apareció para ampliar el marcador y devolverle la ventaja a los locales, confirmando el dominio del conjunto estadounidense.
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A partir de ese momento, Tigres se replegó y apostó por la resistencia, una estrategia que parecía rendir frutos conforme avanzaban los minutos. Sin embargo, en la recta final llegó un nuevo golpe: Albert Rusnák firmó su doblete al 82’ y colocó el empate en el marcador global, desatando la tensión en el estadio.
Presos de la desesperación, los felinos optaron en los últimos instantes por alejar el balón de su área y consumir el reloj, aguardando con ansiedad el silbatazo final. Cuando este llegó, el alivio fue evidente: Tigres respiró, se abrazó tras resistir cada embate rival y, en medio del sufrimiento, dio un paso más hacia el sueño del campeonato.
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