El Covid, a punto de llevarse al baile al Salón Los Ángeles

Cultura 14/08/2020 00:23 Alida Piñón Ciudad de México Actualizada 10:24
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El cierre del lugar por la pandemia ha provocado una crisis para el dueño y trabajadores. Si las donaciones y el semáforo no los salvan, el mítico sitio podría ser derrumbado

El Salón Los Ángeles, dice su dueño y administrador, Miguel Nieto, podría desaparecer en los próximos meses si la pandemia no permite su reapertura. Hasta ahora, advierte, podría sobrevivir si el semáforo marca el color verde a finales de septiembre, si no, el plan podría ser el derrumbe. Sus orquestas asiduas han tenido que cambiar de giro, algunos músicos, cuenta el director de La Nueva Nostalgia, dedicado a diversos ritmos como la salsa, el danzón y la cumbia, ahora venden hasta garnachas para mantenerse a flote mientras se abren de nuevo las pistas de baile. Sus clientes más fieles, como Carlos y Patricia, han organizado coperachas comunitarias para intentar salvar el último salón de baile que guarda en sus paredes una historia de 83 años.

El pasado 8 de agosto el Salón cumplió 83 años y, si el baile no es posible, proponen ser un set para películas, un lugar para banquetes o actividades culturales para niños y jóvenes, o rentar el espacio para cualquier otra actividad comercial en donde se requiera un espacio de 2 mil 300 metros cuadrados. Si los dejan bailar, explica Nieto, ofrecen días con ritmos que se bailen en rutinas en fila como el chachachá, tal y como empezó en los años 40. Mientras tanto, llaman a sus seguidores a hacer una donación.

Los Ángeles es el salón más antiguo del país, inició en una bodega de carbón en una zona que, a finales de los años 30, era considerada como uno de los márgenes de la ciudad, y estaba muy cerca de ferrocarriles en Buenavista. Fue fundado por Miguel Nieto Alcántara, en ese entonces se bailaba swing, danzón, incluso charleston y foxtrot; después, en 1948, lo toma Miguel Nieto Hernández, ya con la época del mambo y el chachachá, y es él quien decora el lugar como actualmente se conoce, como sus colores neones y espejos en las columnas, y es quien inventa el lema: "Quien no conoce el Salón Los Ángeles, no conoce México". A la muerte de Nieto Alcántara, la administración pasó a manos de Miguel Nieto Applebaum en 1972, junto con su hermana y su madre, y son quienes impulsaron la nueva cumbia, la salsa, música tropical y otros ritmos.

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En 83 años han tocado en el salón desde Celia Cruz, Damaso Pérez Prado, Toña La Negra, la Sonora Santanera, Carlos Campos, Acerina y su Danzonera, Felipe Urban, Willy Colón, entre muchos otros.  Y en su pista han desfilado escritores, intelectuales, figuras de la farándula, como Silvia Pinal, Carlos Fuentes, Mario Moreno "Cantinflas", Gabriel García Márquez, María Rojo, Carlos Monsiváis. Ahí también se han filmado películas como "Esquina bajan", "Tívoli", "Danzón", "Una gallega baila mambo", y se han grabado videoclips, comerciales y documentales.

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Es el más antiguo del país; inició a finales de los años 30, cerca de ferrocarriles de Buenavista. Foto: CORTESÍA SALÓN LOS ÁNGELES

 

Su historia, dice Miguel Nieto, es importante, pero su valor radica en que es un lugar histórico que sigue vivo. "Es un reducto que nos resume, en un espacio relativamente pequeño, costumbres mexicanas, ritmos que se impulsaron desde aquí. Al salir del salón, en 10 cuadras a la redonda, podemos tener un resumen de la historia de México. Por eso recibimos turismo nacional e internacional, vienen a conocer un espacio que no se encuentra en ningún otro lugar del mundo, con esta música, con el mismo edificio desde 1937, con gente de todos los barrios, de distintas clases sociales conviviendo en sana armonía. El Salón Los Ángeles es una muestra del México contemporáneo que respeta su historia y su identidad", dice.

La pandemia, advierte, va a dejar una reflexión muy seria sobre nuestra forma de entender la vida. "A mí lo que me da gusto es la cotidianidad, el gusto de la gente que es asidua los martes y los domingos para encontrarse con sus amigos; algunos ni siquiera bailan, se sientan, escuchan la música y observan bailar. Otros sí bailan con la misma pareja siempre, otros con una pareja diferente cada semana, algunos vienen una vez al mes, otros sólo en cada aniversario. Lo más importante del Salón Los Ángeles es que está vivo, lo importante no es lo que ya sucedió, eso se puede ver en cualquier libro, lo valioso es que aquí podemos ver en vivo cómo era un salón de baile de los años 30, ver cómo los pachucos extienden la mano para sacar a una pareja, cómo son respetuosos y acompañan a la pareja a su mesa, cómo era esa forma de entenderse", cuenta.

Y es que, dice, sus visitantes más fieles son gente que trabaja todo el día y va con su ropa y sus zapatos de baile en una bolsa, van al baño y salen transformados. "En el Salón Los Ángeles hemos aprendido que hay que vivir la vida tan intensamente como si fuéramos a morir mañana y tan prudentemente como si fuéramos a sobrevivir".

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El Salón Los Ángeles cerró el 22 de marzo, trabajan 25 personas en nómina entre personal administrativo y mantenimiento; además, laboran trabajadores eventuales como meseros y músicos, con seis grupos a la semana de géneros como el danzón, grandes bandas, son cubano, cumbia y salsa.

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Decenas de personas acudían martes y domingos para bailar, escuchar música u observar. Foto: CORTESÍA SALÓN LOS ÁNGELES/ LIONEL VERA

"No tenemos otros ingresos y hemos mantenido los gastos de luz, agua, nómina, impuestos y pasivos que hemos ido acumulando porque ya llevábamos una temporada con problemas económicos; la pandemia no nos ha permitido planificar qué vamos a hacer porque no sabemos cuándo podremos abrir. Esperamos que podamos hacerlo a finales de septiembre", lamenta Nieto.

Si las cosas no cambian en las próximas semanas, asegura, tendrán que pedir un préstamo adicional para liquidar a los empleados y empezar a preparar el terreno para demoler el salón y hacer un edificio. Otra opción, antes de un probable desenlace, es hacer otro tipo de negocio como un museo interactivo.

"Si abrimos en septiembre es posible que lo logremos, nos ha ayudado que tenemos apoyo de las autoridades locales y federales, de empresas, de amistades, tienen sus propios problemas y no pueden aportar dinero en este momento, pero están aportando ideas y quizá podamos salvar el salón de una muerte no deseada, podríamos proponer una forma de trabajo de acuerdo a las nuevas condiciones que hay en el mundo", cuenta.

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En los años 40 y 50, dice Nieto, el baile se hacía en fila, una tradición que, dice, se mantiene. "No todos los que vienen a bailar lo hacen en pareja, aquí pueden ver coreografías, si estimulamos ese baile, con distancia social, se podría reducir la posibilidad de contagio; también podríamos tener una sección para los que ya viven en pareja".

Una vida en Salón Los Ángeles

Carlos Bueno y Patricia Morales se conocieron hace 26 años en el Salón Los Ángeles. Ella, dice Carlos, era muy selectiva al escoger a su pareja de baile. Un día aceptó bailar una pieza y no se separaron nunca más. Desde entonces, cuentan, en ese recinto ubicado en la colonia Guerrero han construido una familia a lado de sus compañeros de la pista de baile, han celebrado cumpleaños, aniversarios, nacimientos, casamientos; han lamentado divorcios y fallecimientos.

Carlos es doctor jubilado y Patricia es bailadora y vestuarista. Entre los dos confeccionan sus propios trajes, él, principalmente de pachuco, ella cuenta con más de mil vestidos que ha creado en 35 años de acudir al Salón. "Nuestra ropa tiene que combinar, somos muy detallistas. El salón es un espacio para nosotros muy importante, yo esperaba siempre que llegara el día martes para ir a bailar", dice Patricia.

"Es un lugar mágico, hemos visto a tanta gente bailar ahí. Yo mismo conozco la duela como si fuera la palma de mi mano, sé bien en dónde está ese pedacito que está un poco desgastado y sé bien cuál es el mejor. La magia empieza desde que entras y te recibe la misma señora que estaba desde que yo fui por primera vez", cuenta Carlos.


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Cristina Pacheco es una de las personalidades que ha acudido al salón de la colonia Guerrero. Foto: CORTESÍA SALÓN LOS ÁNGELES

Patricia y su pareja fueron los primeros en hacer una donación de 10 mil pesos, pero han tenido noticias de algunas personas que han hecho un esfuerzo para reunir dinero. "No somos gente con recursos, pero hay amigos, conocidos, que están haciendo un pellizco a sus ahorros porque el amor por el lugar es realmente muy profundo, estamos viendo cómo se los haremos llegar al señor Nieto", explica.

Gerardo Esquivel es periodista y pisó por primera vez el Salón en 1997. "No hay otra duela mejor que la de Los Ángeles, es como si fuera mantequilla, puedes bailar y sentirte ligero. Para mí, la música te conecta con los recuerdos, es un conducto para recodar una época y a las personas que quisiste; en el Salón escuchas en vivo la música que no hay en ningún otro lugar. Además, te sientes en otro tiempo por las personas, por su arquitectura y decorado, por la vista que tienes hacia las orquestas", dice.

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El director de La Nueva Nostalgia, Julio Toledo, recuerda que la primera vez que tocaron en el Salón, la gente no los dejaba ir. "Es una de las plazas que más disfrutamos porque la gente baila lo que le pongas, le pones una rumba, una guaracha, a todo le entran. Un domingo en la tarde puedes ver a 3 mil personas moviéndose al ritmo de danzón, es impresionante y el aplauso siempre es generoso. Existen otros salones, pero el de tradición es Los Ángeles. A veces puede no ser el que más te conviene económicamente, pero tenemos la camiseta puesta. No conozco una orquesta que no quiera tocar ahí, ojalá se salve", explica.

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Miguel Nieto dice que si la situación no cambia en unas semanas, pedirá un préstamo para liquidar a los empleados y cambiar de giro. Foto: ADRIANA HERNÁNDEZ

La pandemia y el cierre de espacios en los que trabajaban los han orillado a buscar otros giros. "Tenemos más de 30 años tocando, no perdemos la esperanza de volver a trabajar. El sueldo del músico en la Ciudad de México es mal pagado, si en algún momento se plantea que podemos volver a los salones con aforo reducido y por lo tanto con honorarios más bajos, será muy difícil, tendremos que negociar, platicar. Como no sabemos cuándo vamos a volver, de momento me ayudo con mi pequeño negocio de reparación y venta de instrumentos, pero otros, como un amigo, se puso a vender huaraches en su casa. Hemos tenido que reinventarnos".

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