El auge que hoy vive el pádel tiene raíces profundas. Detrás de su crecimiento acelerado existió una idea inicial y un proceso largo de construcción.
Así lo recuerda Ignacio Soto Borja y Anda, cocreador del deporte, al repasar los orígenes de una disciplina que hoy tiene presencia en más de 100 países.
“La idea fundamentalmente fue de su creador, que es Enrique Corcuera, (a inicios de los años 70)”, explicó Soto Borja.
“Una idea inspirada en el ‘jeu de paume’ (juego de palma) un deporte francés que se jugaba entre cuatro paredes, con una red al centro y raquetas, y que incluso fue impulsado por el rey Luis XIV”. A partir de ahí, comenzó un trabajo de adaptación que tomó años.
“Hicimos las reglas, que no han cambiado mucho a la fecha, las medidas de la cancha y de la red las modificamos, y comenzamos a practicar, lo digo fácil, pero fue un proceso extenso”, recordó el mexicano. En ese camino surgieron variantes como el tenis y el pádel-tenis, hasta que finalmente el juego tomó identidad propia y se quedó simplemente como pádel.
Una vez formalizado, Corcuera llevó el pádel a España y después a Argentina, países que hoy son las máximas potencias. El crecimiento fue lento, pero suficiente para entender que se trataba de un deporte mexicano con gran potencial. Por eso, Soto Borja impulsó la creación de la Federación Mexicana de Pádel, que presidió, para respaldar su origen ante los intentos de españoles y argentinos de apropiarse la idea en el pasado, aunque no lo consiguieron.
Hoy, al mirar atrás, la satisfacción es evidente. “Ver que esas reglas se han respetado y que han dado pauta a un ordenamiento mundial es algo que me tiene sumamente motivado”, afirmó. “Una idea que sale de la nada se volvió un deporte que permite conectar al mundo”.

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