¿Está la democracia peleada con la lucha contra el cambio climático?

Solange Márquez

El pasado 22 de abril se conmemoró el Día de la Tierra en un entorno poco halagüeño en algunos países como México o Estados Unidos, donde las políticas públicas parecieran estar encaminadas a echar para atrás años de avance en materia de energías renovables. Bajo la bandera nacionalista se ha vuelto a poner a las dos empresas paraestatales, que por años fueron las más importantes, Pemex y CFE en el centro para supuestamente beneficiar a la mayoría del pueblo y a los que menos tienen. 

La crisis del clima está impactando todo, desde los océanos, la energía, el derretimiento de los polos hasta la viabilidad de los sistemas democráticos en el mundo. Desde hace años tenemos claro que iniciamos un camino muy riesgoso con el aumento de las temperaturas, hoy es evidente que si no hacemos cambios radicales en el corto plazo, ese aumento y sus impactos tendrán efectos catastróficos en el planeta. El Panel Intergubernamental de Cambio Climático ya le ha puesto fecha: 2030. Nos quedan escasos 11 años. 

En este contexto, el mismo 22 de abril 22 autores de distintos países lanzamos el libro Clima Abandonado: Estamos en la lista de especies en peligro de extinción. Una colaboración internacional sobre cambio climático. En mi caso escribí sobre la democracia

¿Qué significan esos cambios, por qué no se han logrado implementar en todos estos años y qué impacto tienen en nuestras democracias?  Aquí algunas citas de mi propio texto en el libro: 

“Las anticuadas promesas de la democracia, esas garantías de un puñado de derechos, parecen inútiles cuando el pan escasea en la mesa y tener un trabajo es el sueño de algunos. Sin embargo, las fintas populistas tienen un origen aún más siniestro. El arquetipo democrático está colapsando. Pieza a pieza, la democracia está perdiendo credibilidad y fuerza. 

“El creciente crecimiento de la desigualdad social y la disparidad económica es actualmente la preocupación más importante de las sociedades modernas, pero las proyecciones de crecimiento futuro de estos problemas no pueden entenderse completamente sin examinar el contexto en el que nos vemos afectados. Específicamente, aquellos que se verán más afectados por la creciente frecuencia e intensidad de los eventos climáticos son los que menos pueden permitírselo.

“[Así] la relación entre democracia y cambio climático implica dos aspectos importantes. Cada uno es tan crucial como el otro, aunque el impacto final será divergente […]” Dichos aspectos son: 1. La creciente demanda de energía. Donde se pone el énfasis en el mito de  que los combustibles fósiles son la única solución cuantitativa, lo cual alimenta el discurso populista de que las renovables son sólo buenas intenciones impracticables. 2. Migrantes del clima. Que señala la inestabilidad creada por el aumento en los fenómenos migratorios en la respuesta efectiva de los gobiernos para hacerle frente y la percepción que eso ha generado en la ciudadanía. 

¿Qué debe seguir? Un cambio de paradigma: el debate debe alejarse del dilema “Populismo o Caos”. La democracia (con un eficiente control del poder) sigue siendo la respuesta adecuada para hacer frente a la crisis que vivimos, pero estamos obligados a incorporar el cambio climático como un asunto prioritario y transversal desde su esencia misma. Una democracia que procure el bien de todos y se aleje de los añejos nacionalismos.

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