La economía presidencial en la 4T

Pedro Isnardo de la Cruz y Juan Carlos Reyes

El manejo prudente del gasto público para 2018-2019 se enmarca en la política de austeridad republicana (exigida a los poderes de la república) y con la adopción de una propensión favorable a la negociación del TMEC con Estados Unidos de América (incluida la aceptación de la actualización salarial y libertad sindical prescrita para su aprobación).

Esto se ha articulado con la aprobación de una reforma laboral por el Congreso, que muestra voluntad presidencial no sólo pragmática en materia económica, busca condiciones para la preservación de la estabilidad macroeconómica y configura una política económica que envíe señales a los actores de que la inversión en México tiene futuro. Estos cambios buscan sortear inconformidades cívicas respecto a eventuales alzas en los precios de la gasolina, mientras se pautan cambios profundos a favor de la política social de la 4T.

Por ahora, los indicadores económicos de las calificadoras y del Banco Mundial así como de los círculos de opinión mediática y especializada de México y el mundo, redujeron las expectativas de crecimiento económico y avizoran una desaceleración económica.

Será capital para la economía mexicana preservar la disciplina fiscal actual y desmantelar los enclaves de fraude y corrupción en el ejercicio presupuestal federal, además del comportamiento de la recuperación económica de Estados Unidos y la ausencia de una guerra comercial o un escenario que escale a nivel migratorio.

Un crecimiento económico superior al 3% es indispensable para dar viabilidad al diseño y puesta en práctica de un nuevo modelo de bienestar social de matriz mexicano.

Ello a su vez requiere un nuevo pacto fiscal federal, la recuperación de la confianza del capital privado en ciclos de negocios y mercados de futuro en diversas áreas estratégicas para invertir en el país; la potenciación de la liberalización de las drogas y sus consecuentes mercados internos; la contención del volumen elevado en los niveles de endeudamiento público gubernamental, así como del privado, en las familias y consumidores mexicanos y la recuperación de la Rectoría del Estado en un sistema de corresponsabilidad y regulación de la economía, del crédito y de ámbitos comerciales.

Resulta pertinente la frase de O. W. Fischer “no hay un título más noble que el simple saludo sueco Señor (a)” y un pasaje sobre la filosofía moral de la economía en las cartas privadas del Lord Shaftesbury: “cuida que la solemnidad no te pervierta (…) de modo que toda preeminencia, riqueza o pensión que recibas o esperes recibir, merced a este papel que has asumido, proviene de la sociedad” [Imaz, Ramón, Shaftesbury (1671-1713). Cartas a un estudiante universitario. ÉNDOXA, Series filosóficas, UNED, Madrid, 2011].

Ello es telón de fondo de la complejidad que implica la conversión de la esfera de las finanzas públicas en un ámbito honorífico: un modelo social en el que las personas experimenten que lo más honorable que pueda hacer un ser humano, es si participa en la configuración de su comunidad / nación, por lo que es momento de retomar el debate sobre una reforma fiscal y ahora sí, rehacer el presupuesto de gasto mediante un diseño eficiente, redistributivo y racional, para la viabilidad y sostenibilidad en el largo plazo, del nuevo modelo de bienestar social mexicano de la 4T.

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