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Victoria Eugenia Henao bosteza una y otra vez, está agotada, dice, por la extenuante agenda de promoción de su libro Mi vida y mi cárcel con Pablo Escobar. El testimonio de la esposa del narco más peligroso del mundo (Planeta, 2019) y porque el viaje hacia sus recuerdos ha sido muy complejo.

Hace 25 años, Pablo Escobar, dice, se suicidó porque no había otra salida para protegerla a ella y a los dos hijos que procrearon, Juan Pablo y Manuela; aunque la versión oficial es que el capo fue abatido de un disparo al corazón. “Para nosotros él se suicidó porque siempre nos dijo que el teléfono era la muerte y ese día cometió muchos errores, creo que se dio cuenta de que si él no se moría, seguíamos nosotros”.

El 2 de diciembre de 1993, tras la muerte de Escobar, Henao cuenta que empezó a pagar todos los precios por haber sido su esposa durante 17 años. “He sido excluida de los trabajos, de los espacios sociales. He escrito este libro para que me empiecen a mirar como mujer, como madre de familia y como ser humano, que no me sigan etiquetando como la viuda de Pablo Escobar”, dice.

Victoria tenía 12 años cuando conoció a Escobar, a los 14 años fue forzada por él a abortar y a los 15 años, cuando él tenía 27, se casaron. “Era una niña, a los 15 años podías decir que estabas tan enamorada para hacer una vida en pareja, eso es insólito para el mundo de hoy. Es muy fuerte mirar en las fotografías a esa niña, la comprendo porque era muy ingenua”.

En el libro se ofrecen fotografías inéditas de la vida familiar, está el viaje de luna de miel, retratos de las casas en las que vivieron, las obras de arte que ella compraba, un retrato de Escobar cargando a su hijo en hombros y detrás de ellos un coche antiguo que ella le regaló en 1979.

La bonanza la evade, se concentra en la etapa del declive que empezó en 1984, tras el asesinato del Ministro de Justicia de Colombia, por órdenes de Escobar, previo al nacimiento de Manuela, a quien parió en la selva. Victoria nunca menciona palabras como asesinatos, narcoterrorismo, crimen. Para ella, “fueron nueve años de guerra, años en que él estuvo prófugo de la justicia, ya casi no vivíamos con él, siempre estábamos con los sobresaltos”.

Tampoco quiere explicar qué sabía sobre las actividades de Escobar. “Él me decía que no tenía nada que ver, que la gente inventaba, nosotros nos enterábamos de cosas y muy de vez en cuando le preguntábamos a Pablo y todo lo negaba”.

Pero sí quiere hablar de las infidelidades de su esposo, tema al que le dedica 90 páginas del libro. En las series de televisión y películas que han hecho sobre el narcotraficante más poderoso en la historia del siglo XX, ella ha sido retratada a partir de mitos. Por ejemplo, asegura que nunca disparó un arma porque no le interesó. “Han mostrado a una joven que lo acompañó en todo lo que decidió, no es así, yo no lo acompañé en el horror porque yo sabía que los primeros en la lista para morir eramos mis hijos y yo”.

María Isabel Santos, el nombre que adquirió en 1994, reconoce: “Sí tuvimos lujos”, pero las mansiones, asegura, vivían solas. “Tuve el mejor departamento, hermoso, lleno de lujos, pero lo allanaban tres o cuatro veces a la semana durante horas, nos ponían armas en la cabeza. ¿Dime tú cómo se puede gozar del lujo en esas condiciones? Los lujos se convirtieron en una pesadilla”.

Victoria, pese a todo, no se asume como víctima por respeto a las víctimas de su esposo. “Todo el país sufrió situaciones muy dolorosas, todos esos atentados se llevaron a mucha gente por delante. He conversado con mucha gente y espero hablar con muchísima más, le pido a Dios que puedan entender nuestra posición, hay un pedido de perdón por todo ese dolor que vivieron las familias. Si no me perdonan, lo entiendo”.

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