Aaron Rodgers se tomó su tiempo antes de decidir que quería regresar para una 22ma temporada. El quarterback de los Steelers de Pittsburgh ya tomó una decisión sobre una 23ma. No habrá una.

“Esto es todo”, afirmó Rodgers cuando el miércoles le preguntaron al cuatro veces Jugador Más Valioso de la NFL si este sería su último año.

El jugador de 42 años no profundizó en por qué llegó a esa conclusión. Tal vez porque no había necesidad.

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Rodgers reconoció que pensó que su tiempo en Pittsburgh —y quizá en la liga— había terminado cuando el entrenador de los Steelers, Mike Tomlin, renunció al día siguiente de una abultada derrota en la primera ronda de los playoffs ante Houston en enero.

Las cosas cambiaron cuando Pittsburgh contrató a Mike McCarthy unas semanas después, una decisión en la que Rodgers dijo que quizá tuvo un pequeño papel cuando alentó al gerente general de los Steelers, Omar Khan, a hablar con McCarthy. Rodgers y McCarthy pasaron 13 años juntos en Green Bay, ganando un Super Bowl mientras se convertían en un habitual de los playoffs.

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McCarthy y Rodgers se mantuvieron en comunicación constante en los últimos meses mientras Rodgers evaluaba si quería intentarlo una última vez. Aunque no hubo un punto de inflexión, la relativa salud de su cuerpo de 42 años y la oportunidad de que su carrera terminara “completando el círculo” con un equipo que pasó la temporada baja mejorando la ofensiva con la esperanza de ponerle fin a una larga sequía de victorias en playoffs llevaron a una reunión que calificó de “surrealista”.

“Es como una (serie de) momentos de ‘pellízquenme’ que han ocurrido en los últimos días”, comentó tras el segundo día de las actividades organizadas voluntarias del equipo de Pittsburgh.

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