Calidad moral: base de avance o retroceso

Óscar Mario Beteta

Quien se sabe poseedor de esa virtud, aun con modestia, la muestra sin reticencias. Quienes nunca la adquirieron o por alguna razón la dejaron en su camino, simplemente se niegan a tocar del tema

La moral es la prenda que con más orgullo puede exhibir cualquier persona. Quien se sabe poseedor de esa virtud, aun con modestia, la muestra sin reticencias. Quienes nunca la adquirieron o por alguna razón la dejaron en su camino, simplemente se niegan a tocar del tema.

En este caso se hallan Andrés Manuel López Obrador y Ricardo Anaya, lo cual es inaceptable si pretenden gobernar México. Ese es uno de los factores que más debería considerar el electorado a la hora de cruzar la boleta en la soledad de la urna y de su conciencia.

Por contraparte, José Antonio Meade, quien ayer presentó su declaración 7de7, es el único que no siente temor alguno a que se revise su pasado en vínculo con su desempeño público, esfera donde suelen hacerse los grandes negocios y las obscenas fortunas en este país.

El candidato presidencial de Morena-PT-PES, ha proclamado durante muchos años que es una persona honrada, que es como el Ave Fénix, que cruza los pantanos y no se mancha su plumaje, pero invariablemente se ha negado a informar de qué vive.

Los cuantiosos gastos de los múltiples recorridos que ha hecho por todo el país desde hace más de una década sin que se le conozca una fuente segura, permanente y confiable de ingresos, es motivo suficiente para despertar sospechas.

Su oferta electoral en relación con que acabará con la corrupción que se da en todas las esferas, por lo menos es motivo de duda.

Con una eficaz estrategia de socarronería, ha evadido hábilmente la legítima exigencia de sus contrincantes políticos de que ofrezca información que le permita acreditar la “honestidad valiente” con la que se viste. El ciudadano tiene derecho a saber qué hay bajo ese ropaje.

El abanderado del PAN-PRD-MC, ha tomado como bandera de campaña la intención de atacar el fenómeno que más corroe al país, que es la prevaricación, pero ha sido severamente cuestionado por la fortuna que su familia y él mismo han hecho supuesta, o realmente, a la sombra del poder.

Si AMLO y Anaya se ufanan de haber actuado con probidad en el desempeño de los cargos que han ocupado, deberían estar dispuestos a debatir sobre sus haberes. La rectitud y pulcritud en el cumplimiento de sus deberes es lo que más querrían poner ante los ojos de sus potenciales electores.

La ética y la moral en quienes pretenden conducir al país por los próximos seis años, pero también todos los que ejercerán un mando o una función pública, están obligados políticamente a probar que tienen las manos limpias de dinero y/o cualquier otro tipo de corruptelas.

El candidato del PRI-PVEM-Panal, José Antonio Meade, está tratando de construir sus posibilidades sucesorias en el reiterado señalamiento de que su vida pública está basada en el principio fundamental de la política, que es la ética.

Eso le da toda la autoridad moral para convocar a sus contrincantes a que se presenten ante la Nación y le expliquen sin cortapisas cuánto tienen y cómo lo hicieron. Quien esté dispuesto a hacer eso, es porque sabe que ha llevado correcta e irreprochablemente sus cuentas.

Si en ese punto, que debe ser determinante para elegir al próximo presidente de la República, AMLO y Anaya se niegan a debatir, por contraparte a la reiterada disposición manifiesta de José Antonio Meade para hacerlo, la sociedad tiene ya un factor importante para decidir su voto.

Contrastar para evaluar los antecedentes, experiencia e historial personal y profesional de cada uno de los candidatos, es obligación de los ciudadanos antes de acudir a las urnas el próximo primero de julio.

SOTTO VOCE… La “aclaración” de Gabriel Ochoa Ornelas a mi columna del 23 de marzo, en realidad no precisa de una contrarréplica en virtud de que, prácticamente, todo lo que señala en su legítimo ejercicio de ese derecho, es inconsistente, confuso y críptico. Baste mencionar que en mi entrega (http://eluni.mx/e5wt3jor) jamás referí que, como él asegura, defraudó a la nación por 2 mil 400 millones de dólares y que, como también afirma, nunca ha estado en la cárcel. Que del tema el inteligente lector saque sus propias conclusiones. Ese “sujeto”, empero, jamás podrá negar la imborrable evidencia gráfica en la que se le ve, no posando, sino fichado por la Policía Ministerial de Zihuatanejo, como se puede apreciar claramente en la fotografía que en este espacio le presento.

[email protected] @mariobeteta

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