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La receta

Para un café se necesita lo siguiente: un decilitro de agua, azúcar según el gusto, una o dos cucharaditas de café. Verter el agua en un recipiente de metal, endulzar y dejar hervir. Después del primer hervor, quitar del fuego y agregar el café. Mezclar bien y regresar al fuego hasta que eche el segundo hervor. Distribuir en tantas tazas cuantos cafés se han preparado. Servir sumamente caliente. Primero soplar un poco, luego beber a pequeños sorbos. Mostrar la cara de satisfacción. Abrir esta novela y empezar a leer…

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Crédito: Archivo de El Universal
Crédito: Archivo de El Universal

I. Cómo llevar una conversación con un café

Un año antes de la conversación, recoger unas hojas de geranio. Colocarlas dentro de un libro voluminoso y dejar que se sequen bien. Después del primer sorbo de café, levantarse de la mesa, sacar el libro de la repisa, colocar las hojas en un cenicero y prenderles fuego. Puede iniciar la conversación diciendo: «Estas eran las hojas de geranio».

II. Cómo escribir un consejo para llevar una conversación con un café

Sentarse a la mesa. Coger un papel y un lápiz. Concentrarse. Al oír que alguien toca a la puerta, contestar con un «sí». Levantar la cabeza y ver que en el cuarto entra su hermana con una carta en la mano. Transcribir el consejo para la «conversación» de memoria.

III. Qué hacer con una carta de contenido triste

Cerrar los ojos. Tomar la carta con la mano izquierda. Con la derecha, abrir el sobre con cuidado. Tirar el contenido a la papelera. Rápidamente escribir una carta de contenido alegre, ponerla en el mismo sobre y sellarla. Abrir los ojos. Con un abrecartas abrir el sobre impacientemente. Durante la lectura, cuidar de no reconocer la letra. Al caer la noche, deshacerse de lo que hay en la papelera.

IV. Cómo olvidarse de que la carta alegre es en realidad triste

Mirar el reloj. Ver que son las 9 horas con 21 minutos. Cerrar los ojos ante un espejo y por un tiempo breve preguntarse: «¿Por qué me miento a mí mismo?», «¿Por qué me autoengaño?», etcétera. Volver a mirar el reloj. Ver que son las 9 horas con 22 minutos. Pensar en que es muy bueno ser un hombre objetivo y amante de la verdad.

V. Cómo saber medir el tiempo

Coger un reloj y una caja pequeña. Colocar el reloj dentro de la caja, y todo junto meterlo en un bolsillo. Ir a trabajar y regresar, dormir, comer, copular, hacer todo lo que normalmente hace. Hacerlo uno o dos meses, un año, diez o más años. Cuando se haga débil y caiga en cama, o cuando un conductor descuidado dirija su coche hacia usted, o simplemente cuando sienta Eso, meta la mano en el bolsillo y saque la caja. Ábrala y mire adentro. Dependiendo de las circunstancias, el segundero seguirá moviéndose por un tiempo, y luego se detendrá. Entonces sabrá que es hora.

VI. Cómo hacer cosas cotidianas

Hágalas con afán. Con ese propósito, adorne algo con detalles interesantes. Aun la acción más común se puede embellecer con algo nuevo. Por ejemplo, mientras come un caldo, podría tener en la mesa al ave fénix. Cuando se harte incluso de la presencia del ave fénix, píntela de otro color. Con el tiempo, cuando acabe todos los colores disponibles, pídale a su esposa que le prepare una comida nueva. Con esa comida diferente, puede volver a pintar el ave fénix.

VII. Cómo encontrar al ave fénix y cómo pintarla

Es necesario que mire al sol sin cesar por unos días al menos. Cuando le parezca que se quedará ciego, desvíe de súbito la mirada a las nubes. No se asuste por encontrar ahí manadas de elefantes, antílopes y caballos, bancos de peces, gigantes buenos y malos… Al ave fénix lo podrá reconocer fácilmente. Suba al cielo y llévela consigo. Píntela solo cuando la misma se haga cenizas. Haga lo anterior exclusivamente cuando no haya viento.

VIII. Desde dónde es mejor mirar al sol

Lo puede hacer, por supuesto, desde la ventana de su departamento, o desde un parque, pero lo mejor es si lo hace desde el lugar donde fue niño.

IX. Por qué son importantes los “lugares de la infancia”

Dichos lugares son importantes por el sol, el ave fénix, las cosas cotidianas, el tiempo, los contenidos alegres y tristes y, desde luego, para que sepa cómo comportarse cuando experimente algo increíble.

X. Qué se incluye entre las experiencias increíbles

Las experiencias increíbles incluyen: ver un búho con pieles, olvidar el divorcio de los padres, pintar un sueño, enamorarse, encontrar al hombre pez y al hombre ave, descubrir el centro del agua, hablar por teléfono, atravesar una calle con la mirada, estar sentado en una arena, encristalar el claro de luna, relajarse, hacer el amor por la mañana, escribir música, nacer dos o más veces, morir, caminar por un puente colgante, tener una muñeca mecánica, recoger albaricoques, hacerse fotografiar en un traje mexicano, impedirle al cerebro que olvide, desembriagarse, mojarse en la lluvia, cultivar hongos del tamaño de una casa, tener la capacidad de convertirse en plantas y cosas parecidas.

XI. Cómo comportarse al experimentar algo increíble

Por desgracia, aquí no podemos ofrecerle una respuesta universal. Todo depende del lugar donde fue niño. Aquellos cuyo lugar era una ribera arenosa, seguramente desdeñarían a un búho con pieles, pero se entusiasmarían con el descubrimiento del centro del agua. Pero si incluso el lugar de la infancia es increíble, todo se complica. Digamos que uno no sea capaz de reconocer al ave fénix y en su lugar se lleva del cielo toneladas y toneladas de flores, o se lleva al gigante malvado (lo cual en sí mismo no está mal, pero no tiene ningún objeto). Los lugares increíbles de la infancia, como el sótano, la despensa, el desván y afines, no se pueden sustituir por otros. Las consecuencias se pueden remediar únicamente aprendiendo de memoria los errores usuales. Por lo general, uno se equivoca durante los siguientes acontecimientos: el encristalamiento del claro de luna, la caminata por el puente colgante y el cultivo de hongos del tamaño de una casa.

XII. Cómo comportarse durante el encristalamiento del claro de luna

Evite el vidrio de color. Realice esta labor siempre con las manos limpias. Hágalo con paciencia y cuidado, porque las cortaduras de vidrio pueden sanar, pero las del claro de luna no cicatrizan jamás.

XIII. Cómo conducirse en la caminata por un puente colgante

Si llega a encontrarse en tal situación, lo esencial es evitar una caminata tranquila. Hay que dar pasos con el pie izquierdo y el derecho «de manera estrambótica», impulsando los pies hacia los lados. Si por alguna razón este método no produce los efectos deseados, puede echarse a correr (lo mejor sería en zigzag) o pararse en medio del puente y mecerse río arriba, río abajo. No obstante, las acciones mencionadas son vanas si el puente colgante está hecho de concreto, como el de San Francisco. En tal caso, use el truco del «metrónomo». Saque de la maleta un metrónomo grande y dele cuerda. Al hacer todo eso no exagere. Es realmente malo caminar por un puente colgante tranquilamente, pero también es malo derrumbarlo.

XIV. Cómo cultivar hongos del tamaño de una casa

En un evento increíble como este, el único error se comete en la selección del lugar de cultivo. Recuerde: las ciudades no son lugares adecuados. Los asentamientos rurales resultan un poco más apropiados, pero los resultados más relevantes se consiguen en mesetas, desiertos y estepas. La explicación es sencilla. Las casas en las ciudades son demasiado altas. Como individuo, usted jamás podrá lograr la tecnología moderna de las grandes empresas constructoras. Es imposible ganar la lucha contra ellas, porque estas suelen usar trucos sucios. Suena espeluznante, pero están dispuestas, incluso, a bajar el cielo para que los edificios proyectados luzcan más altos que los demás.

XV. Para qué pueden servir las ciudades

El propósito de las ciudades es múltiple. Son ideales para cerrar los caminos. En ellas pueden filmarse las películas, observarse las fachadas o jugar juegos sociales. Pueden servir muy bien a exhibicionistas o mirones (sobre todo si están ubicadas en el mar), a militaristas, a acróbatas que ya dieron todo de sí, a manifestantes, a cargadores… Ahí, por la noche, las actrices lloran, los políticos bailan la cuadrilla, los psiquiatras se emborrachan hasta perder la consciencia. Las ciudades son un lugar perfecto para conocer la compleja ciencia del ocultamiento.

XVI. Cómo desenmascarar el mimetismo

Destapando un cubo de basura. Fisgoneando debajo de una falda. Con preguntas directas. Con un funeral propio falso. Con una provocación. Ofreciendo cantidades ilimitadas de dinero y armas en préstamo. Abriendo burdeles para todos los gustos.

XVII. ¿Es útil adquirir conocimientos sobre el mimetismo?

Desde luego. Esos conocimientos pueden servir para continuar una conversación con un café. Después de que haya dicho: «¡Estas eran las hojas de geranio!», tome otro sorbo de café de la taza y agregue: «Noté que usted no estuvo hoy en mi funeral». Después, encienda un cigarrillo y jale solo una bocanada. Sacuda las cenizas en el pequeño plato con esta observación: «Qué lástima, fue tan divertido». Luego, siga fumando y tomando café sin decir nada, pendiente de la impresión que ha dejado en su colocutor. Si este se queda callado, siempre puede restablecer la conversación apuntando hacia el cenicero: «¡Ah, estas eran las hojas de geranio!».

XVIII. Cómo fumar cigarrillos en compañía de otros

Despacio, con ademanes comedidos. Exhalar el humo con aire pensativo y hacer los círculos con fingido desinterés. Es imperativo quedarse callado. Si alguien llega a preguntarle algo, conteste con un ademán, pero sin sacudir la mano demasiado, porque eso es vulgar, aparte de que descompondría los círculos de humo. Apague el cigarrillo enérgicamente. Las felicitaciones y flores de los presentes hay que recibirlas con dignidad.

XIX. Qué hacer cuando se vayan los invitados

Retire los círculos de humo, con sumo cuidado, de los muebles, del papel tapiz y del techo. Envuélvalos en gasas hidrofílicas y colóquelos en una caja previamente preparada. Después de unas horas, sáquelos y barnícelos. Elegantemente empacados se pueden vender para las fiestas navideñas.

XX. Cómo aprovechar el dinero

Cuando junte algo de dinero, tome a su novia o esposa de la mano y una noche de luna llena salgan al río. Ahí, en la ribera, los esperará un anciano alto y enjuto, a quien habrán de entregar todo el dinero. En cuanto desaparezca callado en el sauzal, entren en el agua, déjense llevar por la corriente sin miedo, siempre tomados de la mano. No sentirán frío, lograrán evadir, como por milagro, las rocas y bancos de arena bajo el agua, flotarán silenciosa y despreocupadamente. Encima de sus ojos correrán despacio el cielo y las puntas de los álamos.

XXI. Cómo estar tomados de la mano sin hundirse

La física contemporánea comprobó irrefutablemente que estar tomado de la mano con alguien es inversamente proporcional al hundimiento. Entre más fuerte es el apretón de las manos, más ligeros son los cuerpos, y viceversa. Desde luego, ese asimiento no solo lo determina la fuerza, sino también el sentimiento. Pueden aprender rápido que no es difícil no hundirse en el agua. Es un poco más complicado dominar el arte de tomarse de las manos tan «fuerte» que el cuerpo se vuelva más ligero que el aire. Seguramente habrán visto parejas que caminan levitando por encima del suelo unos centímetros, medio metro o más. En algunas ciudades se organizan competencias en esta disciplina, pero nosotros opinamos que se trata de pura comercialización. Lo comprobamos con el hecho de que en esos casos, sin falta, no ganan los profesionales, sino amateurs que andan tomados de la mano sinceramente por amor.

XXII. Cómo comportarse durante la levitación

Todos los principios de los buenos modales que reinan en la calle se aplican también en las alturas. No se permite tirar papel, escupir, ser insolente. Arriba también hay que saludar a los conocidos, ayudar a los mayores en dificultad, etcétera. No hay que soltar la mano de la pareja de ninguna manera. Muchos infortunados se equivocan pensando que, al quedar solos, podrían elevarse aún más. Pero, ¡ay de ellos!, se precipitan al suelo cual piedras. Si tienen suerte, no se descalabran del todo, sin embargo, pocas veces se salvan sin sufrir consecuencias.

XXIII. ¿Puede uno levitar solo?

Claro que sí. Solo se necesitan deseo e impulso. Los resultados varían de un individuo a otro. Lo que para uno es la cúspide, para el otro es apenas el primer peldaño en el arte de la levitación. Es gracioso observar a los visitantes de los teatros, de las exposiciones de pinturas o, mejor aún, de los conciertos. Mientras unos se quedan como clavados a sus asientos, otros se elevan un poco, pero algunos incluso se suben hasta el mismo techo de la sala en cuestión. Los cuerpos humanos se elevan y bajan siguiendo la música. Las mujeres, por regla, levitan durante los leves fragmentos líricos, mientras los hombres se elevan cuando llega el turno de los temas fuertes, los crescendos. En las butacas se quedan solo los que observan esa pulsación o aquellos a quienes la música no ha tocado, por lo que sus cuerpos, pesados como si fueran muertos, oprimen los asientos, incapaces de adquirir una forma más leve de la existencia.

XXIV. Cómo construir una sala de conciertos

Contrario a los principios de construcción establecidos, los cimientos y las paredes no son tan importantes. Son más relevantes la proyección y el levantamiento del techo. Los mejores techos para salas de conciertos se hacen de burbujas de jabón. Una cúpula así contiene todas las cualidades necesarias. Es ligera, transparente, fácilmente reemplazable, satisface las normas acústicas y estéticas. Para la elaboración de una burbuja tan enorme hay que encontrar maestros adecuados. Las únicas personas apropiadas para este trabajo son los soñadores.

XXV. Cómo reconocer a los soñadores

Los soñadores siempre están pensativos. Todo lo que observan lo hacen despacio, como si quisieran encontrar otra cosa en las formas, como si descifraran la estructura misma de un objeto. Aparte de su mirada, se les reconoce por la postura de sus cabezas, siempre levemente agachadas, y por la capacidad de materializar lo que les da la gana. En la calle, la gente que camina detrás de los soñadores se tropieza constantemente con algunos objetos. Los soñadores riegan las cosas a su alrededor, pero no por ser olvidadizos, sino porque les divierte sorprender a la demás gente. Solo después de su muerte, otros se percatan de su desaparición, porque a lo largo y ancho del globo terráqueo van estallando las ilusiones que habían creado. Se llevan consigo, a la tumba, todo lo que habían soñado durante su vida, y la única huella que atestigua que habían existido jamás es el hueco en el tiempo y en el espacio, el cual, más que verse, se siente. Los enemigos más grandes de los soñadores son los limpiadores.

XXVI. ¿Quiénes son los limpiadores?

El principio fundamental de esta gente es la «Nada». Hacemos notar que hay que diferenciarlos de los nihilistas. Para los limpiadores la «Nada» es buena, puesto que en su caso no hay nada que limpiar. Por fortuna, estas personas están mal organizadas, porque si actuaran de manera sistemática, pronto satisfarían su necesidad por completo. Los limpiadores son de movimientos ágiles, respiración breve, diligentes, nerviosos, a menudo visitan a psicólogos.

XXVII. Cómo se forman los hoyos

No obstante, mucha gente reúne las características de los dos tipos mencionados. Su comportamiento depende de la proporción representada de rasgos de los soñadores y de los limpiadores. Es un verdadero problema cuando en una persona las fuerzas de unos y otros son parejas. Esa gente es infeliz, libra una lucha constante entre sus dos yos, se pasa toda la vida girando en un círculo, soñando y eliminando lo recién soñado. Como la serpiente que se muerde la cola, giran sin cesar, horadando los hoyos en la tierra. Terminan miserablemente, insatisfechos, cubiertos de espuma, de cuerpo desgastado. Son un perpetuum mobile estéril que detrás suyo solo deja las uniformes concavidades de la maldición.

XXVIII. Cómo caminar sin descalabrarse por los hoyos

Camine utilizando el método habitual. Use las dos piernas. Mire por dónde va. Al notar un hoyo, dele la vuelta, pida a alguien que lo rellene o simplemente ignórelo. Si de todos modos llega a caer en él, a tropezar o a tambalearse, tenga cuidado de cómo va a caer. En cualquier caso, no caiga de modo que se descalabre.

XXIX. De la práctica de caminar y caer

Practique a diario. Póngase trampas a sí mismo. Recubra el suelo del cuarto de prácticas con colchonetas, plumas, palabras tiernas, colchones o cualquier otra materia suave. Después, aviente alrededor distintos objetos que tenga a la mano: trastes, fracasos, sillas, amores no realizados, temores, ropa… Luego camine zigzagueando de una pared a otra, cambiando constantemente la trayectoria. Cuando se caiga, levántese rápido y siga caminando. Después de practicarlo más o menos tiempo, después de más o menos moretones, esguinces y magulladuras, entrará en razón y empezará a esquivar las trampas. Cuando sea capaz de caminar veinticuatro horas sin una sola caída, sabrá que está listo.

XXX. Cómo diferenciar el piso, las paredes y el techo

Tome un pedazo de papel pequeño. Con una letra legible escriba: «El piso está abajo, las paredes a los lados y el techo arriba». Cada vez que esté dudando, saque el papelito y lea su contenido. Aquello sobre lo que está parado es el piso; a la izquierda, a la derecha, delante y atrás están las paredes; arriba de la cabeza está el techo. No sea ingenuo: las ventanas, las puertas, las terrazas y los balcones no existen, aun cuando los esté viendo. Por eso, trate de construir las habitaciones lo más espaciosas posible.

XXV. Cómo reconocer a los soñadores

Los soñadores siempre están pensativos. Todo lo que observan lo hacen despacio, como si quisieran encontrar otra cosa en las formas, como si descifraran la estructura misma de un objeto. Aparte de su mirada, se les reconoce por la postura de sus cabezas, siempre levemente agachadas, y por la capacidad de materializar lo que les da la gana. En la calle, la gente que camina detrás de los soñadores se tropieza constantemente con algunos objetos. Los soñadores riegan las cosas a su alrededor, pero no por ser olvidadizos, sino porque les divierte sorprender a la demás gente. Solo después de su muerte, otros se percatan de su desaparición, porque a lo largo y ancho del globo terráqueo van estallando las ilusiones que habían creado. Se llevan consigo, a la tumba, todo lo que habían soñado durante su vida, y la única huella que atestigua que habían existido jamás es el hueco en el tiempo y en el espacio, el cual, más que verse, se siente. Los enemigos más grandes de los soñadores son los limpiadores.

XXVI. ¿Quiénes son los limpiadores?

El principio fundamental de esta gente es la «Nada». Hacemos notar que hay que diferenciarlos de los nihilistas. Para los limpiadores la «Nada» es buena, puesto que en su caso no hay nada que limpiar. Por fortuna, estas personas están mal organizadas, porque si actuaran de manera sistemática, pronto satisfarían su necesidad por completo. Los limpiadores son de movimientos ágiles, respiración breve, diligentes, nerviosos, a menudo visitan a psicólogos.

XXVII. Cómo se forman los hoyos

No obstante, mucha gente reúne las características de los dos tipos mencionados. Su comportamiento depende de la proporción representada de rasgos de los soñadores y de los limpiadores. Es un verdadero problema cuando en una persona las fuerzas de unos y otros son parejas. Esa gente es infeliz, libra una lucha constante entre sus dos yos, se pasa toda la vida girando en un círculo, soñando y eliminando lo recién soñado. Como la serpiente que se muerde la cola, giran sin cesar, horadando los hoyos en la tierra. Terminan miserablemente, insatisfechos, cubiertos de espuma, de cuerpo desgastado. Son un perpetuum mobile estéril que detrás suyo solo deja las uniformes concavidades de la maldición.

XXVIII. Cómo caminar sin descalabrarse por los hoyos

Camine utilizando el método habitual. Use las dos piernas. Mire por dónde va. Al notar un hoyo, dele la vuelta, pida a alguien que lo rellene o simplemente ignórelo. Si de todos modos llega a caer en él, a tropezar o a tambalearse, tenga cuidado de cómo va a caer. En cualquier caso, no caiga de modo que se descalabre.

XXIX. De la práctica de caminar y caer

Practique a diario. Póngase trampas a sí mismo. Recubra el suelo del cuarto de prácticas con colchonetas, plumas, palabras tiernas, colchones o cualquier otra materia suave. Después, aviente alrededor distintos objetos que tenga a la mano: trastes, fracasos, sillas, amores no realizados, temores, ropa… Luego camine zigzagueando de una pared a otra, cambiando constantemente la trayectoria. Cuando se caiga, levántese rápido y siga caminando. Después de practicarlo más o menos tiempo, después de más o menos moretones, esguinces y magulladuras, entrará en razón y empezará a esquivar las trampas. Cuando sea capaz de caminar veinticuatro horas sin una sola caída, sabrá que está listo.

XXX. Cómo diferenciar el piso, las paredes y el techo

Tome un pedazo de papel pequeño. Con una letra legible escriba: «El piso está abajo, las paredes a los lados y el techo arriba». Cada vez que esté dudando, saque el papelito y lea su contenido. Aquello sobre lo que está parado es el piso, a la izquierda, a la derecha, delante y atrás están las paredes, arriba de la cabeza está el techo. No sea ingenuo: las ventanas, las puertas, las terrazas y los balcones no existen, aun cuando los esté viendo. Por eso, trate de construir las habitaciones lo más espaciosas posible.

XXXI. Con qué amueblar una habitación

Siembre el pasto sobre el piso, cubra el techo con el cielo, coloque el horizonte sobre las paredes. Rellene el resto del espacio con la gente. No siga el camino más fácil, no pegue un papel tapiz fotográfico.

XXXII. Qué cosa es el camino más fácil

Es como cuando uno quiere llevar una conversación con un café, y un año antes de esta recoge unas hojas de geranio para poder iniciarla con estas palabras: «¡Estas eran las hojas de geranio!». Si no hubiera seguido el camino más fácil, habría tomado las hojas de una rosa, aunque lo pincharan sus espinas. De este modo, escogió los inocuos geranios, que no se pueden defender. Reflexione al respecto.

XXXIII. Para qué puede servir una espina

Además de servir en la geometría de los actos (el camino más fácil), la espina tiene valor utilitario en otras áreas de acción. Es una inspiración eterna, un motivo de muchas obras de arte. Las historias de La Bella Durmiente o de la corona de espinas de Jesús están entretejidas en los orígenes del género humano. Historias que no habrían existido si no hubiera habido espinas perviven todavía y es poco probable que la civilización las haga desaparecer. Pues, aun con todas las pruebas irrefutables de que los cuentos de hadas y los mitos son frutos de la imaginación, muchas mujeres quieren volverse Bellas Durmientes, y no es pequeño el número de hombres que llevarían con ganas una corona de espinas.

XXXIV Cómo volverse la bella durmiente

Téngalo por seguro, las nimiedades como el huso, la bruja, el castillo, la servidumbre, el jardín, no son necesarias. Será suficiente que tenga un sueño profundo. Todo lo demás déjeselo al tiempo. Incluso la verdadera Bella Durmiente esperó a su príncipe cien años. Si, no obstante, desea acelerar el curso de los eventos, ponga una tabla frente a su casa con el letrero: «La Bella Durmiente. La puerta no está cerrada con llave». Son pocos los hombres que resistirían tal indicación. Pero usted duerma tranquila, la despertará solo el hombre correcto. No obstante, si ocurre un error, ¡ni modo! Vuelva a dormirse. Al menos dormir es fácil.

XXXV. Cómo llevar la corona de espinas

Si desea que millones de mujeres derramen lágrimas por usted, como lo han hecho por Jesucristo, no trate de adquirir este accesorio obligatorio en las tiendas de confección. La manera de portarlo la puede escoger usted mismo. Le advertimos que no se deje llevar demasiado por su nuevo papel. Puede suceder que lo crucifiquen. Entonces no le servirán ni las lágrimas femeninas, ni la sensación de poder, tampoco las demás cosas parecidas, aunque sigan narrando sobre usted los próximos dos mil años.

XXXVI. ¿Qué es la confección?

¿Más bien qué no lo es hoy en día? La comida, los viajes, la ropa, los sueños, las emociones, el arte, las mascotas, las casas y los departamentos, los lugares de excursión, los automóviles, las estaciones del año, las corrientes políticas, los anhelos de mucho dinero, etcétera, etcétera… La confección es el único dictador que ha logrado conquistar todo el mundo. Ella, en un juicio sumario, condena a muerte a todos sus rivales. Usted puede luchar contra ella más o menos tiempo, pero ciertamente terminará volviéndose consumidor de uno de sus productos: el discurso póstumo confeccionado.

XXXVII. Sobre la muerte

La mayor parte del género humano tiene este don milagroso. La inclinación por morir aparece en el hombre desde su nacimiento. Tener un don en ese campo no es algo insólito. La muerte llega como la corona de la vida. El temor a la muerte se originó por el desconocimiento de las posibilidades de uno.

Supuestamente, si nos morimos, no estaremos vivos. ¡Tonterías! Puro cuento, semejante a la equivocación de que el nacimiento, por sí solo, es suficiente para vivir.

XXXVIII. ¿Cuáles son las inclinaciones del hombre contemporáneo?

También el hombre contemporáneo es proclive a la tradición.

Transcurrieron miles de años, pero él no pierde el gusto por el

aire, la comida, el agua, el poder, el amor, el arte… Las inclinaciones del hombre contemporáneo de los últimos tiempos

se basan, por lo general, en el deseo por los cambios. Las modificaciones y composturas se realizan en todos los aspectos

de la vida. Las correcciones se hacen incluso en la historia. Se

rediseñan objetos de uso masivo, se descubren nuevas recetas

y lugares exóticos. Cada tanto cambia la moda, las opiniones,

el lugar de residencia, incluso la imagen de uno.

XXXIX. Cómo llevar a cabo los cambios

Camine. A la vuelta de la esquina compre las pepitas. Entre y siéntese. Mire y mordisquee. Relájese. No tema. Ellos están pagados para ser valientes, guapos e inteligentes. De usted no se espera nada. Con el cine puede combinar la televisión, aunque su uso es sumamente complicado.

XL. Cómo usar el televisor

La complejidad de la ciencia del uso de televisor no debe desanimarlo. Todo se puede cuando hay voluntad. Eche un vistazo por la cerradura del vecino y adquiera por lo menos conocimientos técnicos básicos. Es imprescindible instruirse en cómo se ajusta el volumen del sonido y la claridad de la imagen, pero también, desde luego, cómo hay que manejar el botón de encendido y apagado. Si está mordisqueando las pepitas, no tire las cáscaras al suelo (esta es la principal diferencia entre la pantalla chica y la grande). Convenza a la persona más hábil de la casa, al orgullo de la familia, de que se adiestre en reparaciones sencillas. En caso de una avería mayor, no escatime dinero y llame a un técnico. Ninguna cosa en su vida es tan luminosa como la pantalla de televisión.

XLI. Qué hacer si aun así se queda sin televisión, por ejemplo, una tarde de domingo, durante el programa más interesante, cuando la compra de un nuevo aparato no viene al caso porque las tiendas están cerrados, y los técnicos de reparaciones aún no regresan de su fin de semana

Acuérdese rápido de un amigo o pariente a quien no ha visitado desde hace mucho. Tome un taxi. No vaya con aquellos que visita a menudo, adivinarán sus intenciones y no lo dejarán entrar. Al llegar, explique de algún modo su visita repentina. Por ejemplo: «¡Cuántas ganas de verlos!» o «¡¿Ah, tanto tiempo sin vernos?!» o «Me preguntaba, ¿cómo siguen?». Después, siga tranquilamente el programa televisivo. Los amigos o parientes especularán sobre el verdadero motivo de su visita, probablemente temiendo que necesita algo, dios no quiera que se trate de un préstamo de dinero o de la mediación para conseguir un empleo. No lo molestarán mientras vea la tele, temiendo no invocar alguno de los temas incómodos mencionados.

XLII. ¿Qué hacer el lunes?

Después de un domingo estresante, el lunes es el día para descansar. Es bueno relajar el estómago de la comida abundante del día anterior, hay que olvidar el susto por el televisor descompuesto y mitigar el recuerdo del emocionante encuentro con los amigos que no había visto en mucho tiempo. Por eso, dedique el lunes a las cosas que lo relajan. Repare el televisor, riegue las plantas, escuche música, hojee algún horóscopo favorable, revise su colección de hojas secas de geranio, dese a sí mismo o a sus seres cercanos una sorpresa agradable.

XLIII. ¿Cómo dar una sorpresa agradable?

Desde luego, para dar sorpresas agradables evite los materiales que se usan para sorpresas desagradables. Es conveniente utilizar pétalos de flores (hable con tal ligereza), la tela shetland (mire con tal suavidad), un conejo vivo (escuche con tal atención), agua de manantial (emane tal frescura), una mirada anhelante (toque con tal pasión). Es fácil sorprender a uno mismo. Cada uno de nosotros sabe muy bien lo que nos es agradable y lo que no, lo que es bueno y lo que no. Ahí no hay confusión (aunque a veces hay equivocación).

XLIV. Un poco más sobre las sorpresas agradables

Muchos de nosotros no somos conscientes de que todos los días experimentamos sorpresas agradables. Pues, pocos han reflexionado sobre cuán bueno es que cada mañana, después de despertar, aprendemos tan rápido a caminar, hablar, mirar… Aunque desde la salida del sueño hayan pasado apenas cinco minutos, somos capaces de realizar hasta las acciones más complejas. Un instante antes recobramos la vida, y ya estamos tomando café, nos maquillamos, nos vestimos solos, podemos comer sin ayuda ajena, incluso olvidar intencionalmente el sueño recién soñado.

XLV. ¿Qué son la realidad y el sueño?

El hombre es tanto la realidad como el sueño. Su imagen es la realidad, y el sueño es su reflejo. La gente exhibe a la primera de estos dos gemelos. De ella se enorgullecen, la fotografían, les sirve para ser reconocidos y legitimados. El otro, hecho del sueño, lo custodian cuidadosamente, a menudo lo encierran, a veces lo ocultan. Conversan con él a solas. Le temen, porque saben que el reflejo es más viejo que la imagen.

XLVI. Sobre el patio de la cárcel

Es un cuadrado: unos metros por otros tantos. A menudo espacioso. Durante la caminata, ahí pueden encontrarse cosas interesantes: una piedra insólita, un pájaro muerto, una sombra de las nubes. Ese cuadrado está cercado por altos muros y sintoniza una música melancólica. En el patio de la cárcel es eterno el mediodía y el sol siempre está en el cénit. Fuera de él (no mencionaremos qué tan bien lo custodian) se extiende la ciudad, luego los campos, las aldeas, los ríos… Por el patio de la cárcel caminan los gemelos encerrados, hechos del sueño.

Fuera de él viven los otros, hechos de la realidad. Solo tomados del brazo forman la vida.

XLVII. Cómo matar el tiempo en la cárcel

Teja un chaleco antibalas. Limpie sus uñas. Espere una llamada telefónica. Investigue la posibilidad de una conversación con un café. Fantasee sobre el gran diluvio. Interprete su obra teatral favorita. Ría. Busque con la mirada una telaraña. Olvídese del ayer. Pinte el paisaje de la ventana. Prepárese para esperar la llegada del Año Nuevo. Hilo por hilo, desatornille la cortina.

Deshilache las rejas. Ladrillo por ladrillo, desmantele el muro.

Recuerde finalmente: hay que recorrer el tramo más largo posible de la pista antes de llegar a la meta. Haga brincos contra el piso para que el cuerpo levite brevemente en el aire. Corra…

XLVIII. Cómo prepararse para esperar la llegada del año nuevo

Escoja cuidadosamente el lugar del festejo, las bebidas, la comida y la música. Todo tiene que estar armoniosamente combinado. La decoración del espacio es sumamente importante.

Concédale al lugar un aspecto diferente del usual. Si espera el Año Nuevo en un parque, corte los árboles. Es más fácil ver las estrellas desde un descampado. Pero si lo quiere esperar en un prado, plante los retoños que crecen rápido. Las estrellas se vislumbran más fácilmente desde un bosque. Si ha estado leyendo este libro con atención, comprenderá que el mayor peligro durante un festejo es la bebida. Sí, ahora lo sabe de primera mano: después de grandes cantidades de alcohol, vienen las grandes cantidades de café. Desde luego, una conversación con un café se puede llevar también utilizando «los geranios».

Pero, ¿qué hacer, diablos, con dos o tres cafés que uno toma mínimamente durante la noche más alegre?

XLIX. El primer consejo: cómo llevar una conversación con dos o tres cafés

Sin pánico, ya se nos ocurrirá algo.

L. El segundo consejo, sobre el mismo asunto

Ah, he aquí unas ideas. Decídase por alguna según su propio gusto. Escuche música clásica. Con ella de fondo, la mayoría de la gente habla, de modo que nadie se dará cuenta de que usted calla. O… Con una sola palabra, insinúe uno de los grandes temas eternos. La palabra la puede escoger de manera completamente arbitraria. O tal vez esto… Mire a sus colocutores con una mirada penetrante. Alguno de ellos se asustará y se atragantará con el café. El resto del tiempo pasará en alboroto. Le darán golpes en la espalda, le traerán agua y se olvidarán de la conversación. Pues bien, junto con «los geranios», ahora tiene otras ideas para llevar una conversación con cuatro cafés. Si alguien propone un quinto, no será sospechoso que usted lo rechace despreocupadamente.

APÉNDICE

Cómo escribir y usar los consejos para una vida más fácil

Un año antes de escribirlos, prepare todo lo que necesita: la iluminación, el papel, las palabras, el lápiz, el buen humor, el borrador y lo demás. Escriba palabra por palabra. Use su habla interior, pero expréselo con un lenguaje reconocible. Ponga las hojas recién escritas en un libro voluminoso para que las letras se asienten bien. Tras la labor terminada, revise todo una vez más, escriba un apéndice y una todo con una engrapadora. Ofrezca los consejos a sus amigos para leerlos mientras se toman el café. Luego sirva una copa de vino, un pedacito de queso, unos caramelos, una música agradable. Mientras observa cómo su vida se está volviendo más fácil, puede reír.

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