De acuerdo con el prestigioso Instituto sueco V-Dem, que se dedica a medir y mapear el nivel de democracia alrededor del mundo, en la actualidad el 74% de la población mundial vive en regímenes autocráticos, en contraste con el 50% en 2005. De manera trágica, la distopía que imaginó George Orwell en 1948 y que plasmó en su famosa obra 1984, se está materializando frente a nuestros ojos.

En todo el mundo están al alza los gobiernos autocráticos, los que, para intentar esconder sus verdaderas intenciones, se defienden con todo tipo de discursos y narrativas que seducen y hechizan a una población que pierde día a día la capacidad de pensamiento crítico.

Uno de estos países, cuyo gobierno promueve como el más democrático del mundo, no sale bien librado en el estudio de V-Dem. Aunque le duela al gobierno del número y la letra, V-Dem lo clasifica, de manera objetiva, como una autocracia electoral, con tendencia decreciente.

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El proyecto V-Dem clasifica el nivel de democracia en cuatro grandes grupos: democracia liberal, democracia electoral, autocracia electoral y autocracia cerrada.

El sistema de gobierno denominado democracia fue ideado por los griegos y significa una “forma de sociedad que reconoce y respeta como valores esenciales la libertad y la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley” (RAE).

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En contraste, una autocracia es “una forma de gobierno en la cual la voluntad de una sola persona es la suprema ley” (RAE). Sus sinónimos son dictadura, totalitarismo, tiranía.

La renombrada periodista Anne Applebaum afirma en su libro Autocracy, Inc., que el objetivo de una autocracia no tiene nada que ver con el bienestar de su población, sino que su único fin es de perpetuarse en el poder. Hoy en día las autocracias tienen para ello muchos aliados internacionales, como si se tratara de una gran multinacional. Por eso el nombre de Autocracy, Inc.

Frente a este escenario, la primera reflexión que nos viene a la mente es qué podemos hacer los ciudadanos de a pie. Los seres humanos se han enfrentado a situaciones extremas a lo largo de la historia, y tal vez podemos aprender algo de sus relatos.

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Dietrich Bonhoeffer (1906–1945) fue un teólogo, pastor luterano y resistente alemán conocido por oponerse públicamente al régimen nazi de Adolf Hitler durante la Segunda Guerra Mundial.

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Es recordado tanto por su pensamiento cristiano como por su valentía moral frente al totalitarismo (V-DEM definiría al totalitarismo como una autocracia cerrada).

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Frente a las atrocidades que tuvo que presenciar, la pregunta que obsesionaba a Bonhoeffer no era cómo fue posible el mal, sino cómo fue posible que gente buena lo aplaudiera. Descubrió que la estupidez es un enemigo más peligroso que la maldad.

Bonhoeffer afirmaba que la persona estúpida no es alguien con poca inteligencia, sino que es alguien que ha renunciado a usar su propio juicio. Alguien que ha entregado su capacidad de pensar a un líder o una ideología y, una vez que eso ocurre, no puedes convencerla con hechos. No puedes apelar a su razón, porque ya no tiene razón propia, tiene la razón de otro.

Esta es una piedra con la que no dejamos de tropezarnos. Lo vimos en la Alemania Nazi, pero sigue sucediendo en regímenes autocráticos de la actualidad, como Venezuela, por poner solo un ejemplo. Hugo Chávez fue en su momento venerado como un santo por un pueblo que le entregó su capacidad de pensar, a pesar de que Chávez destruyó a su país y se enriqueció obscenamente en el camino. Su hija, María Gabriela Chávez, posee una riqueza estimada en 4,200 millones de dólares, mientras que el pueblo venezolano vive una de las peores crisis humanitarias de la historia reciente.

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Bonhoeffer decía que contra la maldad puedes luchar: puedes denunciarla, resistirla, encerrarla, pero contra la estupidez no tienes defensa. El estúpido es instrumento de otros, y lo peor es que no sabe que lo es. Se siente convencido, parte de algo grande. Se siente del lado correcto.

No fueron los monstruos quienes destruyeron a Alemania. Fueron millones de personas normales que entregaron su criterio a un movimiento. No eran malvados, eran algo peor. Eran obedientes, sin pensamiento propio.

¿Cómo desarrollar el pensamiento crítico? Una herramienta indispensable es la lectura de nivel superior. No la lectura superficial y fragmentada que acostumbramos en la actualidad, sino la lectura profunda que hemos abandonado.

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En abril de 1945, pocas semanas antes del final de la guerra, Bonhoeffer fue ejecutado por orden nazi en el campo de concentración de Flossenbürg. Tenía 39 años.

Por otro lado, tenemos el testimonio de Viktor Frankl, un sobreviviente del holocausto. Frankl, nacido el 26 de marzo de 1905 en Viena, Austria, y fallecido el 2 de septiembre de 1997 en su natal Viena, fue un psiquiatra y psicoterapeuta que desarrolló el enfoque psicológico conocido como logoterapia, ampliamente reconocido como la "tercera escuela" de la psicoterapia vienesa, después de la "primera escuela" de Sigmund Freud y la "segunda escuela" de Alfred Adler.

Siendo judío, en 1942 Frankl y su familia fueron enviados a campos de concentración, en donde murieron sus padres y su esposa. Frankl observó la brutalidad y la degradación a su alrededor y se dio cuenta de que los internos que tenían un sentido de vida tenían más probabilidades de sobrevivir. Él mismo encontró ese sentido en la idea de escribir un libro en el que narrara las experiencias tan dramáticas que le había tocado vivir.

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Frankl sobrevivió y escribió su libro, que se convirtió en una de las obras más importantes del Siglo XX: El hombre en busca de sentido.

La teoría de Frankl se basaba en la idea de que la motivación principal del individuo es la búsqueda de sentido en la vida y que el objetivo primordial de la psicoterapia (su logoterapia) debería ser de ayudar al individuo a encontrar ese sentido. La palabra “logos” significa “sentido”.

Frankl concluye que: “Al hombre se le puede arrebatar todo, salvo una cosa: la última de las libertades humanas, que es la de elegir su actitud ante cualquier circunstancia.” Esa idea se vuelve el corazón del libro.

Espero que la humanidad despierte y que logremos recuperar el pensamiento crítico, para que dejemos de entregar nuestra razón a gobiernos autoritarios.

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