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Medellín.— Dos hombres, completamente desnudos, detallan un cuadro. Se abrazaron con suavidad mientras escudriñaban la obra de arte. Gesticularon de manera sugerente mientras, sin asomo alguno de pudor, hablaron quedo. Junto a ellos había otras 50 personas desnudas, de todas las edades. Entre ellas, una pareja, que llamaba a su niño cuatro años, que subía las escalas con alegría, como un saltimbanqui de feria, para encontrarse de frente con un inmenso mural en el que aparecen dibujadas personas también desnudas.


La muestra, Desnudo, manifiesto y libertad, contiene 170 obras en las que el cuerpo humano, desprovisto de ropa, es la temática principal. Son los famosos desnudos de Pedro Nel Gómez, el artista antioqueño que nació en la agonía del siglo XIX para hacer brillar sus obras en el XX. El lugar de la exposición es el museo que alguna vez fue su casa, un refugio de creación y en donde pudo, con toda libertad, crear sin temer la mirada inquisidora y represiva de una sociedad conservadora. En el museo se exponen tres mil 200 obras del artista nacido en Anorí, al nordeste de Antioquia.
Pero lo de la noche del sábado fue especial. Cincuenta personas desnudas, sin pudor, caminaron por los corredores de la vieja casona. En el barrio de Aranjuez, lugar de la vivienda, una brisa suave, propició el ejercicio de la desnudez. A los pocos que caminan con sus ropas puestas se les vio incómodos, fuera de lugar. Es la lógica del lugar: la desnudez es lo natural.
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