El arquitecto Smiljan Radic Clarke (Chile, 1965) se encuentra en la Ciudad de México, donde hoy, después de 35 años, se volverá a entregar el Premio Pritzker 2026, galardón considerado el “Nobel de la arquitectura”. La Fundación Pritzker, que reconoce las trayectorias de los arquitectos más destacados, regresa a México, después de 35 años, para celebrar la ceremonia; en esta ocasión eligieron el Castillo de Chapultepec como escenario en donde Radic Clarke dará su discurso de aceptación.
Smiljan Radic Clarke es un arquitecto de perfil discreto, cuya personalidad se refleja en sus diseños austeros, pero también en su forma de trabajo, pues la oficina del creador está conformada por un equipo pequeño y tiende a trabajar más a nivel local, en Chile (de los 62 proyectos que ha construido, seis han sido en el extranjero). Es por eso que recibir el máximo galardón de la arquitectura lo ha impactado:
“Es raro. Mi oficina es muy pequeña, trabajo en relación a muy poca gente, muy pocos amigos a lo largo del mundo, entonces es un trabajo bastante comprimido, acotado y esto es como una explosión”, dice Radic Clarke en entrevista con EL UNIVERSAL.
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El arquitecto es egresado de la Pontificia Universidad Católica de Chile y del Istituto Universitario di Architettura di Venezia. Durante su formación hubo un instante de duda con respecto a dedicarse a la arquitectura e incluso consideró cambiarse a Derecho, cosa que no ocurrió por “flojera”. El haberse mantenido en ese camino profesional lo llevó a diseñar peculiares edificios que suelen estar elevados sobre el territorio, en vez de surgir de él, como el Teatro Regional del Biobío, el restaurante Mestizo, el pabellón que diseñó para la Serpentine Gallery, la Casa Carbonero (hecha de adobe y con forma esférica) y la Casa para el Poema del Ángulo Recto (inspirada en un poema de Le Corbusier). Este conjunto de creaciones es el que ha hecho al jurado reconocer a Smiljan Radic Clarke como un arquitecto rebelde, que va en contra de los cánones, con un acercamiento “poco ortodoxo” en el diseño, que prioriza “la fragilidad sobre la certidumbre”. Esto no habría sido así si Radic Clarke no se hubiera contagiado por la fascinación que sentían sus profesores en Venecia por la arquitectura y así fundar su oficina en 1995.
La idea de priorizar la “fragilidad sobre la certidumbre” puede parecer antagónica en un campo que consiste en la construcción de edificios, pero para el chileno, cuyas estructuras son sostenidas por rocas con pilares encima o varillas de acero, esa idea no le causa ruido porque es algo que se ha trabajado en la historia de la arquitectura, sobre todo en proyectos efímeros, como los pabellones que se presentan en la Serpentine Gallery o en la Bienal de Venecia, en la que participó en 2010.
“En la arquitectura de los 90 y en la arquitectura del 2000 han sido los proyectos más influyentes en la historia de la arquitectura. Lo bello es que puedes hablar de algo que duró 15 minutos y de otro que lleva siglos esperando que lo visites: a los dos los puedes poner bajo la palabra arquitectura”, afirma.

El arquitecto difiere con el jurado con respecto a la “rebeldía” en su trabajo: “Mis proyectos no son reaccionarios, no reaccionan frente a otras cosa. Mis proyectos tienen que ver con una manera de hacer, que es la única manera que sé hacer, no tienen que ver con otros ni con la realidad que esté pasando en otros lados, me interesa bastante poco”. Al preguntarle cómo describiría aquello que sabe hacer de una única manera, dice que describir su trabajo es una pregunta que lo incomoda, porque se ve obligado a hacer una “sobrelectura” de su trabajo y de “armar una familia con componentes dispares”, pero considera que su trabajo tiene un trasfondo con la austeridad en la estructura y los materiales: “tienden a dejarse en los huesos, a dejarse lo más sin grasa posible, o sea, sacarle toda la cosa superflua que existen en las construcciones, que normalmente existen. No es tratar de llegar a algo ‘esencial’, sino llegar a algo ‘justo’ para lo que se necesita en ese momento y en ese lugar es preciso”.
En lo arquitectónico, Radic Clarke, dice que en Chile hay una “reverencia a la naturaleza”, pero a él lo que le interesa es trabajar en la ciudad, “porque son los alrededores naturales a los cuales nos enfrentamos” y considera que ]”uno debería estar pendiente de su alrededor”. Pero afirma que a él no le corresponde y no sabe resolver problemáticas urbanísticas, pues el rol social de un arquitecto es simple y llanamente es dedicarse a hacer “un buen edificio”. “Saber los límites en los que tú trabajas es lo más importante de tu trabajo. Si tú crees que tus límites pueden ser indefinidos, tu trabajo está perdido”, aconseja.
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Para el ganador del Pritzker, las ideas habitan dentro de cosas, por lo que su objetivo es crear espacios que propicien el descubrimiento de ideas. Es así como se hace “un buen edificio”:
“Hoy por hoy tiene que ver, al menos los edificios que a mí me interesan, con cierto frescor, que exista en el edificio una manera de reconocer y entender la realidad de una manera distinta y que eso provoque que en otros exista cierto input, una cierta manera de abordar la realidad de otra forma, que no sea convencional o la del status quo, y trata de pensar los problemas de otra manera. Los edificios que hacen eso adquieren una importancia social”, concluye.
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