“La autogestión en la danza es imposible”

Ante la discusión del futuro del Fonca, las directoras de las compañías Delfos, Contempodanza y Barro Rojo piden otras opciones de presupuesto porque, recalcan, este arte no es un negocio

“Realizamos el trabajo que el Estado no ha hecho en la danza”: coreógrafas
Para la coreógrafa Cecilia Lugo, directora de Contempodanza, los creadores que se dedican a esta disciplina merecen vivir de lo que hacen. BERENICE FREGOSO. EL UNIVERSAL
Cultura 23/04/2019 00:20 Alida Piñón Actualizada 05:08
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Las coreógrafas y bailarinas Claudia Lavista, Cecilia Lugo y Laura Rocha son tres pilares de la danza contemporánea en México, y le dan vida a tres compañías, Delfos, Contempodanza y Barro Rojo, respectivamente; además han formado a varias generaciones de bailarines. Las agrupaciones que dirigen han sido beneficiarias del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes en más de una ocasión. Hoy, frente a la discusión del futuro del Fonca, coinciden en que es necesario que el sistema de becas se transforme a fin de garantizar más apoyos para los artistas con trayectoria y para los jóvenes de todo el país. Sin embargo llaman a realizar una reflexión profunda sobre cómo ha operado el programa, a que haya reconocimiento a las trayectorias y exigen, sobre todo, un presupuesto digno para las amplias necesidades de la comunidad.

El 7 de marzo se llevó a cabo el Foro de Consulta entre creadores y el subsecretario de Desarrollo Cultural de la Secretaría de Cultura, Édgar San Juan, y el entonces coordinador general, Roberto Frías, quienes ofrecieron datos como que en 30 años se han recibido 128 mil solicitudes y “únicamente se han otorgado 22 mil 23 apoyos”. Las cifras ya fueron descalificadas por la nueva encargada del Fonca, Marina Núñez Bespalova, y el propio San Juan reconoció que no estaba de acuerdo con ese diagnóstico “parcial”.

En redes sociales la discusión también fue intensa, en las mesas de discusión que después se realizaron en Mérida, Monterrey y Ciudad de México, una de las sugerencias constantes fue reducir las veces que un artista o agrupación puede recibir el apoyo y se planteó que los grupos artísticos beneficiados deben ser capaces de ser autogestivos.

En entrevista, las coreógrafas reflexionan acerca de cómo en la danza es imposible hablar de autogestión. La razón, argumentan, es que los empresarios no están dispuestos a invertir en una disciplina que padece poca difusión y reconocimiento institucional. Además existen pocos festivales para dar movilidad a las obras fuera de sus lugares de residencia y las funciones no suelen ser bien remuneradas. La docencia y la colaboración con municipios y alcaldías, dicen, son algunas de sus opciones para sobrevivir.

“Tengo 26 años de experiencia y puedo decir con todo el conocimiento que no hay manera de ser autogestivos, la danza no es un negocio. No hay manera, no hay políticas de donación, no podemos vivir de una fundación, como en Estados Unidos”, dice Lavista.

“Realizamos el trabajo que el Estado no ha hecho”. Delfos Danza Contemporánea, fundada por Lavista y Victor Manuel Ruiz en 1992, ha recibido el Programa para el Fortalecimiento de las Artes Escénicas “México en escena” en siete ocasiones por su trayectoria y nivel artístico. La coreógrafa defiende el trabajo de la agrupación; dice que en casi 30 años han ganado premios nacionales e internacionales y mantienen una de las mejores compañías dancísticas del país; con el apoyo del Ayuntamiento de Mazatlán fundaron la Escuela Profesional de Danza Contemporánea de Mazatlán y desde 2008 dirigen el programa Danza y Conciencia, proyecto que lleva danza a sectores marginales.
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La coreógrafa Claudia Lavista, directora de Delfos Danza Contemporánea, asegura que su propuesta siempre ha sido de alcance social y pedagógico. (CORTESÍA: DAVID FLORES RUBIO)
 

“Nuestro proyecto siempre tuvo una visión de largo plazo, de alcance social y pedagógico. Los grupos que hemos obtenido becas hemos realizado el trabajo que el Estado no ha hecho: creamos escuelas, generamos proyectos artísticos, público, hacemos programas sociales. Es un trabajo que nos toca hacer como artistas, pero no podemos solos”, dice Lavista, quien también ha sido beneficiada con el Sistema Nacional de Creadores de Arte.

Añade: “El problema es cuestión de presupuesto. Nosotros hemos sobrevivido gracias a la beca y en danza hay muchas variantes que analizar. Marina Núñez dijo que la cultura no está en la primera línea de este gobierno, eso es un error muy grave”.

“Con y sin beca tenemos que pagar”. Laura Rocha dirige Barro Rojo Arte Escénico, fundada en 1982 por bailarines como Arturo Garrido y Serafín Aponte, y en casi 40 años han construido una de las agrupaciones más importantes de la escena dancística nacional. Su apuesta, dice la coreógrafa, ha tenido una visión comunitaria.

Desde hace 14 años lograron hacer un proyecto en la alcaldía de Tlalpan. “Buscamos que una comunidad nos adoptara, queríamos insertarnos con la sociedad y en Tlalpan logramos ese apoyo, hemos construido el Centro de Artes y Oficios Tiempo Nuevo, que antes era un deportivo y en cada administración hemos tenido que negociar y convencer a las autoridades que la cultura es importante”, dice.
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Laura Rocha dirige Barro Rojo, una compañía con casi 40 años de vida. (DIEGO SIMÓN. EL UNIVERSAL)
 

Barro Rojo ha sido beneficiado por “México en escena” y pensaron en la autogestión. La realidad, lamenta, es otra. “Pensamos que podíamos lograrlo, pero nos topamos con que no es posible, las funciones no se pagan de manera regular porque depende de muchas cosas; damos pocas funciones de la red de festivales porque nuestra obra no está diseñada para complacer a la gente de danza; además, nuestro número de bailarines es mínimo de ocho, pero tenemos hasta 15 en escena. Me he topado con que quien te contrata te dice que tal o cual grupo que va empezando cobra menos o de plano no cobra, como Ceprodac, porque a ellos ya les paga el Estado”.

Rocha recuerda que en los años 80 nunca cobró como bailarina, pero los tiempos tenían que cambiar y ya como directora ha tratado que todo trabajo se pague. “Con y sin beca tenemos que pagar, sin beca de verdad es muy difícil. La mayoría nos dedicamos a otra cosa, damos clases. Ahora nos damos cuenta de que cada grupo tiene sus propias necesidades, conocemos muy poco las experiencias de los demás. En los dos años que no tuvimos la beca pensé en que un año más sin apoyo no íbamos a lograr mantenernos”.

“Hay que invertir en el arte”. Cecilia Lugo es directora de Contempodanza, fundada en 1986, ha creado más de 40 obras coreográficas de diferentes formato, cuenta con reconocimiento nacional e internacional, ha obtenido “México en escena” en cinco ediciones y ha sido beneficiada con el Sistema Nacional de Creadores, también fundó en 2003 Contempodanza Espacio en Movimiento, que alberga la sede de la compañía, la Escuela de Formación Profesional para Bailarines en Danza Contemporánea y la Escuela de Ballet.

“He trabajado mucho con beca y sin beca. Mi compromiso ha sido ético con mi comunidad, he luchado por crear las mejores condiciones de trabajo. Las grandes compañías en otros países tienen apoyo del gobierno y de la iniciativa privada, cuentan con fundaciones, pero México tiene otra realidad, aquí tienes que insistir en que hay que invertir en el arte. Nuestra compañía con tantos años de carrera sigue viviendo como si fuera el primer día. Mantenemos obras de repertorio, hacemos estrenos, y hemos subido el telón sin un quinto, muchas cosas son fiadas y vamos pagando conforme nos va llegando el dinero. Las becas son aire para nosotros. La gente de danza merece vivir de lo que hace”, advierte.
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Para la coreógrafa Cecilia Lugo, directora de Contempodanza, los creadores que se dedican a esta disciplina merecen vivir de lo que hacen. (BERENICE FREGOSO. EL UNIVERSAL)
 

Añade: “Hay molestias muy comprensibles porque no alcanza para todos, pero ‘México en escena’ es para grupos, con redes muy grandes, producimos mucho y muy bien. No hay ofertas de trabajo, ¿en dónde han visto que se necesita coreógrafo con un digno salario mensual y seguro social? Hay que revisar las cosas, y hay que tener claro que la cultura merece más recursos”.

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