Muere Ernesto Cardenal, poeta, sacerdote y teólogo

El escritor estuvo internado en un hospital de Managua

Muere Ernesto Cardenal, poeta, sacerdote y teólogo
Ernesto Cardenal. Foto: Archivo
Cultura 01/03/2020 16:15 Redacción Ciudad de México Actualizada 18:31

El poeta y sacerdote nicaragüense Ernesto Cardenal, quien fuera voz moral de la revolución sandinista, falleció este domingo en Managua, a los 95 años, debido a causa de daños renales y cardiacos. Fuentes cercanas al escritor confirmaron a Reuters la muerte de quien fuera considerado una de las voces más destacadas de la llamada Teología de la liberación.

Cardenal, nacido en Granada (Nicaragua), el 20 de enero de 1925, murió la tarde de este domingo a las 3:06 de la tarde, según informó a través de un mensaje, la escritora nicaragüense Gioconda Belli,: “Ernesto Cardenal: nuestro gran poeta, acaba de morir a sus 95 años, después de una vida de entrega a la poesía y a la lucha por la libertad y la justicia”, y dijo que el poeta será sepultado en Solentiname el próximo jueves o viernes.

Gioconda Belli quien informó de la noticia y dijo: "Su corazón falló", también señaló que Cardenal estuvo hospitalizado desde el pasado 25 de febrero. Invitó al pueblo nicaragüense a una misa en la Catedral de Managua, este lunes 2 de marzo.
 

Una vida de entrega a la literatura y a la lucha

Ernesto Cardenal es heredero de una sólida tradición poética que tiene a Rubén Darío, como su principal estandarte. Estudió literatura en Managua y luego en México de 1942 a 1946, donde estudió en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM; posteriormente realizó otros estudios en Estados Unidos y Europa.

En 1965 fue ordenado sacerdote y publicó sus primeras obras a fanales de los años 40. Es considerado uno de los principales exponentes de la poesía latinoamericana a través de obras como “Hora 0”, “Epigramas”, “Canto nacional”, “Oráculo sobre Managua”, “Canto a un país que hace”, “Tocar el cielo”, “Telescopio en la noche oscura”; así como la obra célebre “El Evangelio de Solentiname”.

El compromiso político de Ernesto Cardenal lo llevó a apoyar la lucha armada del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), y desde 1954 participó en las luchas contra el dictador Anastasio Somoza; incluso, en tiempos recientes, Ernesto Cardenal cuestionó duramente y se convirtió en su crítico más duro, del gobierno del presidente Daniel Ortega, cuyos desmanes y arbitrariedades denunció siempre.

A la par de su vocación literaria, de su compromiso con la lucha y con los más pobres, Ernesto Cardenal estuvo en la función pública. En 1979, con el triunfo de la Revolución Sandinista, fue nombrado ministro de Cultura, un cargo que desempeñó hasta 1988.

El 4 de marzo de 1983, el Papa Juan Pablo II, en castigo por formar parte del gobierno de Daniel Ortega, prohibió al padre Cardenal, celebrar misas y lo reconvino señalándole que un sacerdote no podía inmiscuirse en los asuntos políticos. El castigo fue suspendido por el Papa Francisco en febrero de 2019.

Cardenal, quien desde 2010 era miembro correspondiente de la Academia Mexicana de la Lengua, tuvo un compromiso total con los más pobres, fue crítico de las injusticias y esa postura lo convirtió en la voz moral de la revolución sandinista. En 1994, Cardenal renunció formalmente al FSLN.

Cardenal recibió entre otros reconocimientos la Orden de la Independencia Cultural Rubén Darío, que es el máximo premio que otorga el gobierno de Nicaragüa; en 2018, ya con 93 años, Cardenal fue condecorado con el Premio Mario Benedetti, que otorga la Fundación Benedetti de Uruguay.

Sergio Ramírez, el escritor nicaraguense, Premio Cervantes de Literatura 2018 y amigo muy cercano de Ernesto Cardenal, siempre ha dicho que que Cardenal es uno de los grandes innovadores de la lengua española, un creador de una nueva forma lírica, la de la narración en la poesía, que lo convirtió un cronista de su tiempo.

El poeta español y gran estudioso de Nicaragua, de la revolución sandinista y de la poética de Cardenal ha dicho: "Los blue jeans, la cotona blanca (camisa de algodón), la boina negra y la barba blanquísima de Ernesto Cardenal forman parte del imaginario colectivo cuando se piensa en una época en la que los sueños parecían posibles y la palabra revolución era el camino para alcanzarlos".

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