¿Los tienen una identidad definida? La respuesta, probablemente para muchos, sea que no, debido a una serie de factores como la Conquista, el mestizaje y, de una forma casi inconsciente, la fuerte influencia de Estados Unidos en la forma de vivir, pensar y consumir de los habitantes de México.

De manera histórica, la influencia y presencia de Estados Unidos y otros procesos han interferido en la forma en que la sociedad mexicana percibe su realidad y su existencia.

Desde la se intenta dar respuesta a la existencia del ser humano, como el existencialismo arrojado en La náusea (1938) del francés Jean-Paul Sartre, quien abordó la falta de sentido inherente a la vida, o la del también francés Albert Camus, quien en La peste (1947) abordó el sentido de existir desde el absurdo.

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Sin embargo, es aventurado pensar que las corrientes filosóficas europeas del siglo XX podían aplicarse y definir totalmente al mexicano, específicamente si se piensa en la vulnerabilidad y sin sentido planteado por el existencialismo europeo, ya que la historia de México es la de un pueblo en gran medida precario, saqueado y humillado.

Ante esa necesidad de dar respuesta a la existencia mexicana es que un grupo de pensadores y filósofos de mediados del siglo XX decidió responder una sencilla pregunta: ¿qué es ser mexicano? El nombre de ese grupo fue Hiperión, y reunió en un círculo a figuras como Luis Villoro, Leopoldo Zea, Ricardo Guerra, Jorge Portilla y José Gaos, entre otros.

La historia de estos pensadores y la de uno de sus mayores exponentes, el filósofo Emilio Uranga, son narradas y documentadas de forma extensa en el libro La razón pendular de Uranga. Una historia del existencialismo mexicano (Editorial Herder, 2025), de la autoría del investigador José Manuel Cuéllar Moreno (Ciudad de México, 1990), quien pretende no sólo explicar las aportaciones de estos pensadores, sino ofrecer una introducción a la filosofía mexicana del siglo XX.

El investigador José Manuel Cuéllar hace una crítica al concepto de humanismo mexicano que usa AMLO. Fotos: Archivo / EL UNIVERSAL y Herder
El investigador José Manuel Cuéllar hace una crítica al concepto de humanismo mexicano que usa AMLO. Fotos: Archivo / EL UNIVERSAL y Herder

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En entrevista, Cuéllar Moreno reflexiona sobre la identidad actual de los mexicanos, las aportaciones del existencialismo nacido en el Grupo Hiperión, el legado de Emilio Uranga, y hace una crítica sobre el concepto de Humanismo Mexicano —nacido en el sexenio de Andrés Manuel López Obrador— y anunciado frecuentemente por los gobernantes en turno, término que asocia de forma directa con otros pensadores de mediados del siglo pasado.

Para el catedrático de la Universidad Panamericana, el existencialismo mexicano fue una forma de hacerle frente a la conquista mental y cultural que se vive todavía hoy por parte de EU. “La filosofía y el existencialismo mexicanos es, en buena medida, un intento de emancipación mental y cultural. Es una reivindicación de los pueblos periféricos. También lo que quiere en buena medida el existencialismo mexicano es reivindicar saberes, oponerse a esta razón instrumental moderna, oponerse a la voracidad apropiativa de los extranjeros”, señala Cuéllar.

El autor apunta que es necesario comenzar a juzgarnos con una escala de valores propia, no ajena ni impuesta por otros países.

“Ante los hechos actuales, considero, es un buen momento para volver a nuestros maestros espirituales, desempolvar esas categorías que ellos usaron para definirnos, como la zozobra, el azar, la insuficiencia, la oquedad”.

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La lección del existencialismo mexicano

Para Cuéllar, y siguiendo las reflexiones de los miembros de Hiperión y del propio Uranga, el mexicano es “aquello que no se puede definir”. “Esa es la gran conclusión del libro, y la lección principal del existencialismo mexicano, lo mexicano es una decisión que tenemos que ratificar día a día, el mexicano está en construcción, lo mexicano es eso que nos permite transitar, y que se conecta de forma universal con el existencialismo, nadie tiene la vida garantizada, de alguna forma, todos somos migrantes en este mundo”, subraya.

El investigador realizó una investigación exhaustiva para la confección de su libro, especialmente sobre el grupo Hiperión y sus primeros pasos, dados en los cafés de la calle Bucareli, en una época cuando la Facultad de Filosofía se encontraba en el Centro Histórico.

“Estos filósofos jóvenes toman el camino y toman la pregunta, que está ahí en el ambiente, sobre qué es lo mexicano, y la responden desde el existencialismo. ¿Qué nos dice ese existencialismo? Que no podemos ofrecer definiciones cosificantes de nada, absolutamente nada. Es decir, aquello que nos une como mexicanos es lo que nos une a todos como seres humanos. No una nacionalidad, no un anclaje geográfico, no un color de piel, lengua o género, lo que nos une es el dolor fluyente de nuestros penados corazones”, detalla el filósofo.

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Sin embargo, en un intento para definir la forma de vivir y existir del mexicano, Cuéllar Moreno propone dos elementos clave: la imitación al extranjero y la exaltación nacionalista. “El mexicano oscila como un péndulo entre estas dos actitudes, entre la imitación al extranjero y también entre la exaltación nacionalista. Lo que querían estos jóvenes pensadores mexicanos de finales de los 40 era combatir este prejuicio, expropiar la filosofía, así como ya se había expropiado el petróleo, y también querían llevar a cabo la emancipación mental del mexicano”, detalla el investigador.

Fue Emilio Uranga quien utilizó el término “Nepantla” para explicar lo mexicano, un concepto tomado de la lengua náhuatl y que no tiene traducción a ningún idioma occidental. Significa, precisamente, participar simultáneamente en dos extremos opuestos.

“La filosofía mexicana, gracias a esta categoría de Nepantla, se plantea como una filosofía de la ambigüedad, de la encrucijada, de la zozobra. La gran lección que la filosofía mexicana tiene que enseñarle al mundo es que la situación normal de la realidad, por decirlo así, es la crisis y todo eso se designa con la metáfora del péndulo, una razón que no es estática, una razón que no es instrumental, una razón que no es binaria, una razón inquieta, zozobrante”, abunda.

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En tiempos donde resurgen los totalitarismos, la guerra y la intolerancia, el existencialismo es una forma de pensamiento para hacerles frente. “Los existencialistas mexicanos se oponían a cualquier tipo de determinismo y al correlato político del determinismo, que es el totalitarismo. De modo que sus advertencias hoy siguen vigentes”.

Existencialismo mexicano

Para Cuéllar Moreno existe una relación directa entre el existencialismo y el humanismo mexicanos, concepto político usado en el gobierno de López Obrador y que sigue siendo repetido por la presidenta Claudia Sheinbaum.

Sin embargo, explica el investigador, los conceptos retomados por el mandatario ya habían sido expuestos en otras épocas de la historia, incluso por el Grupo Hiperión y el existencialismo mexicano.

El filósofo Emilio Uranga fue uno de los grandes exponentes del grupo Hiperión. Foto: Ricardo Salazar
El filósofo Emilio Uranga fue uno de los grandes exponentes del grupo Hiperión. Foto: Ricardo Salazar

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“Tenemos una larga y muy robusta tradición de humanismo mexicano, desde pensadores como Alonso de la Vera Cruz, que defendían la autonomía de los naturales de América, hasta pensadores ya del siglo XVIII, como Francisco Javier Clavijero, que también defendía la dignidad y la capacidad de autodeterminación de los americanos; creo que el clímax de ese pensamiento actual que usa la 4T, sin duda, fue con el Grupo Hiperión”.

Es conocido que los hiperiones tuvieron relaciones cercanas con el poder, específicamente con el PRI. El grupo Hiperión estuvo activo de 1948 a 1952, año en que Leopoldo Zea es nombrado por el presidente Adolfo Ruiz Cortines como jefe de Cooperación Intelectual de la Secretaría de Educación Pública.

Más tarde otros miembros del grupo tuvieron también puestos en el gobierno.

El único que quedó relegado fue Emilio Uranga, quien no tuvo puestos diplomáticos o de importancia. Sin embargo, explica Cuéllar, éste vio con buenos ojos la candidatura de Adolfo López Mateos, por lo que asistió a una reunión convocada por el entonces candidato.

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A esa reunión asistió Octavio Paz, otra figura clave en la reflexión del ser mexicano. Aunque en un inicio la relación entre Paz y Uranga fue positiva, hubo un importante quiebre provocado por los grupos de poder en los círculos intelectuales.

“Lo que le molestaba profundamente Emilio Uranga era esta cultura mexicana de mandarines y de grupos, estuvo en contra, él nunca se adscribió a un grupúsculo. Lo vemos pensar y filosofar de manera independiente, yo creo que le molestó el fenómeno Octavio Paz más que la figura concreta de Paz”.

Octavio Paz (izquierda) en una reunión convocada por Adolfo López Mateos. Foto: Especial
Octavio Paz (izquierda) en una reunión convocada por Adolfo López Mateos. Foto: Especial
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