Desde que llegó a la Selección Mexicana en agosto de 2024 para vivir una tercera etapa en el banquillo, Javier Aguirre lo hizo con dos ideas en mente: identidad y disciplina.

El Vasco consideraba que los futbolistas habían perdido el deseo por vestir la playera verde, además de compromiso al estar convocado por el Tricolor. Es por ello que desde la Federación Mexicana de Futbol se lanzó el Proyecto 365.

Con dicho plan buscaban que el jugador que estuviera en el radar de la Selección se comportara como profesional dentro y fuera de las canchas, tanto en el combinado como en su club.

“Las exigencias de Javier [Aguirre] desde el día uno han sido altísimas, respecto a disciplina, y no sólo en la Selección, sino también en tu club y él se fija mucho en eso de ser ejemplo en todo y creo que las exigencias son altas con él”, declaró César Montes.

El uso de dispositivos celulares quedó prohibido durante las comidas, los actos de indisciplina fueron cuestionados y hasta sancionados por el director técnico nacional desde su arribo.

Casos como el cohete que lanzó Roberto Piojo Alvarado a una sala de prensa de Verde Valle con las Chivas o la situación del defensor Rodrigo Huescas en Copenhague, cuando condujo en exceso de velocidad, fueron severamente condenados por Javier Aguirre.

“Él es el que está al mando de todo, él es el que elige y creo que después de un proceso tan largo, estamos con mucha ilusión para esta Copa del Mundo en casa”, aseveró el Cachorro, quien es uno de los capitanes de la Selección Nacional.

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