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Hace un par de semanas la industria editorial amaneció con una noticia triste, incómoda y que evidenciaba una enfermedad crónica. Conforme pasaron las horas y los días lo triste se convirtió en enojo, desconcierto, preocupación y alarma.
La editorial Era anunció que no podía más y que muy probablemente dejaría de operar, desaparecería. De inmediato en casi todas las redes sociales y en casi todos los periódicos de circulación nacional se manifestaron opiniones de solidaridad, desesperanza, auxilio y reconocimiento a una de las editoriales más prestigiadas, nacional e internacionalmente, desde su nacimiento en 1960.
La noticia se volvió escándalo y autores, editores, libreros, periodistas, día a día, mostraron solidaridad, opinaron y convirtieron la noticia en tendencia en redes sociales y durante dos semanas el ámbito cultural y editorial del país señaló lo angustioso del hecho. Fue tal el impacto que la noticia de la desaparición de la editorial ERA fue comentada por la Presidenta de la República en la conferencia de prensa diaria conocida como la “mañanera”. La Presidenta dijo que le pediría a la Secretaria de Cultura, Claudia Curiel, buscara la forma de ayudar a dicha editorial.
Al otro día nos enteramos de que también le había instruido al director del FCE, Francisco Taibo que buscara a la editorial y conversarán con el mismo propósito de ayudar.
La Secretaria de Cultura reaccionó y ofreció una venta de libros en el complejo cultural Los Pinos por dos días. Sucedió la venta el 29 y 30 de agosto, con un éxito de asistentes, lectores solidarios y espero de ventas. No tenemos datos e información hasta el día de hoy.

De las propuestas y acuerdos de la editorial ERA y el director del FCE no sabemos nada públicamente. Esperemos igualmente le hayan propuesto algo digno a la editorial ERA.
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Se agradece que la Presidenta haya sido sensible y girado instrucciones para rescatar a una editorial con esa historia, con ese catálogo de autores, de temas, de géneros y pieza fundamental de la cultura en México. Con una amplitud de temas editados; desde: historia, sociología, literatura, poesía, antropología, diseño y artes de México, Puedo asegurar que en la segunda mitad del siglo XX mexicano si hay un libro mexicano ese fue editado por ERA (1960), Joaquín Mortiz (1962) y Siglo XXI (1965) en ese periodo, sin menosprecio a otras casas editoriales como Porrúa, la UNAM, FCE, Trillas y las dedicadas al libro de texto.
Pero esa “ayuda” también devela un problema de raíz. El gobierno de la 4T no ha logrado articular en ocho años una política de estado que permita que la industria editorial pueda navegar con certeza, estabilidad y crecimiento en este acelerado mercado editorial que ha cambiado vertiginosamente en muy pocos años.
El gobierno, desde hace ocho años, no escucha al sector privado, no lo toma en cuenta, no lo apoya y no hace nada para organizar, coordinar y gestionar mejores prácticas en el mercado editorial mexicano. Ese es el verdadero problema. No le interesa. Lo clasificó como voraz y leonino (libros de texto), lo estigmatizó en general y clausuró el diálogo.
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En siete años no se reunió el Consejo Nacional de Fomento para el libro y la lectura que emana de la Ley de fomento para la lectura y el libro del Libro. Este año la secretaria Curiel reactivó el Consejo Nacional de Fomento…, e inició sesiones. Se suspendieron tres meses después y no se ha vuelto a convocar.
No hay coordinación entre la Secretaría de Cultura y el Fondo de Cultura Económica para asuntos de competencia del Consejo Nacional de Fomento para el libro y la lectura y tampoco para La ley.
Desapareció de facto la plataforma oficial de LibrosMéxico.mx., para gestionar títulos. Se encuentra inactivo y su dominio ya no opera de manera regular. Es importante señalar que en ese portal se debe registrar el precio del libro por parte del editor y ese mandato es fundamental para supervisar el precio único (capítulo sexto, artículos del 16 al 32). Ninguna instancia gubernamental atiende este problema y agrava la crisis de la industria editorial. Ocasiona que plataformas como Amazon no respete la ley y se atreva a gestionar en el poder legislativo la desaparición del precio único.
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Las librerías estuvieron cerradas al público más de un año durante la pandemia. Se solicitó permiso para abrir. El gobierno en turno negó la posibilidad. Consecuencia de ello la industria editorial en cada una de sus partes de cadena productiva está endeudada. Las librerías, para los libros de interés general, son la caja con la que se paga todo.
Cada uno de los eslabones de la cadena ha visto como se han mermado sus oportunidades, se han cerrado posibilidades y ha ocasionado que el deterioro editorial cada año sea más difícil de resolver. Resultado: cierre de librerías, editoriales con problemas, autores desesperados y lectores a la baja.
La industria editorial mexicana no es enemiga del gobierno, ni del estado. Es una industria que siempre ha tendido puentes para colaborar, ayudar y desarrollar el mercado editorial mexicano en sus dos grandes facetas: libros de texto y libros de interés general.
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Hubo un tiempo en que el modelo articulador mexicano era ejemplo de cómo podría crecer una industria editorial en América Latina. Se habían logrado establecer bases sólidas de colaboración entre sector público y sector privado.
La creación de la Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuito, la declaración del día Nacional del Libro, la construcción de una red de bibliotecas públicas, la más grande de América latina (llegaron a funcionar 7484, hoy hay cerradas cerca de 1000), la participación en ferias nacionales e internacionales para mostrar la producción nacional (pública y privada), la promulgación de Ley de fomento para la lectura y el libro, la adquisición de material bibliográfico para las bibliotecas públicas, programas de fomento a la lectura, encuestas sobre lectura a nivel nacional, la promoción de autores mexicanos en el extranjero, las coediciones con editoriales chicas, medianas y grandes, el apoyo a las traducciones, la creación de las bibliotecas escolares y de aula, el impulso de ferias del libro por todo el país. Destaca, mundialmente, la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. La segunda más importante a nivel global y la primera en español; superando a las ferias de España (Liber), Argentina y Colombia. Este liderazgo de FIL GDL no se logró por casualidad. Hubo trabajo, empeño, apoyo y voluntad política para lograr que la FIL fuera un éxito. Hubo una época en este país en que el modelo que operaba era un modelo articulado de la industria editorial mexicana, pues incluía a instituciones gubernamentales coordinadas, sector privado colaborador y redes horizontales que sentaban bases para sostener producción editorial, exhibir, comercializar y lograr crecimiento; creando fuentes de empleo, empresas y un largo listado de acciones coordinadas.
Había fallas, sí. Pero había diálogo y voluntad política para atender y tender puentes.
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Desde hace más de diez años se ha presentado el estudio sobre la Tasa 0, ante todas las autoridades involucradas en el tema tanto del poder legislativo como del ejecutivo. La Tasa 0 es una propuesta de viabilidad financiera real para las librerías. Una acción democrática e incluyente Que no cierren más librerías, que sobrevivan las chicas, que las medianas se estabilicen y que las grandes abran más sucursales. Con la intención de lograr la cobertura nacional.
Las autoridades responsables de gestionar, opinar y atender el tema editorial: Secretaría de Educación Pública, Secretaría de Cultura y Fondo de Cultura Económica, desde el poder ejecutivo, no han logrado articular una conversación entre ellos, no han logrado dialogar con el poder legislativo y sus representantes de las comisiones de cultura, educación y hacienda y no tampoco dialogan con el sector privado. Y, claro, no han elaborado ninguna propuesta que articule, revise y proponga una forma de integrar el mercado editorial nacional.
Desde hace ocho años el gobierno puede lograr que el poder legislativo atienda propuestas, revise las existentes, de cauce para mejorar y regular el mercado editorial. No lo han hecho. Esa es la fatalidad. Solo los senadores Javier Corral, Beatriz Mojica y Susana Harp han sido sensibles y activos para escuchar a la CANIEM, ALMAC y RELI.
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En el primer bimestre de este año se trabajó, desde el sector privado una propuesta al reglamento de la Ley de fomento para la lectura y el libro. Con la intención de mejorar lo que no funciona, proponer soluciones a los problemas de hoy en la industria editorial y ofrecer reactivar el portal de librosmexico.mx para beneficio de todos. Se ha entregado la propuesta a la Secretaría de Cultura, a la Dirección General de Bibliotecas y al Fondo de Cultura Económica.
No hay respuesta.
¿Qué debe pasar en el mercado, en la industria, para que se inicie una comunicación, colaboración y presentación de un nuevo modelo que funcione? Es fácil percibir como los lectores no aumentan, como los lectores iniciales tienen dificultades de comprensión y como cierran librerías, claudican editoriales y autores mexicanos disminuyen su producción. Una espiral descendente perfecta que lamentaremos día a día en el futuro.
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