Investigaciones recientes en torno al poeta patrio, Ramón López Velarde, documentan que Margarita Quijano, que Fernando Fernández considera la gran musa del poeta jerezano, está presente de manera cronológica en La sangre devota, el primer libro publicado por López Velarde, pero sobre todo en Zozobra, la que es considerada la gran obra poética del siglo XX.
Ese nuevo dato es parte sustancial de la investigación que realiza el poeta y ensayista Fernando Fernández, quien ha ido descubriendo algunas de las intimidades de su vida y su obra en un nuevo libro en torno a López Velarde. En este día en el que suele recordarse al considerado “poeta patrio”, en entrevista Fernández advierte e insiste también en que en las Obras reunidas que forma parte del catálogo del Fondo de Cultura Económica, contiene cientos de errores y erratas que hay que corregir en una obra que sigue circulando; pero además, que a 105 años de la muerte del autor de La suave patria sigue habiendo zonas de su obra que falta trabajar.

Fernando Fernández cita hallazgos en torno a Margarita Quijano, musa de López Velarde: “me di cuenta que la docena más o menos de poemas que le dedica, que están uno en La sangre devota y el resto en Zozobra; a la hora de armar Zozobra, López Velarde los colocó en el orden cronológico, en el que los vivió y escribió. Es decir, la estructura de Zozobra básicamente está planteada, bueno, esto es un poco prematuro decirlo porque todavía no me meto con Zozobra como me metí con La sangre devota, pero lo que yo alcanzo a ver, ahora que destaqué los poemas que los críticos dicen que están inspirados por Margarita, están colocados en orden cronológico y me emocionó darme cuenta al interrogar el libro cuál fue la intención de López Velarde dándole un sitio privilegiado a esos poemas en la estructura del libro”, explica Fernández.
El también integrante de la Academia Mexicana de la Lengua y del Seminario de Cultura Mexicana asegura que Margarita Quijano es un campo abierto a los investigadores y las investigadoras para traer a la luz a una mujer extraordinariamente culta que fascinó a los poetas de su tiempo, “que fue amiga de Amado Nervo y de Salvador Novo, a quien Carlos Pellicer idolatró y prácticamente no hay nada sobre ella. Yo he tratado de interrogar a las fuentes sobre quién era y a partir de esta pequeña base, un poco frágil de lo que he conseguido saber, leer a fondo los poemas y las cosas de López Velarde para saber qué dice él de ella”.
Una investigación que Fernando Fernández ya concluyó es un profundo ensayo sobre La sangre devota. Se trata de un ensayo extenso donde “voy comentando poema por poema, como si el libro hubiera aparecido hoy, qué diría yo de él sin consideraciones críticas, históricas, como poesía desnuda. Un lector analizando poemas desnudos de comentarios y de circunstancias históricas, ¿qué me dice cómo poema?, ¿qué verdad tiene?, ¿qué belleza tiene?. Descubrí que el libro está perfectamente estructurado y el poema que está en el centro es un capelo con la imagen de Fuensanta convertida en una virgen”, afirma el ensayista.
Poeta patrio
En ese contexto, Fernández dice que el poema de La suave patria que dio a López Velarde el estatus de poeta patrio, el zacatecano lo escribió en los meses anteriores a su muerte tras varias derrotas políticas. Y que luego de su muerte y gracias a José Vasconcelos, Obregón y el poder lo toman como bandera del poeta revolucionario. “Pero para nada fue eso, lo que pasa es que en sí mismo el poema es tan bello, tan sutil, delicado y es tan exquisita su visión y su sentimiento de México, que es irresistible. Solo que ahora nadie se lo sabe ni se lo aprende”.
Como parte de esa puesta en su lugar que se le debe dar a López Velarde, Fernando Fernández afirma que el gran pendiente es limpiar los cientos de errores y erratas que contiene su Obras reunida que edita el Fondo de Cultura Económica de tanto en tanto sin que haga un trabajo editorial.

“Yo creo que la biografía irá dando ya pocas sorpresas, porque hemos estado muy encima de los documentos, claro que de cuándo en cuándo surge algo interesante que hay que atender, pero habría que ordenar su Obra reunida, limpiarla, hacer una edición digna, porque la edición con la que hemos trabajado, que es la de José Luis Martínez, es muy meritoria, todos hemos aprendido en ella, todos estamos agradecidos con José Luis Martínez, pero ya se quedó vieja la edición. No solo porque hay otros puntos de vista, sino porque hay otros investigadores. Lopez Velarde debe tener lo que se merece en los días actuales y poderlo proyectar hacia el futuro, porque a nada llegamos con esa edición tan defectuosa y ya tan envejecida como la del Fondo de Cultura Económica”, afirma el poeta.
Dice López Velarde “es tan grande y tan intenso y tan brutal”, que “no agotas jamás lo que Ramón López Velarde te enseña y tampoco agotas, porque no tienen respuesta, muchas de las preguntas que suscita su obra y su vida”, afirma del poeta que se ha entronizado como el poeta de la patria o el poeta revolucionario, pero que para Fernández hay “un otro López Velarde fuera de La suave patria”.
Lo dice desde los trabajos que él tiene abiertos y en proceso sobre el poeta jerezano, entre ellos un ensayo extenso a La sangre devota, en el que va comentando el libro, poema por poema, un trabajo profundo, así como la reconstrucción de la relación que Ramón López Velarde tuvo con Margarita Quijano, su gran musa, y de la que ha dado un primer esbozo en su texto “Señorita con nombre de flor”, que es como la llama López Velarde.
En esa indagatoria para comprobar que Margarita es una de las personas que más habían influido en su vida, Fernando Fernández ha ido a la crónica de López Velarde en los periódicos, donde dice, también se puede ver que fue un enorme prosista, “me fui a las crónicas, a El don de febrero y otras prosas y a todos esos textos que él fue publicando como páginas periodísticas donde va soltando aquí y allá detalles de su vida, que son fascinantes todos. Se antoja leer todo eso e ir tomando lo que va contando de sí mismo y reunirlo en un solo libro. Ese sería un proyecto bien bonito”.
Pero ahí no detiene su búsqueda permanente alrededor del poeta. Otro de los misterios que ha intentado resolver desde hace tiempo es el enigmático caso del poema “El sueño de los guantes negros”, una obra que López Velarde dejó inconclusa y del que la Academia Mexicana de la Lengua conserva el manuscrito original, pero que se halla muy dañado, y que es un enigma para la legión de estudiosos de Ramón López Velarde.
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