Los rumores de la muerte de Elena Poniatowska fueron los que reactivaron las conversaciones con el gobierno para hallar un sitio donde se pueda preservar su archivo, reveló Felipe Haro, hijo de la escritora, en la presentación de la exposición Elena Poniatowska Amor. Archivo personal, que inaugura este sábado y estará hasta agosto en el Museo del Estanquillo.
Apenas la semana pasada, la escritora se reunió con la presidenta Claudia Sheinbaum en Palacio Nacional. Sobre el encuentro, la mandataria dijo que se habló de “lo importante que es resguardar todo el acervo de Elena”.

Haro dice sentir envidia por el Museo del Estanquillo, un recinto fundado por Carlos Monsiváis, y por Francisco Toledo, quien en Oaxaca tiene recintos como el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca. “Ojalá la Fundación (Elena Poniatowska Amor A.C.) algún día tuviera una casa así”.
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No es la primera vez que el hijo de la periodista y titular de su fundación señala la falta de espacio y recursos para ello, pues considera que la sede que tiene en la Escandón ya no es suficiente y que necesita 10 millones de pesos anuales, en vez de cuatro, para poder dar un buen funcionamiento y conservación al archivo. Sólo que esta vez siente que es diferente, cree que con Sheinbaum será posible concretar el proyecto de una nueva sede para el archivo de la ganadora del premio Cervantes.

“Ayer me enteré que nuestra Presidenta quiere ver la posibilidad de cómo resguardar esto. Ya vamos a entrar en pláticas para tener nuestra propia casa”, dijo Haro y añadió que ya hubo con la Secretaría de Cultura. “Estuvimos en pláticas con Andrés Manuel, no se concretó nada, pero seguramente ahora con la Presidenta sí se va a poder concretar, creo que en esta ocasión va a ser más fácil porque tengo fe; creo que Claudia Sheinbaum está muy preocupada”.
Haro detalla que el acervo, al que adelanta que se sumarán archivos de otros escritores, ha recibido ofertas de compra que se han rechazado porque desean que permanezca en México. También detalla que los documentos de Poniatowska son de la familia, pero que se entregarían como un comodato vitalicio e indivisible, como lo desea la periodista, que ya han compartido a las autoridades propuestas de lugares donde les gustaría que se ubicara el archivo, y que está pendiente avanzar en su catalogación y digitalización.

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“Elena es incapaz de irle a pedir nada a nadie. En esas conversaciones seguramente nunca va a estar Elena, porque le da pena pedir hasta una pluma. Eso lo tenemos que hacer otras personas, y esa es mi labor”, añadió Haro.
El origen es escribir sobre la página en blanco, por eso el recorrido por los más de 400 objetos del archivo personal de la escritora comienzan con sus máquinas de escribir. El relato arranca desde la vida familiar de Poniatowska, donde cuenta cómo fue salir de la Francia lluviosa de la Segunda Guerra Mundial al México soleado, con aguacates y perros callejeros.
Tras crecer entre bicicletas, National Geographic y su familia, una joven Poniatowska salta a la vida profesional, dejando rápido su etapa como reportera de sociales para meterse de lleno al periodismo cultural y social, ilustrado con cientos de fotografías en la que se le observa conversando y con ojo atento, casi siempre acompañada por sus cómplices: una grabadora gigantesca, un micrófono, una pluma y una libreta. En esas imágenes —en su mayoría capturadas por Héctor García— se puede ver a Poniatowska con figuras como Salvador Novo, Juan Rulfo, Julio Cortázar, Vicente Leñero, María Félix... pero también con los estudiantes del 68 y el EZLN. “Revisar las entrevistas de Elena es conocer la historia del México contemporáneo”, dijo el cuardor Moisés Rosas.

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Entre cartas y libros, el recorrido por la vida de Poniatowska, que a su vez cuenta la de México, concluye con los premios que ha tenido, como las Medallas Bellas Artes y la llave de la Biblioteca Cervantina.
Aunque Alejandro Brito, director del museo, dijo que la escritora sólo accedió a que se hiciera la exposición si no giraba en torno a su vida personal pero sí a la profesional, la muestra es una mirada más íntima sobre Poniatowska al exhibir por primera vez las fotos que hizo en Yucatán y Auschwitz, o las pinturas que realiza cada fin de semana, ilustrando su llegada a México u homenajeando a su esposo, Guillermo Haro.
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