El imponente Castillo de Chapultepec fue el escenario en el que se entregó el Premio Pritzker 2026 al discreto arquitecto Smiljam Radić Clarke (Chile, 1965).

Esta ceremonia ocasionó que por una noche la Ciudad de México se convirtiera en el epicentro mundial de la arquitectura al reunir a arquitectos como Alejandro Aravena, chileno, ganador del Pritzker 2016 y ahora jefe del jurado del Pritzker; Diébedo Francis Kéré, ganador del premio en 2022; Anne Lacaton, la ganadora de 2021 y miembro del jurado, y Kazuyo Sejima, japonesa y laureada con este mismo premio en 2010, por mencionar algunos.

Figuras de la arquitectura mexicana también estuvieron presentes como Enrique Norten, Miquel Adrià, Andrea Griborio, Manuel Rocha y Fernando Romero, así como personajes de la escena cultural local, como la directora del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, Alejandra de la Paz; la curadora especializada en diseño, Ana Elena Mallet; el director de la Casa Luis Barragán, Guillermo Eguiarte; la directora del Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey, Taiyana Pimentel, y el curador en jefe del Museo Jumex, Kit Hammonds.

La última vez que había pasado esto en la capital mexicana fue hace 35 años, cuando el galardón a Robert Venturi, en el Palacio de Iturbide, en 1991.

La selección del lugar de premiación se elige con un año de anticipación y no tiene que ver con el laureado, en este caso Radić Clarke, sino que es una decisión de la Fundación Pritzker, con el fin de asentar sin lugar a dudas el alcance internacional que tiene el premio.

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México también estuvo presente en el discurso de Smiljan Radić Clarke, a través de la figura de Luis Barragán, a quien agradeció por varios detalles de “su casa en la Ciudad de México”.

Entrega del Premio Pritzker en Ciudad de México.
Foto: Frida Juárez/EL UNIVERSAL.
Entrega del Premio Pritzker en Ciudad de México. Foto: Frida Juárez/EL UNIVERSAL.

El discurso del ganador fue uno muy a su estilo, “un collage sin sentido en mi cabeza”, como lo describió el propio Radić Clarke, quien abordó múltiples ideas al mismo tiempo. La complejidad para entender la mente del arquitecto chileno también la abordó Aravena, quien contó que si bien este fue el veredicto al que más rápido han llegado como jurado, escribir la argumentación fue de lo más difícil porque “lo que hace Smiljan son certezas inefables”.

Sin embargo, frente a la torre “El Caballero Alto” y los jardines de Alcázar del Castillo, Radić Clarke agradeció primero a la arquitectura para de ahí partir a mencionar los más minuciosos detalles arquitectónicos, creados por el humano o por la naturaleza.

“Quiero agradecer a la arquitectura, en particular quiero agradecer a la luz trasera que habita en el pasillo del Palacio de Asamblea en Chandigarh”, fue como Radić comenzó para después enumerar que lo han inspirado al sonido del agua, al vacío de una cueva, la noche fría que pasó en un convento, una flor perdida en sicilia, los papeles con dibujos estudiantiles sobre la tumba de un arquitecto, así como los dibujos de Le Corbusier.

Agradeció a las “pesadas piedras” de Rapa Nui, a los cielos Moai, a las piedras que están en las faldas de la isla de Croacia de la que zarpó su padre para migrar a Chile, los “torcidos árboles de higo y viejos olivos que están de pie en medio de ruinas insignificantes”, a “Biografia scientifica di Rossi, los mejores tratados de arquitectura de nuestros tiempos”, al pabellón de arquitectura que presentó Kazuyo Sejima en la Bienal de Venecia en 2010 y hasta a los “plásticos inflables de la contracultura de finales de los 60”.

Entrega del Premio Pritzker en Ciudad de México. Foto: Frida Juárez/EL UNIVERSAL.
Entrega del Premio Pritzker en Ciudad de México. Foto: Frida Juárez/EL UNIVERSAL.

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La fiesta de gala, que comenzó y concluyó en el hotel Hyatt Regency —la familia Pritzker es propietaria de la cadena—, también incluyó un breve recorrido por las salas del Castillo de Chapultepec, donde claramente los planos y las pinturas que mostraban la distribución panorámica de la ciudad eran las que más interesaban a los arquitectos.

La breve ceremonia, fue seguida de una elegante cena, en la que los asistentes siguieron el ejemplo de Radić Clarke y no perdieron de vista los detalles, como la ausencia de música y de un buen baile, así como las hermosas peonias rosas —favoritas de Margot Pritzker, quien estuvo presente— que los invitados se llevaron como recuerdo de la noche que se entregó el Premio Pritzker 2026.

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