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La invasión de Ucrania por parte de Rusia es el último capítulo de un profundo enfrentamiento político y geográfico que ha sido ampliamente reflejado en la literatura pero que ha trascendido las relaciones internacionales para afectar a muchas cuestiones culturales, traspasando la frontera de lo ideológico hasta llegar incluso a tener efecto en la gastronomía.
La literatura, el principal instrumento de narración
El conflicto entre Ucrania y Rusia ha tenido su reflejo en la literatura , según explica a Efe el escritor nacido en Ucrania y residente en España Dimas Prychyslyy , ganador del Premio 25 Primaveras de Novela, que destaca como uno de los autores más relevantes que ha abordado este tema al poeta, novelista, ensayista y traductor ucraniano Serhij Zhadán.
Es en su libro "The Orphanage" (2017), donde Zhadán cuenta una historia devastadora de la lucha de los civiles atrapados en el conflicto en el este de Ucrania, una cruda novela en la que relata la historia de un profesor de lengua ucraniana que, cuando soldados hostiles invaden una ciudad vecina, parte hacia el orfanato donde vive su sobrino Sasha, ahora en territorio ocupado, para traer el niño a casa.
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También, desde un punto de vista más histórico, el autor súperventas Vasyl Shklyar aborda el tema en "El cuervo negro", donde habla de la insurrección de 1920 contra el ejercido durante la Guerra de independencia de Ucrania, una novela en la que se basó la película del mismo nombre dirigida en 2019 por Taras Tkachenko.
"Cuadernos ucranianos", un cómic italiano imprescindible
El italiano Igort ahonda en "Cuadernos ucranianos" (Sin Sentido, 2011) en las biografías de los supervivientes del "holodomor", cuya traducción aproximada sería "matar de hambre", un sustantivo que ha pasado a la historia como "el genocidio ucraniano".
Entre 1932 y 1933, la URSS provocó una hambruna criminal en la República de Ucrania. Los campesinos habían rechazado la colectivización impulsada desde Moscú, que en represalia confiscó las reservas alimenticias de millones de ucranianos. La situación derivó en la muerte de un cuarto de la población del país.Un holocausto que, según dijo a Efe el artista italiano, "sigue siendo un tema tabú".
Y de la mano de Igort, y tras visitar varios años Ucrania, Rusia y Siberia, está "Cuadernos ucranianos y rusos", una obra (Salamandra, 2914) donde recogió lo ya publicado en el anterior cómic y le sumó el asesinato de la periodista y activista rusa Anna Politkóvskaya en 2006.
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La pelea llega hasta la sopa
Hasta la gastronomía refleja la tensión permanente entre ambos países, escenificada principalmente por la sopa 'borsch', cuya autoría y representatividad se disputan los dos. De hecho, Ucrania pidió en 2021 a la Unesco su reconocimiento como patrimonio cultural inmaterial para poner punto y final al debate sobre la nacionalidad de esta elaboración a base de remolacha, repollo, patatas, tomate, carne y smetana (crema agria).
El dossier de la candidatura, de 700 páginas y cuyo dictamen se espera el año próximo, señala que ya en 1548 hay constancia de un mercado de borsch cerca de Kiev, y que han sido los emigrantes ucranianos los que la han dado a conocer en el mundo; desde Rusia, contraria a este reconocimiento, se alega que cuando se creó no existían ni Rusia ni Ucrania, sino el reino eslavo de la Rus de Kiev.
De origen campesino, el 'borsch' llegó hasta la corte imperial rusa, siendo uno de los platos favoritos de los zares Alejandro II y Catalina II, y hasta el espacio, entubada como parte de la dieta de los tripulantes rusos de la Estación Espacial Internacional.
fjb
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