La narradora y poeta argentina María Negroni ha hecho de la escritura un lugar de indagación ilimitada, donde cabe la infancia como destino y la literatura como universo infinito. Para la autora de libros emblemáticos como La palabra insumisa y Museo negro, la literatura es un espacio donde imaginación se entrelaza con la resistencia poética y donde cobran forma las oscuridades mediante el lenguaje. Y desde ese espacio creativo analiza también la escritura.
En entrevista con EL UNIVERSAL, la autora nacida en Rosario, en 1951, que estuvo en México para cerrar la Fiesta del Libro y la Rosa de la UNAM con el conversatorio “La escritura desobediente”, habla de la escritura y la literatura como descubrimiento personal, y de sus dos libros más recientes publicados por Random House: Colección permanente, una obra de textos breves donde plasma sus obsesiones literarias, y de El corazón del daño, su libro más íntimo que recupera momentos de su vida, a partir de su relación y muerte de su madre.
¿Estos libros recientes son un balance de lo que ha sido su vida en la escritura?
—A veces yo digo que no se trata de por qué uno sigue escribiendo y sigue y sigue, porque como decía Octavio Paz, él decía que los poetas somos como Sísifo, que llevamos la piedra arriba y la piedra cae. Y él decía: "Eso es un castigo, pero también es un don”. Porque nunca quedamos satisfechos del todo, porque lo que el lenguaje puede tocar no es ni una décima parte de lo que ansiaría tocar.
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¿Colección permanente es un homenaje a los libros, el lenguaje, los escritores?
—Este libro nació de que me invitaron a hacer el discurso de apertura de un festival internacional de literatura en Buenos Aires y ahí escribí, claro: es toda una vida dedicada a la escritura. Y además en los últimos 10 años creé una maestría en escritura creativa en una universidad pública de Buenos Aires y he estado enseñando también, o sea, transmitiendo. Entonces, yo digo: Bueno, cómo sería lindo ponerlo por escrito, porque la gente joven, los que vienen, que van a tomar la antorcha, es casi como, no diría una obligación, pero sí como dejar una huella de ese trabajo. Abrirles el camino porque antes que escritora, soy lectora. Siempre cuando me gusta un escritor o una escritora, lo que pienso es: ay, cómo me gustaría que me contara qué es lo que piensa de la escritura. Me interesa, ¿qué escritores lee?, ¿cómo es su biblioteca secreta? Todo eso es algo que a mí me gustaría saber. Entonces digo: Bueno, ¿por qué no hacerlo? Y dejarlo ahí en un libro.
¿Qué tan complejo fue abordar la relación con su madre en El corazón del daño?
—Con El corazón del daño pasó una cosa interesantísima. Yo había firmado un contrato con una editorial argentina que me había pagado un adelanto muy importante, el más importante que me pagaron en la vida y era para escribir un libro sobre los libros, una colección donde tienen a muchos escritores sobre la relación del escritor o la escritora con los libros. Entonces yo dije que sí y abrí un archivo, y empecé a escribir y empecé así: “En la casa de la infancia no había libros”. Yo no los recuerdo, según mi madre sí había, pero yo no recuerdo ninguna biblioteca.
Escribo este fragmento y mi madre estaba muriéndose en ese momento. Y se muere. Entonces yo digo: yo no estoy para escribir este libro. Hablé con la editorial, ellos insistieron, pero no pude, les dije: miren, yo les devuelvo el dinero, pero no quiero quedar con esto, no puedo escribir ahora.
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Hicimos eso, rescindimos el contrato. Pasan los años, mi madre se murió en 2016, y un día veo en el escritorio de la computadora: “Libros en la casa de la infancia”. Yo le había puesto ese título al libro. Abro y empiezo a escribir. No paré más y salió ese libro, que es un libro de muchas cosas, pero una de las cosas que tiene es el duelo por la muerte de la madre. Así que los libros deciden.
¿Le llegó el tiempo: del duelo, del dolor, de la ausencia?
—Yo digo que tiene como dos partes. El libro, por un lado, es el duelo por la muerte de una madre muy conflictiva. Y por otro lado es, como trazar una especie de autobiografía de escritora. O sea, ¿cómo llegué? Que es una pregunta que yo soy la primera sorprendida. O sea, ¿cómo llegué a ser lo que soy hoy?
El otro día escuché o leí, no me acuerdo, que el padre le decía a la hija: "Conviértete en quien eres". Que es maravillosa esa frase, y lo que uno trata de hacer, no es convertirse en otro, sino convertirse en lo que uno es en el fondo, es la esencia. Todos tenemos una esencia. Así que son esas dos cosas.
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¿Y es también lenguaje, es definir su relación con la madre a través de nombrar?
—Sí, claro, está todo. Creo que es un libro crudo, muy desnudo, también muy expuesto y que toca. Sentí que tenía mucha libertad en ese momento, que me fui para aquí, para acá, que traté de abarcar incluso momentos de la vida que no tienen específicamente que ver con la escritura, pero que la han alimentado, la han informado, por ejemplo, mi participación como militante política en los 70. Creo que era el momento de decir: acá estoy.
¿Este es el libro más personal, el más íntimo?
—Sí. Por eso decía: el más desnudo. Hago este gesto porque es como un gesto de: acá estoy, esto es lo que soy, es lo que pude pensar o lo que sentí. Es una obra muy fuerte. A veces decimos: te tomó, no sé, dos o tres años. A mí me tomó toda la vida. Todo lo que he hecho antes era necesario para llegar aquí.
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