Los ladridos de Trump

Raúl Rodríguez Cortés

En el Departamento de Defensa de Estados Unidos ya trabaja un grupo especial creado para ejecutar la orden de su comandante en jefe, el presidente Donald Trump, de militarizar la frontera con México. Fue denominado “Célula de apoyo para la Seguridad Fronteriza” y su misión es desplegar entre dos mil y cuatro mil efectivos de la Guardia Nacional que estarán ahí “hasta que se construya una gran proporción del muro fronterizo”.

Trump ha sido y es proclive a la estridencia mediática, es decir, ladra, pero no muerde. De manera que esta decisión, sin duda antimexicana y ofensiva, propia de la honda raigambre racista que lo caracteriza a él y a su electorado, debe analizarse a partir de sus ruidosas invectivas.
   
El destemplado millonario reaccionó así frente a la caravana de centroamericanos, el llamado “Vía Crucis de Migrantes” que cruzaba México para entrar a Estados Unidos, iniciativa de protesta que se realiza desde 2010. La de este año fue magnificada por la cadena televisiva Fox, muy cercana a los intereses de Trump, que lanzó la voz de alarma con la estridente idea de una invasión. Con similar disonancia, el hombre fuerte de la Casa Blanca ordenó al gobierno de México que la detuviera si no quería ver cancelados el TLCAN y el programa de apoyo a los llamados Dreamers. El “Vía Crucis de Migrantes” se diluyó por sí mismo, lo que Trump interpretó como el acatamiento de sus órdenes. Aún así la estridencia siguió: la frontera con México será militarizada.
   
El término militarizar sugiere el despliegue del ejército o los marines estadounidenses, lo que no es más que otra disonancia, ya que lo que se desplegará es la Guardia Nacional, grupo de reservistas que estarán desarmados y que, por ley, están impedidos para hacer funciones de carácter migratorio o aduanal. Su función será establecer un canal de información entre el Pentágono y el Departamento de Seguridad Interna, éste último el responsable de la seguridad de sus fronteras. 
 
No es, por cierto, la primera vez en la historia reciente que un gobierno estadounidense despliega a la Guardia Nacional en la frontera con México. Lo hizo George W. Bush, de 2006 a 2008, en el contexto de la guerra contra el terrorismo que siguió a los atentados del 11-S y de la fallida negociación de la reforma migratoria integral que el entonces canciller Jorge Castañeda Gutman llamó “la enchilada completa”. Fue la llamada operación Jump Start que desplegó a seis mil efectivos con un costo de mil millones de dólares. Y también lo hizo Barack Obama, durante seis meses de 2010, buscando la reelección tras el fracaso de su intención de regularizar a millones de indocumentados. Ésta última fue la operación Phlanax con un costo de 200 millones de dólares.
   
Ya con estos referentes cabe entonces preguntarse: ¿qué es lo que pretende Trump? Se vislumbran dos posibles razones: 1. reforzar el apoyo de su electorado, de cara a las elecciones intermedias que habrá en su país, en momentos en que su popularidad está severamente dañada por su fracaso en la construcción del muro y los escándalos de Russiagate y de la actriz porno que fue su amante, y cuando su discurso antinmigrante no tiene mayor sustento si se toma en cuenta que, entre 2009 y 2014, regresaron un millón de indocumentados e ingresaron 800 mil, realidad sufrida en términos prácticos por las empresas agrícolas de California, la mitad de las cuales se quejan de una grave escasez de mano de obra; y 2. amedrentar a sus socios comerciales en la renegociación del TLCAN, a sus opositores demócratas en lo relativo al programa DACA y a México en su proceso electoral interno que por lo visto hasta ahora se encamina a resultados que no encajan en su interés estratégico.
   
De ahí que el editorial de ayer del New York Times ponga el dedo en la llaga: “Trump está desesperado por compensar su fracaso con el muro” y que la respuesta formulada ayer en cadena nacional por el presidente Peña Nieto haya concitado el respaldo de todas las fuerzas políticas y sociales del país: “presidente Trump… si sus recientes declaraciones derivan de una frustración por asuntos de política interna, de sus leyes o de su Congreso, diríjase a ellos, no a los mexicanos”.
   
Y la declaración más firme que se recuerde de Peña Nieto en cinco años de gobierno ante los innumerables ladridos trumpianos: “Jamás negociemos con miedo, pero jamás temamos negociar”, frase, por cierto, de John F. Kennedy.  

INSTANTÁNEA: 1.  LESA HUMANIDAD. El ómbudsman de Oaxaca, Arturo Peimbert demandará ante la Corte Penal Internacional al ex gobernador Ulises Ruiz y al ex presidente Felipe Calderón por delitos de lesa humanidad. Asegura que los dos ex mandatarios implementaron en ese estado una guerra sistemática en contra de la protesta social.

2. ALARMA. Damnificados de Zacatepec,  Morelos, denuncian falta de atención de los gobiernos municipal, estatal y federal. Dicen que se privilegió la reconstrucción del estadio de futbol que la de sus casas dañadas por el terremoto del pasado 19 de septiembre. Acusan que la chimenea del ingenio de la localidad permanece derribada, lo que genera altos niveles de contaminación.  

3. AJUSTES. En la COFEPRIS se hacen cambios importantes en la estructura de funcionarios de la comisión de autorización sanitaria, para agilizar los procedimientos en ayuda a la industria farmacéutica nacional y entregar buenas cuentas al secretario de Salud, José Narro.

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