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Mario Lavista recibió un homenaje póstumo en el Palacio de Bellas Artes en el que se recordó su faceta de amigo, compositor y padre: “Su música para mí era un útero, era como un gran cuenco tibetano y en ese cuenco me he sentido muy cómoda, bailando”, dijo su hija la bailarina Claudia Lavista.
En la mañana de ayer, a los 78 años falleció el artista víctima de cáncer. Después de las 17 horas, una carroza dio vuelta en la explanada de Bellas Artes; se estacionó frente a la entrada y de ahí se llevó el féretro con los restos del compositor para recibir un homenaje póstumo.

En su intervención, Gabriela Ortiz, una de sus más destacadas alumnas, relató cómo conoció al compositor, quien no sólo sabía de cuestiones musicales, también fue un catedrático que “sabía cómo compartir, estimular y lo más importante, encausar la creatividad individual de sus alumnos. Esto lo lograba sin descuidar, el análisis y el aprendizaje de aquellos compositores que son pilares fundamentales de la historia de la música”.
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