El conquistador Hernán Cortés está, de nueva cuenta, en medio de una polémica que alimenta las posturas políticas de diferentes ideologías y partidos, tanto en México como en España.
Un homenaje realizado a Cortés en nuestro país por la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, disparó una confrontación con el gobierno mexicano, en la que incluso la presidenta Claudia Sheinbaum ha participado, acusando que el conquistador fue el responsable de las violencias inenarrables en la Conquista.
En un México donde el gobierno en turno afirma defender los pueblos originarios y las comunidades indígenas, la figura de Hernán Cortés es utilizada para legitimar discursos, además de señalarlo como uno de los grandes villanos de la historia oficial.
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Uno de los máximos estudiosos de la historia de Cortés, el investigador de la Dirección de Estudios Históricos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), Rodrigo Martínez Baracs, apunta que este conflicto entre la izquierda mexicana en el poder, y la derecha española apoyada por grupos similares en México, es parecido a las confrontaciones desde la Independencia mexicana entre los liberales indigenistas y los conservadores hispanistas.
“Esta dicotomía fue reciclada en el siglo XX a partir de la Revolución Mexicana con la imposición de la historiografía infantil priísta de liberales buenos y conservadores malos, indios buenos y españoles malos, dicotomía retomada por el gobierno actual”, afirma.
Desde hace dos siglos, explica Martínez Baracs, se tiene a la figura de Cortés en una disputa entre héroe o villano, ya que para ciertos grupos es la persona responsable de traer la modernidad al continente, y para otros es el culpable de la violencia ejercida contra los pueblos originarios del país.
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Baracs explica que, en 1985, el escritor Octavio Paz publicó un artículo en el periódico madrileño ABC, titulado “Hernán Cortés: exorcismo y liberación”, donde pidió sacar a “Cortés de esta confrontación inútil entre dos figuras míticas, sacarlo del mito y restituirlo a la historia”, dice el historiador.
Y afirma: “El odio a Cortés no es odio a España, es odio a nosotros mismos, dijo Paz. Un odio que debemos entender para liberarnos, con la ayuda de los historiadores. Mi padre, José Luis Martínez, atendió al llamado de su amigo Octavio y escribió las mil documentadas y muy legibles páginas de su Hernán Cortés, publicado por el FCE y la UNAM en 1990, la primera biografía de él que buscó ser objetiva”.
Sin embargo, Baracs sí observa que la figura de Cortés, alejada de la historia, es usada todavía hoy para legitimar ciertos discursos o para golpear a otros. “La figura de Cortés se ha utilizado en los discursos políticos del siglo XIX polarizados entre liberales y conservadores, en contra y a favor de Cortés, discurso liberal continuado por los priístas y el gobierno actual”.
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Por su parte, la doctora en Historia por El Colegio de México, Úrsula Camba Ludlow, agrega que en las dos partes de este conflicto se está sacando a Hernán Cortés de su verdadero contexto, sin ver al personaje histórico como lo que fue, y en ambos lados, se radicaliza a la figura.
Cuestiona también que dos mujeres líderes estén en confrontación por Hernán Cortés. “Me parece absolutamente absurdo que dos mujeres en posiciones muy importantes se estén peleando por un hombre. Dos mujeres, un camino, qué horror”, añade la investigadora.
Camba, quien ha escrito e investigado sobre la historia de la Malinche y también sobre el propio Cortés, apunta que esta disputa no es nueva, pero explica que hace unas décadas hubo una apertura por revalorar al personaje y estudiarlo desde otro lugar que no fuera entenderlo como villano.
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Pero, dice, en el sexenio de Andrés Manuel López Obrador de nuevo la historia se radicalizó. “Desde 2021 hay una gran radicalización del discurso político y de la historia, fue como si hubiéramos regresado 50 años en el tiempo”.
Otra lectura que da la historiadora es que se usa a Cortés para no hacerse cargo de lo que pasa en el país, en un momento en que gobernadores son acusados por EU de narcotráfico y la violencia se desborda. “Me da la impresión de que es un pretexto para no hacernos cargo del presente, no podemos echarle la culpa de lo que está pasando a alguien de hace 500 años; claro, la violencia y desigualdad se perpetua, pero no ha llegado el momento en que se quieran cambiar las cosas”, explica.
Los restos del español
Actualmente, los restos de Cortés permanecen en la iglesia del Hospital de Jesús de Nazareno, en el Centro Histórico de la CDMX. Sin embargo, desde 1823 se gestó en la población un sentimiento antiespañol, por lo que el clima político era tenso y existía temor de que una turba atacara la iglesia para obtener los restos y destruirlos o echarlos fuera de México.
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Si bien Cortés murió cerca de Sevilla el 2 de diciembre de 1547, en 1556 sus restos fueron trasladados a la entonces Nueva España. Por un tiempo permanecieron en la iglesia de San Francisco de Texcoco, pero en 1629 se movieron a una capilla en la actual calle Madero del Centro.
“En 1794, los restos de Cortés fueron traslados de la iglesia de San Francisco a la iglesia de Jesús Nazareno, en la actual calle República del Salvador, contigua al Hospital de Jesús (en la avenida 20 de Noviembre), en un monumento situado en el presbiterio del lado del Evangelio”, detalla Martínez Baracs.
Cabe señalar que el Hospital de Jesús perteneció a los descendientes de Cortés y a otras familias de Europa, entre ellas los Pignatelli.
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Fue hasta 1823 que el político e historiador de rama conservadora Lucas Alamán decidió hacer un entierro secreto para proteger los restos de un posible ataque. Asimismo circuló la información de que los restos podrían estar fuera del país.
“En 1836 se produjo otro entierro secreto, en la misma iglesia del Hospital de Jesús, en un nicho en el muro del lado del Evangelio, donde estaba el monumento. Allí se mantuvieron los restos de Cortés, y Lucas Alamán se cuidó mucho de revelar a los historiadores y viajeros dónde se encontraban los restos de Cortés, si en México o España”, explica Baracs.
En 1946, los restos fueron descubiertos por historiadores e investigadores, luego estudiados, y vueltos a depositar con una placa de bronce que dice el nombre y fechas del conquistador. “Más allá de las opiniones, la figura de Cortés y la Conquista de México deben ser estudiados y pensados como un momento particularmente importante de la historia de México, que debe ser estudiada en una multiplicidad de facetas y puntos de vista”, dice el historiador.
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cdm
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