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No he vivido una Copa del Mundo donde la afición tenga pleno convencimiento y confianza en la Selección Nacional. Siempre hay dudas, críticas, señalamientos y toda clase de presentimientos.
Algunas selecciones llegan con más perspectiva que otras dependiendo del proceso, la lista definitiva y los últimos partidos de preparación.
Sólo un equipo fue capaz de unificar en positivo: el de Argentina 78, que llegó con altísimas expectativas al Mundial, producto de una gira europea exitosísima, sin embargo, todo se desmoronó en el debut cuando perdió 0-3 ante Túnez. Tres partidos, tres derrotas y a casa con la maleta llena de goles.
Ciertamente, los últimos 100 días están llenos de nerviosismo e incertidumbre, pero no me había tocado vivir algo así, algo tan grande y paradójico: el entrenador con mejores resultados y que fue capaz de culminar un proceso llega con más descrédito que cualquier otro.
Diría que estamos confundidos, todos, el aficionado, el periodista y lo más preocupante: el jugador y el mismo entrenador. Esa es la sensación, eso es lo que transmite Juan Carlos Osorio a través de sus rotaciones, cambios repentinos de esquema y la poca claridad colectiva del equipo.
Y sí, puede que sea el mejor en números, pero es el único entrenador que no ha ganado nada cuando ha disputado más de un torneo internacional y, peor aún, ni siquiera ha tenido la capacidad de competir.
Los constantes cambios pueden funcionar en partidos amistosos o incluso cuando hay fechas FIFA, pero está clarísimo que en una competencia donde se juega cada tres o cuatro días, al equipo no le alcanza: Copa América, Confederaciones y Oro lo dicen todo.
No concibo que un entrenador que lleva tres años de trabajo cambie todo después de un viaje por Europa, donde hubo charlas con directores técnicos reconocidos y vio jugar a algunos equipos con tres defensores.
Las victorias o derrotas pasan a segundo término en esta recta final. Es más importante ver los medios que tratan de justificar el fin, y en ese sentido es donde reina la confusión.
Quedan algunos juegos donde podremos ver formas y fondos del equipo y donde podremos establecer si nuestra confianza estará depositada en las inspiraciones individuales o en la inteligencia táctica del entrenador.
Todo cambia, pero hoy, mi pensamiento pasa por el primer factor, ¿el suyo?
futbol@eluniversal.com.mx
Algunas selecciones llegan con más perspectiva que otras dependiendo del proceso, la lista definitiva y los últimos partidos de preparación.
Sólo un equipo fue capaz de unificar en positivo: el de Argentina 78, que llegó con altísimas expectativas al Mundial, producto de una gira europea exitosísima, sin embargo, todo se desmoronó en el debut cuando perdió 0-3 ante Túnez. Tres partidos, tres derrotas y a casa con la maleta llena de goles.
Ciertamente, los últimos 100 días están llenos de nerviosismo e incertidumbre, pero no me había tocado vivir algo así, algo tan grande y paradójico: el entrenador con mejores resultados y que fue capaz de culminar un proceso llega con más descrédito que cualquier otro.
Diría que estamos confundidos, todos, el aficionado, el periodista y lo más preocupante: el jugador y el mismo entrenador. Esa es la sensación, eso es lo que transmite Juan Carlos Osorio a través de sus rotaciones, cambios repentinos de esquema y la poca claridad colectiva del equipo.
Y sí, puede que sea el mejor en números, pero es el único entrenador que no ha ganado nada cuando ha disputado más de un torneo internacional y, peor aún, ni siquiera ha tenido la capacidad de competir.
Los constantes cambios pueden funcionar en partidos amistosos o incluso cuando hay fechas FIFA, pero está clarísimo que en una competencia donde se juega cada tres o cuatro días, al equipo no le alcanza: Copa América, Confederaciones y Oro lo dicen todo.
No concibo que un entrenador que lleva tres años de trabajo cambie todo después de un viaje por Europa, donde hubo charlas con directores técnicos reconocidos y vio jugar a algunos equipos con tres defensores.
Las victorias o derrotas pasan a segundo término en esta recta final. Es más importante ver los medios que tratan de justificar el fin, y en ese sentido es donde reina la confusión.
Quedan algunos juegos donde podremos ver formas y fondos del equipo y donde podremos establecer si nuestra confianza estará depositada en las inspiraciones individuales o en la inteligencia táctica del entrenador.
Todo cambia, pero hoy, mi pensamiento pasa por el primer factor, ¿el suyo?
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