La historiadora (Ciudad de México, 1969) hace un primer trazo histórico de las mujeres en el Segundo Imperio Mexicano (1863-1867), una época de la que poco se ha explorado sobre las mujeres y su papel en ese momento político que escaló a la toma de armas y al combate.

Pani es clara en un punto: las mujeres no tuvieron un papel político relevante ya que la toma de decisiones políticas estaba en manos de los hombres en ambos lados del conflicto, sin embargo, sí tuvieron importantes funciones sociales, económicas y hasta en los enfrentamientos, hechos que son registrados en su libro : Soldaderas, escritoras y empresarias en México (Siglo XXI Editores, 2026).

Dividido en tres capítulos y con su respectiva introducción y epílogo, el libro abre con la idea de que es necesario e importante contar la historia de las mujeres del Segundo Imperio.

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El papel de las mujeres destacó no sólo en el cuidado de la familia, sino en aspectos cruciales, por ejemplo en la guerra, donde alimentaban a las tropas, reparaban uniformes, limpiaban y, a veces, tomaban las armas. Foto: INAH
El papel de las mujeres destacó no sólo en el cuidado de la familia, sino en aspectos cruciales, por ejemplo en la guerra, donde alimentaban a las tropas, reparaban uniformes, limpiaban y, a veces, tomaban las armas. Foto: INAH

“Es un primer capítulo dedicado a contar por qué es necesario narrar esta historia, por qué se tiene que hacer como tal una historia de las mujeres, porque por muchos años no se hizo, de hecho hay un poco la idea de que la mujer sólo está en casa, con los hijos, un poco al margen de la historia, se piensa que sólo se dedicaban a cambiarse los vestidos o a preparar la comida, pero justo quería mostrar la diversidad de experiencias de estas mujeres”, explica Pani en entrevista con EL UNIVERSAL.

Para la historiadora, es importante visualizar que en México cuando una mujer se casaba en ese periodo del siglo XIX no perdía su capacidad jurídica de administrar sus bienes. “En el mundo hispánico, la mujer, por ejemplo, conserva su capacidad de litigar, de ser testigo, de firmar contratos, hay toda una serie de ejercicios legales que podían hacer, incluso en el matrimonio católicos las mujeres supieron aprovechar ciertas cosas, lograron aprovechar ciertas ventajas que ahí estaban, pese a que, claro, el hombre era quien tenía más peso y más poder”, explica.

Para Pani, sí hubo un papel económico y social de las mujeres en este periodo de la historia de México, y añade que una de las cosas que no hay que perder de vista es que se tiene que estudiar a los personajes de forma individual para entender su historia.

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Pone el ejemplo de Juana Catalina Romero, una mujer que nació en una familia de escasos recursos y que, poco a poco, escaló y se convirtió en una exitosa empresaria de cigarros. “Ella es una mujer del Istmo de Tehuantepec, nace en una familia de bajos recursos, empieza a vender cigarros en la calle, poco a poco se hace de clientela y luego se vuelve una comerciante notable; Juana Cata empieza siendo una vendedora ambulante y termina siendo una empresaria notabilísima para finales del siglo XIX”, remarca Pani.

Retrato de Agnes de Salm-Salm, quien escribió varios libros sobre su estancia en México y quien intentó evitar que fusilaran al emperador.. Foto: INAH
Retrato de Agnes de Salm-Salm, quien escribió varios libros sobre su estancia en México y quien intentó evitar que fusilaran al emperador.. Foto: INAH

Evolución de los papeles

Erika Pani explica que si bien la gobernanza y la toma de decisiones política era un asunto de hombres, hubo un espacio muy bien aprovechado por las mujeres, el cual fue la pelea contra la Constitución de 1857.

La sociedad católica comenzó a temer de dicha Constitución, ya que ésta eliminaba la propiedad corporativa, además de que no declaraba al país como una república católica, lo que incomodó a gran parte de la población.

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“Parecía que esa Constitución estaba atacando a la verdadera fe, que estaba poniendo es riesgo la salvación de los mexicanos, inyectando desorden, es una visión un poco apocalíptica, y aunque muchos liberales no lo veían como un ataque directo a la Iglesia, muchos conservadores sí lo vieron así, y ahí lo que vamos a ver es la movilización de mujeres católicas”, explica la investigadora.

Agrega que este grupo de mujeres católicas tenía una base organizada previa debido a las guerras de Independencia. Así, explica Pani, las mujeres lograron colarse a la vida política, no para decidir, sino para exigir al Congreso que no se cumpliera la libertad de culto que siempre defendieron los liberales.

Mujeres del imperio

Otro grupo de mujeres que analizó Erika Pani fueron las mujeres cercanas al imperio de Maximiliano, más allá de la figura de la emperatriz Carlota.

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El libro destaca a Concepción Lombardo, esposa de Miguel Miramón. Foto: INAH
El libro destaca a Concepción Lombardo, esposa de Miguel Miramón. Foto: INAH

“No podemos pensar que el imperio es una institución feminista, no lo es, pero sí le permitió a las mujeres un espacio público. Ya se sabe que la emperatriz era la regente, desde ahí partimos, y estaban las Damas de Palacio, que tenían un papel más ceremonial y simbólico, quizá”.

Explica que dentro de la estructura había poetas, maestras de primeras letras, monjas y otras mujeres que realizaban tareas importantes. “Se abren espacios que hacen a las mujeres más visibles durante el imperio, creo que justo de este lado puedo decir que, de manera discreta, hay una presencia más encaminada hacia lo político que en otros momentos del siglo XIX”, apunta.

Del lado de los liberales, y de aquellos que defendían la soberanía, la presencia de las mujeres fue indispensable para la vida cotidiana. Pani hace énfasis en que el Segundo Imperio estuvo marcado por el enfrentamiento y la guerra, en el contexto de un país políticamente dividido.

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“La guerra exige mucho de las mujeres. Lo más sencillo: el mexicano come tortilla y esa tortilla estaba hecha por una mujer o varias, y se comía diario, por eso las mujeres eran imprescindibles en el combate, los ejércitos no se podían mover sin tortilleras, y esas mujeres muchas veces eran las esposas, madres o hijas de los soldados, las famosas soldaderas”, explica.

No sólo tenían un papel crucial en la alimentación, sino en la reparación de uniformes, entierro de fallecidos, limpieza de los campos de batalla y algunas que, por necesidad, llegaron a tomar las armas, no como mujeres, porque en esa época eso no se podía, sino que hay registros de que se disfrazaron para poder combatir al enemigo.

Otras mujeres destacadas en el periodo fueron Agnes de Salm-Salm, esposa del príncipe Félix de Salm-Salm (compañero de Maximiliano), quien escribió varios libros sobre su estancia en México y quien intentó evitar que fusilaran al emperador y a su esposo. Algunas fuentes dicen que suplicó de rodillas a Benito Juárez que no ejecutaran a su esposo, pero fracasó.

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Registro de mujeres públicas (1865). Instituto Nacional de Salud Pública. Foto: INAH
Registro de mujeres públicas (1865). Instituto Nacional de Salud Pública. Foto: INAH

Del lado liberal destaca la esposa del general Miguel Miramón (el presidente más joven que tuvo México), Concepción Lombardo, quien también escribió un libro. Ambos casos, cuenta Pani, sirvieron en gran medida para reconstruir la historia de las mujeres en este periodo de la historia.

Otra fuente importante para el libro de Pani fueron las cartas de Margarita de Juárez (esposa de Juárez), así como el testimonio de Sara Yorke Stevenson, una notable estudiosa estadounidense, que publicó sus memorias varias décadas después, apoyándose en sus recuerdos de juventud y en cartas, fotografías y recortes de periódico que había conservado por años.

Pani concluye que muchas mujeres en este periodo “tomaron el toro por los cuernos”, sin embargo, aún no se ve un estilo de gobernanza femenino, pero estaban muy presentes en estructuras legales, sociales y en las costumbres. “Es difícil hacer historia de las mujeres, eso concluyo; si algo me llevo es que vale la pena, y también encuentro estas mujeres destacadas mexicanas, creo que va más allá de la parejita romántica de Maximiliano y Carlota. En ese periodo pasaron miles de cosas alrededor y ahí estaban muchas mujeres”.

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