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Es preocupante el rumbo económico que está tomando nuestro país, ya que todas las señales que hemos estado viendo al respecto nos están indicando que nuestra economía se encuentra en una marcada desaceleración que apunta a empeorar en el tercer y cuarto trimestre del año, lo que afectaría al empleo.
Lo anterior, es una alerta de que podríamos entrar a una fase recesiva a causa de la debilidad de la actividad estadounidense y los recortes en el gasto público.
He sido empresario toda mi vida, hasta hace poco más de cuatro años que tuve la oportunidad de involucrarme en los problemas que aquejan a México e incursioné en la política.
Siempre he pensado idealmente en la máxima: “toda la sociedad posible y sólo el gobierno necesario”. Y es que desde el pasado primero de diciembre cuando el nuevo gobierno tomó las riendas del país, me han preocupado varios temas, otros muchos los respeto e incluso apoyo, pero con la experiencia adquirida en el sector privado no puedo dejar de ver ciertos focos rojos.
En particular me inquieta y mucho, el que estemos creciendo a una tasa muy por debajo de la que deberíamos.
Apenas este miércoles el Banco de México recortó su pronóstico de crecimiento para nuestra economía que se encontraba dentro de un rango de 1.7- 2.7 por ciento, a uno de 1.1 - 2.1 por ciento. Dicho ajuste es el reflejo de varias situaciones y es que dentro del ámbito externo, se ha detectado una pérdida de dinamismo en el comercio y en la actividad económica global, lo que según un informe del Banco Central se prevé influya sobre la evolución de la demanda externa de México.
Y en el ámbito interno, en el segundo semestre de 2018 y sobre todo, a finales del mismo año, se observó una desaceleración más pronunciada de lo estimado. Esto condujo a un menor nivel del PIB al cierre de 2018, lo que a su vez generó una menor base para el crecimiento de 2019.
Todo lo anterior repercutirá necesariamente en el incremento del desempleo para este año y veo tristemente que en un tema tan sensible, es muy probable que la creación de empleos que se había estado manteniendo en una tasa promedio de crecimiento del cuatro por ciento anual en los últimos años vaya desacelerándose a lo largo de todo el 2019.
Es casi un hecho que para estos primeros seis meses, la creación de puestos de trabajo irá reduciéndose ante una contracción de la inversión privada y los despidos en el sector público, lo que inevitablemente afectará a las familias en su patrimonio y bienestar.
La inversión privada observará una contracción del 12 por ciento. Aquí es donde el tema toca una fuerza importante, y es que si no se da un radical cambio en la percepción de los inversionistas ligada al respeto al Estado de Derecho, la inseguridad, la racionalidad de las políticas públicas, así como una sana gestión de las finanzas, cada día será cada vez más difícil que esta desconfianza se revierta.
México necesita un cambio de rumbo y la participación de todos los sectores económicos, para salvaguardar el empleo de millones de ciudadanos, especialmente en momentos que el gobierno federal está presionado para cumplir con todos los programas sociales prometidos, aunado al endeudamiento de Pemex, que podrían ser en realidad una gran piedra en el camino.
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