Concepción Company la lingüista que es "hablante de la calle"
La lingüista se considera una "hablante de la calle". Foto: Iván Stephens/ EL UNIVERSAL

Concepción Company: "Ser mujer es un costal invisible que se lleva en las espaldas"

12/12/2019
00:10
Yanet Aguilar Sosa
México
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Concepción Company, acaba de recibir el Premio Nacional de Artes y Literatura 2019, admite que ha trabajado mucho para ser reconocida y que para lograrlo a veces ha funcionando como hombre

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Concepción Company Company es la lingüista e historiadora del español y de la sintaxis más notable de México; la más sólida y al mismo tiempo la más fresca; se asume como una obrera de la lengua, una apasionada del lenguaje; la filóloga que el pasado lunes recibió el Premio Nacional de Artes y Literatura 2019 en el área de Lingüística y Literatura es una académica e investigadora de pura cepa que, sin embargo, hace uso del habla popular con un gusto rabioso.

La investigadora que tiene más de 40 años de trayectoria, que es autora con otros colaboradores -cree con fervor en el trabajo colectivo- de obras fundamentales como la "Sintaxis histórica de la lengua española y el Corpus diacrónico y diatópico del español de América (CORDIAM)", y que ha sentado las bases de una estructura que -dice- los jóvenes lingüistas tendrán que seguir construyendo, habló con EL UNIVERSAL de su obra y de su vida, del orgullo de ser profesora emérita de la UNAM y de pertenecer a la Academia Mexicana de la Lengua y a El Colegio Nacional.

“No es lo mismo que lo mesmo”, señala sin más, sonriente y elegante con ese cabello corto y aparentemente revuelto; repite a cada tanto “apapacho” que, dice, es una palabra muy nuestra que le encanta por el sonido que acaricia; no tiene empacho es asegurar que ella es “una hablante de la calle”, “una gente normal de la banqueta”; y aunque reconoce que es una mala lectora porque lee con los ojos de la investigadora, se regocija cuando encuentra sorpresas en los libros de buenos escritores.

“Lo que hacen los escritores es llevar la gramática a unas posibilidades máximas. Yo he trabajado adverbios en mente que parecen muy aburridos; cualquier gramática nos dice que nunca jamás se escriben adverbios en mente con adjetivos de color. Nadie que esté en sus cabales va por la vida diciendo: 'rojamente' ni 'negramente'; no se usan con adjetivos de forma: 'concavamente'; la gente normal de la banqueta, como usted y yo, no los usamos, pero encuentro en Cortázar un 'pelirrojamente', es una única vez que Cortázar utiliza un adjetivo de color en toda la novela, y es justamente un momento hermoso”, señala jubilosa la filóloga nacida el 18 de diciembre, en Madrid, España, en 1954.

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Foto: Iván Stephens/ EL UNIVERSAL

¿Y al leerlo, ese pelirrojamente se vuelve objeto de estudio?

Lo que hace un lingüista es que se pregunta qué tiene el pelirrojo para que este escritor haya de alguna manera potenciado las posibilidades de la gramática e incluso transgredido lo que las gramáticas de los hablantes de la calle hacen todos los días, y entonces es un momento de la novela de absoluta transgresión.

¿Va por la vida buscando, escuchando hablar, anotando?

Anoto porque oigo un dato precioso que está vivo y que es producto de la imaginación; los historiadores de la lengua empezamos a formular una hipótesis a partir de la lengua viva. Soy una mujer muy fiel a las disciplinas porque siempre hago lo mismo: historia del español e historia en la sintaxis, de la gramática; pero al mismo tiempo soy una mujer que se aburre de los temas, es decir, cuando entiendo el tema o sacio mi curiosidad y digo "¡ah es por esto!", empiezo a pensar en otro tema.

Hay investigadores que pueden estar con un pequeño tema toda la vida, yo no, yo doy marcha atrás a mis 40 años como investigadora y aunque siempre hago lo mismo: sintaxis histórica, he abordado bastantes temas distintos, pero siempre con una óptica de qué nos dice el tema de la cultura, qué somos en el momento de hablar o de escribir.

¿Aportar para que los mexicanos nos entendamos a través de nuestra lengua?

Eso me parece que es mi aporte, el diálogo entre lengua y cultura. ¿Cómo la lengua es el soporte de la visión de mundo de los seres humanos?; es el mejor soporte porque es el más sutil; o sea, uno puede controlar la vestimenta, uno puede controlar la postura en la mesa, uno puede controlar la interacción y proximidad entre hablante y oyente, pero difícilmente puede controlar el lenguaje en la espontaneidad. Eso nos da un soporte fantástico porque la lengua es nuestro soporte de visión de mundo en cuanto que no es tan controlable, nos da la espontaneidad, así nos manifestamos.

El resumen de estos 40 años de trabajo es: dime cómo hablas y yo te voy a decir quién eres. Y ahora estoy interesada en este mundo donde hago lo mismo pero no lo mesmo, estoy interesada en cómo las diferentes tradiciones discursivas, los modos de manifestarnos discursivamente modifican, condicionan o son reflejo de modos culturales.

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Foto: Iván Stephens/ EL UNIVERSAL

¿Ese es el tema que la ocupa en este momento?

Es una obviedad lo que voy a decir, pero esta reflexión es muy reciente en la comunidad de historiadores de la gramática, no es lo mismo escribir una novela que escribir una Constitución, es una obviedad. Escribir una ley condiciona unos modos de escritura, escribir una novela condiciona otros modo de escritura y esos condicionamientos de escritura condicionan modos de visión de mundo. O sea, el creador de una novela no ve el mundo igual que un legislador, aunque pertenezcan a la misma ciudad y compran el café y hagan el supermercado en el mismo lugar.

Estos hechos han estado allí en la lengua española desde hace 2 mil años, pero no habíamos hecho esta vinculación entre visión de mundo, gramática y tradiciones discursivas, o sea, los modos de generar los discursos diferentes condicionan visiones de mundo diferente al que lo escribe y al que lo lee. Lo que hace la lengua es abrir mundos.

¿Cuándo nació su conciencia de ser una obrera de la lengua?

Ser obrero es mirar día a día el edificio a detalle, no es pose, es una realidad. Yo soy una profesional de mi disciplina y se acabó, eso es todo; como obrera de la lengua me preocupa poner bases, que es generar infraestructura, así se llama en investigación, generar infraestructura para la investigación, para que nosotros mismos y los que vienen detrás y los de al lado tengan edificios mucho más sólidos para ser mejores lingüistas, mejores filólogos, más afinados en sus miradas. Yo soy hija de mis filólogos de hace 80 años y estoy poniendo esas bases para que los jóvenes puedan mirar con herramientas más sólidas y mejores.

¿Usted ha sentado bases muy firmes?

Creo que algo que he hecho en investigación son obras de mucha envergadura, crear obras de infraestructura para que lleguen otros y puedan usarlas con la mirada que ellos decidan, entonces la Sintaxis histórica de la lengua española, que es la primera que hay para una lengua románica, es parte de esta infraestructura, de este pensar a larga distancia, y no en corta; el "Corpus CORDIAM", que radica en la Academia Mexicana de la Lengua, que codirijo con una académica del Uruguay, es poner a disposición de todo el mundo las historias textuales entre archivos de prensa o de literatura para encontrar las historias múltiples de América, pero con un gran eje común.

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Foto: Iván Stephens/ EL UNIVERSAL

Como mujer le ha tocado dar varias batallas

Nunca me he sentido discriminada, pero mis batallas han sido demostrar; ahora las mujeres están en otra etapa, es más reconocimiento, en mi época yo no pude decir "mis hijos tienen mocos o mis hijos tienen fiebre", mi marido estuvo ahí para cuidar los mocos, esa es la verdad; tuve que funcionar, digamos, como hombre, eso es un hecho. Nunca me he sentido discriminada, pero no me siento halagada por ser una de cuatro mujeres, o una de siete mujeres, sin ser minorías biológicas,  que somos tratadas como minorías sociales; es muy complejo el tema.

Supongo que mis colegas mujeres tanto de la Academia como de El Colegio Nacional, como las eméritas, sienten la misma presión, o sea no podemos bajar la guardia nunca, eso es así, ahora están cambiado las cosas, hay una legislación, hay una visibilidad, hay otras condiciones sociales y culturales, pero en mi época eran distintas. Tampoco me propuse “yo quiero ser emérita o quiero llegar a la Academia o a El Colegio Nacional”, se dieron las circunstancias y fui electa y me llena de orgullo, pero la presión de ser mujer es una presión adicional.

¿Ser mujer y demostrar bajo más presión?

Ser mujer sí implica una presión extra de que hay que hacerlo doblemente bien, doblemente mejor, de que no puedo bajar la guardia ni tres minutos, ¡ahhh! es un costal invisible que se lleva en las espaldas. Lo he dicho mil veces: “Yo no quiero que me elijas por ser mujer, porque me ofende, pero tampoco quiero que me excluyas por serlo", y ese equilibrio es complejo.

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Foto: Iván Stephens/ EL UNIVERSAL

Esa es la batalla. Nuestras madres la dieron de otra manera, fue tener acceso al trabajo, la mayoría de ellas por necesidad, como fue el caso de mi madre, yo quedé huérfana muy temprano, a los seis años, y mi madre se vio obligada a incorporarse al mundo laboral, no le quedaba de otra; para nosotras ya no era por obligación sino como una meta; y también porque quiero ser igual;  después es el quiero ser igual y quiero que me traten como igual, y para que me traten como igual tengo que ser igual; es un poco complicado. ¿Cómo he llegado aquí?, pues a veces funcionando como hombre. Esa es la realidad. Funcionando como hombre.

¿En todo ese universo qué significa recibir el Premio Nacional de Artes y Literatura?

Es un acicate más de la vida cotidiana, porque si una virtud tengo es que intento pensar en distancia, en lejos. No estoy pensando en qué tengo que hacer el día de hoy sino en cómo me quiero ver dentro de 10 o de cinco años, eso deberíamos hacer todos los seres humanos porque en la medida en que yo me quiera ver voy a poner las piedras, el caminito maya, el Sacbé, para llegar allí.

fjb
 

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