El bandidaje en el de la primera mitad del siglo XIX que retrata Manuel Payno en Los bandidos de Río Frío tiene una gran resonancia con los tiempos actuales, y esa vigencia con su gran riqueza de registros lingüísticos y el retrato de la sociedad mexicana la hacen una de las novelas fundamentales de la literatura mexicana del siglo XIX y un clásico hispanoamericano.

Esta monumental novela que se divide en dos partes —con 117 capítulos— y que fue escrita entre 1888 y 1891 por un Manuel Payno de entre 68 y 71 años, acaba de ser publicada por el investigador, filólogo y editor veracruzano , en una edición que incluye estudios críticos de Margo Glantz, Carlos Monsiváis, José Emilio Pacheco, Mariano Azuela, Blanca Estela Treviño y José Joaquín Blanco, y es publicada por la Academia Mexicana de la Lengua (AML) en la colección “Clásicos de la Lengua Española”, con apoyo de la Secretaría de Educación Pública y la Fundación Díaz Morodo.

“Esta novela se publicó por entregas, era algo muy frecuente hacia aquella época porque los libros resultaban bastante caros y los editores pensaron en novelas por entregas. Se publicó entre 1889 y 1891, a finales de 1891 ya se pudo tener el libro y lo editó en Barcelona Juan de la Fuente Parres, esa es la primera edición que yo tomé de base para esta edición crítica”, dice a EL UNIVERSAL Manuel Sol Tlachi, quien afirma que es una novela de gran actualidad.

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Los dos tomos de la novela son publicados por la Academia Mexicana de la Lengua (AML) en la colección “Clásicos de la Lengua Española”. Foto:  Academia Mexicana de la Lengua
Los dos tomos de la novela son publicados por la Academia Mexicana de la Lengua (AML) en la colección “Clásicos de la Lengua Española”. Foto: Academia Mexicana de la Lengua

“Si comparamos lo que sucedía a finales de la primera mitad del siglo XIX en México, con los problemas entre el gobierno y los bandidos en nuestros tiempos, pues es una novela completamente actual. El coronel Juan Yáñez, el Relumbrón, uno de los personajes centrales, es un personaje muy actual, como decía José Emilio, un país en el que todo cambia y todo sigue igual en lo que respecta al hundimiento en el que se encuentra el país por estas complicidades e inmoralidades que existen”, dice el académico correspondiente en Xalapa de la AML.

Esta edición crítica publicada en dos grandes tomos de casi 2 mil 200 páginas, es un trabajo académico riguroso a partir de la primera edición publicada por Juan de la Fuente Parres, en Barcelona, España, en 1892 —dos años antes de la muerte de Payno— y que hace un establecimiento textual, revisión histórica, anotación crítica y contextualización documental, lo que permite redescubrir la riqueza narrativa, lingüística y cultural de una novela imprescindible de las letras mexicanas.

Alejandro Higashi, integrante de la AML y coordinador editorial de esta obra, asegura que Los bandidos es el “gran Quijote de México”. Agrega: “Es una obra que reúne muchos de los aspectos de la obra cervantina tan importantes como ser una obra de entretenimiento, que tenía en el horizonte otras obras anteriores, de amplia difusión. Es una de nuestras grandes, grandes novelas de folletín”.

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La nueva edición crítica partió de la primera, publicada por Juan de la Fuente Parres, en Barcelona, 1892. Foto: Manuel Sol
La nueva edición crítica partió de la primera, publicada por Juan de la Fuente Parres, en Barcelona, 1892. Foto: Manuel Sol

Además, dice Higashi, “corona la carrera académica de Manuel Sol” y su trabajo como editor crítico, y es especial porque refleja la idiosincrasia del país y dentro de sus peripecias, también refleja la actualidad noticiosa del momento, “lamentablemente estos bandidos de Río Frío son plagiarios, son asaltantes de la zona que comunicaba el puerto de Veracruz y Puebla con la Ciudad de México pasando por Perote, que ahora es una población pequeña, pero en ese momento era muy importante por el tema económico y turístico; refleja una parte de la historia nacional y nuestra idiosincrasia por el tema del bandidaje”.

Para el ensayista, poeta e integrante de la AML, Adolfo Castañón, no es solo un libro de aventuras de bandidos, sino un libro donde aparece una sociedad que se entreteje. “Esta novela es de gran tradición arraigada en la literatura hispanoamericana, está magistralmente orquestada por Payno, con una sensibilidad muy fina”.

Agilidad narrativa

Los bandidos de Río Frío posee una gran riqueza de registros lingüísticos, personajes y escenarios, y tanto Sol, como Castañón y Higashi, celebran las virtudes del lenguaje.

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Manuel Payno escribió la novela cuando tenía entre 68 y 71 años. Foto: Manuel Sol
Manuel Payno escribió la novela cuando tenía entre 68 y 71 años. Foto: Manuel Sol

“La lengua de Los bandidos de Río Frío está mucho más cerca de la lengua hablada que de la lengua escrita. Siempre se dijo que Payno se dejaba oír y leer, escribiera lo que escribiera, porque es un lenguaje muy actual, muy dinámico, muy vivo. Algunos críticos dijeron equivocadamente que no tenía estilo, pero no olvidemos que estaba en auge el modernismo, muy distinto al lenguaje de la novela romántica y realista. El estilo de Payno es el de la lengua hablada, la lengua viva y ha sido uno de los grandes aciertos de Payno”.

En la novela conviven las élites políticas y económicas con los sectores populares, el México rural con la vida urbana, la violencia, el comercio, la religiosidad, la corrupción, el bandolerismo y las costumbres cotidianas de un país marcado por profundas tensiones sociales y políticas.

“Es una novela con una agilidad narrativa que la literatura del siglo XIX no solía tener, pero aquí, al tratarse de una novela de folletín, pues el creador tenía que tener en cuenta las aventuras que iba a describir esa semana y además como tener ganchos para la otra”, afirma Higashi, quien agrega que Payno fue un gran narrador y lector de periódicos, “eso contribuye mucho a su agilidad narrativa”.

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La edición crítica también incluye bibliohemerografía, notas complementarias, una cronología de Manuel Payno, una presentación de Castañón y un comparativo de las distintas ediciones de Los bandidos de Río Frío, desde la primera edición de Juan de la Fuente Parres, la edición que en 1928 hicieron los nietos de Payno del texto que dijeron “era corregido y actualizado por su abuelo”, pero que a decir de Sol “desde lo artístico y lingüístico es muy inferior a la edición de De la Fuente Parres”, y que tiene alrededor “de unas 5 mil variantes”.

Incluso señala que la edición que hizo Antonio Castro Leal, en 1945, en la colección de Escritores Mexicanos de la editorial Porrúa, tiene esos errores pues tomó como texto base la edición de 1928.

Por ello, y por todo el trabajo que contiene esta magna edición crítica de Manuel Sol, Higashi la califica como “la joya de la corona” de la colección Clásicos de la Lengua Española. “Empezamos con El cantar del Mío Cid, Lazarillo de Tormes, La Celestina, Don Quijote, en fin, obras emblemáticas de todos los tiempos del español peninsular, pero también el proyecto contemplaba tener obras mexicanas representativas, lo hemos logrado con una antología de la obra de Alfonso Reyes, cuidada por don Adolfo Castañón; El águila y la serpiente, de Martín Luis Guzmán, y El romancero en América, de don Aurelio González, pero nos faltaba esta gran obra de don Manuel Sol. Todas son obras emblemáticas de nuestra literatura”.

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