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Cincuenta liberales ciegos

02/06/2019
02:05
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Cincuenta liberales ciegos caminan en fila india, uno tomado del hombro del siguiente, guiados por el más connotado entre ellos, otro ciego.

Ingresan así formados a la sala magna, inútilmente bella, van a tomar asiento en las sillas de metal, provocando un staccato metálico al tantear con sus bastones de ciego sus patas. Y están ya sentados para escuchar a su líder, instalado en la plataforma, en un sillón inútilmente blanco.

—La idea central del Liberalismo es la Libertad –enuncia Vargas Llosa, los párpados cerrados. –La Libertad con mayúscula. La Libertad en la vida personal, en la vida económica y en la vida política.

—Libertad que en la vida personal significa que cualquiera, sin importar su género, su preferencia sexual, su raza o sus creencias cosmológicas, tiene derecho a las mismas oportunidades para crecer y ser feliz.

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Foto: EFE
 

¿No ve el Liberal en Jefe, mientras habla así, sin ojos, que en la magna sala solo hay hombres de rostro blanco y afeitado? Ah, y una mujer de pelo largo y rojo por allá en una esquina, y otra por acá, esa en la segunda fila, tomada de la mano de su dueño, su esposo intelectual liberal.

—Libertad –alza la voz emocionada el líder ciego—que en la vida económica significa libre competencia y libre mercado.

La mitad de quienes lo escuchan están becados por los gobiernos de sus países latinos. Un eufemismo para decir: viven del subsidio. Las publicaciones culturales de los más conspicuos también viven del dinero público. ¿No ve nadie en la sala magna esa contradicción del tamaño del Océano Atlántico?

No, no la ven. Tal vez porque son ciegos.

Y tal vez tampoco la ven porque es una hermosa costumbre que los liberales más liberales —a decir: los grandes empresarios liberales— han normalizado: vivir del Estado. Esos empresarios que pregonan y defienden y financian en las elecciones a los partidos liberales y a cambio solo les piden que al llegar a las oficinas de gobierno cierren los ojos y no les cobren impuestos o que les cedan contratos billonarios para construir infraestructura pública, pequeña coima intermedia, o que les vendan a precio de chícharos los restos del Bien Común de las naciones (un bosque, el agua de un país, las minas de oro y plata, el monopolio de la telefonía o de la electricidad, cosillas digamos).

—Y en lo político —sigue diciendo con su voz de terciopelo el Ciego en Jefe— la Libertad significa la diversidad de voces en el debate público y de opciones en la Democracia.

Acá los liberales ciegos golpean con sus bastones las patas de la silla frente a ellos para asentir sonoramente con el orador. Tic tic tic. Tic tic tic.

¿No ven que no hay entre ellos un solo comunista? ¿Una sola persona de Izquierda?¿Una solitaria ecologista vegana? Carambolas, ¿alguien que disienta con ellos?

Son ciegos, creo que ya estaba escrito eso y acá se reitera: son ciegos.

O dicho con mayor precisión: se han ido quedando ciegos en las tres décadas en que el Liberalismo ha sido el único credo en la arena de debate de las democracias latinas.

Hay algo melancólico en lo que a continuación ocurre.

El Ciego en Jefe desciende del estrado manoteando el aire. Ocho ciegos suben al estrado, algún tropezón intermedio, y se acomodan en los sillones blancos prestamente colocados por las manos invisibles de los utileros morenos. Inicia la conferencia magna El Desencanto con la Democracia.

¿No ven que el triunfo en las urnas de una opción distinta a la de ellos significa la afirmación de la Democracia? ¿No ven que el desencanto de las mayorías no ha sido con la Democracia, sino con ellos: los caballeros de un Liberalismo que se fue cerrando a la realidad y se quedó hablando quimeras: un Liberalismo que luego de 30 años sigue prometiendo una Libertad universal que ni siquiera intentó?

Qué terco es el lector, la lectora, que no entiende para ahora que no, no lo ven: están ciegos.

En la tarde, la fila de cincuenta ciegos, uno tomado del hombro del siguiente, guiados por el más connotado entre ellos, otro ciego, camina al borde de una cañada, honda como un precipicio…

Periodista y escritora de ficción —de drama y de prosa—.