Videgaray vs Lozoya

Mario Maldonado

 En la reciente conferencia de prensa que dio Emilio Lozoya Austin, flanqueado por sus abogados, pasaron desapercibidos algunos mensajes, tanto del ex director general de Pemex como del penalista Javier Coello Trejo, los cuales podrían explicar por qué la Procuraduría General de la República (PGR), a cargo de Raúl Cervantes, estaría cerca de girarle una orden de aprehensión. Sobre todo si, como ha trascendido, las pruebas que entregará la fiscalía brasileña a México son contundentes contra Lozoya.

Emilio Lozoya tomó casi cinco minutos de la conferencia para deslindarse, a título personal, del otorgamiento de los contratos a la constructora brasileña Odebrecht, por lo cuales supuestamente se le pagaron sobornos por 10 millones de dólares. En una parte del gabinete esto fue visto como una repartición de culpas; un mensaje para todos aquellos involucrados en la toma de decisiones, incluyendo a su ex amigo y ex secretario de Hacienda, Luis Videgaray, quien lo presentó y recomendó con Enrique Peña Nieto, pero con quien acabó mal tras su gestión al frente de la petrolera.

“Es imposible que la decisión [de otorgar contratos] la tomara una sola persona, incluso si es el director general, pues hay múltiples candados para evitarlo […] los proyectos tenían que pasar autorización, revisión y supervisión de los diversos consejos de las subsidiarias y del consejo de administración de Pemex, donde participan dependencias como Hacienda, Energía, Función Pública, Economía y los consejeros independientes”, señaló Lozoya Austin.

Cuando los escándalos sobre la gestión de Emilio Lozoya comenzaron a hacerse públicos, a finales de 2016, el ex director de Pemex y sus ex colaboradores aseguraron que se trataba de un fuego amigo: que venía de parte de Luis Videgaray, quien conoció a detalle un expediente repleto de supuestas irregularidades y derroches durante la era de Lozoya en Pemex, el cual también fue entregado al secretario de Energía, Pedro Joaquín Codwell.

Cuando José Antonio González Anaya tomó posesión de la empresa, en febrero de 2016, la mayoría de los directivos relacionados con Lozoya salieron de Pemex. Y a petición de Videgaray, se iniciaron auditorías a la gestión de Emilio Lozoya, lo mismo que por parte del Servicio de Administración Tributaria (SAT). Más tarde, en febrero de 2017, la Auditoria Superior de la Federación (ASF) publicó un extenso documento con irregularidades como vuelos injustificados en los aviones de la empresa y compras de activos inservibles a precios estratosféricos.

Videgaray y Lozoya se conocieron en Protego Asesores, el fondo de inversión de Pedro Aspe, mentor y profesor de ambos en el ITAM. Aunque siguieron caminos diferentes: Lozoya apostó por cargos en instituciones internacionales y Videgaray optó por la política mexicana, se reencontraron cuando Enrique Peña Nieto se convirtió en candidato presidencial. Para Videgaray, Lozoya lucía como un buen activo: sus relaciones publicas con hombres de negocios alrededor del mundo ayudarían a “vender” a México como un país en proceso de transformación derivado de las reformas estructurales. Pero durante su gestión en Pemex, la relación se fracturó y termino muy mal, debido a lo que Videgaray consideraba como “pésimas” decisiones al frente de la petrolera. Hoy, cuando se le pregunta a uno por el otro, los gestos de molestia que se dibujan en sus rostros exhiben su relación actual.

Lozoya, sin embargo, sigue tenido una profunda amistad con el presidente del PRI, Enrique Ochoa, a quien arropó durante su toma de protesta y quien lo ha defendido públicamente. Lo mismo con priístas como Emilio Gamboa. Pero de cara a la elección presidencial de 2018 y la intención de que Raúl Cervantes se convierta en el nuevo fiscal anticorrupción, el gobierno del presidente Peña tiene que dar un golpe contundente. Y hoy no hay otro personaje más quemado que Emilio Lozoya.

Posdata. Otro asunto que tampoco ha caído bien en el gobierno son los “mensajes” enviados por el abogado Javier Coello Trejo a Raúl Cervantes, haciéndolo ver –a propósito o no– como alguien que no ha hecho su trabajo en esta investigación. Las filtraciones de la PGR en torno al expediente que viene de Brasil parecen comprobar la molestia.

Competencia en el AICM. La competencia entre los grupos restauranteros más grandes del país está muy presente en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM). En los últimos tres años, se ha observado la expansión y surgimiento de una oferta gastronómica que supera incluso a la que existe en otros aeropuertos del mundo. Marcas como Maison Kaiser, Urban Corner, Pizza Snack, Vips, Chilis, Starbucks, Burger King, Domino’s y Wings tienen restaurantes en las terminales capitalinas. En breve abrirán sus puertas Salute (en la Sala 75 de última espera de la T2) y un Portón en la salida de la Terminal 1. Buen negocio también para la administración del AICM, que lleva Alexandro Argudín. 

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