La pasarela de candidatos en CitiBanamex

Mario Maldonado

Andrés Manuel López Obrador (AMLO) se plantó frente al auditorio de banqueros, empresarios y representantes de fondos de inversión que asistieron a la reunión plenaria del Grupo Financiero CitiBanamex, la cual fue a puerta cerrada y no permitió el ingreso de los medios de comunicación. “Me da gusto verlos”, les dijo el candidato presidencial. Habló por espacio de 10 minutos y durante otra media hora respondió preguntas del moderador Leonardo Curzio. Los administradores de unos siete billones de dólares, o seis veces el PIB de México, escucharon atentos sus respuestas, le aplaudieron unas tres veces y se rieron con él cuando se autonombró Andrés Manuelovich y cuando hizo ademanes simulando golpes en respuesta a cómo le fue en el primer debate.

Ahí estaba, de nueva cuenta, el candidato puntero en las encuestas con los dueños de las instituciones que financian proyectos como el Nuevo Aeropuerto Internacional de México, que tienen posiciones en las empresas que han ganado contratos petroleros en el país y que, de un plumazo, pueden llevarse sus inversiones y generar una crisis. Ahí estaba, de nuevo, para decirles que no van a haber confiscaciones de empresas, que no va a actuar de manera arbitraria, que va a respetar a la iniciativa privada. Pero también para reiterar que el nuevo aeropuerto es una obra faraónica que no debe incluir recursos públicos, por lo que está dispuesto a que, si se convierte en Presidente de México, otorgarlo en concesión. “Si es concesión no me importaría (que se siga construyendo). Lo que no quiero es que se malgasten los recursos públicos”, expuso.

La férrea posición de AMLO en este tema parece haber encontrado un nuevo cauce para evitar que se cancele: dejarlo en manos, exclusivamente, de la iniciativa privada como lo propuso Carlos Slim, el principal inversionista del proyecto. ¿Fue tan visionario el magnate mexicano en adelantarse a proponer este modelo —y criticar, de paso, al gobierno del presidente Enrique Peña Nieto por no haberlo hecho así desde el principio— o fue algo pactado, como ya comienza a trascender entre algunos inversionistas.

Aquí publicamos que Carlos Slim confirmó en aquella conferencia ante medios mexicanos y extranjeros lo que muchos empresarios y ciudadanos temen: que la ventaja de Andrés Manuel López Obrador es prácticamente irreversible y que más vale hacerle frente ahora o pactar con él, porque después podría ser muy tarde.

Sobre el documental El populismo en América Latina, que trasmitirá NatGeo, AMLO elogió a los medios de comunicación que rechazaron trasmitirlo. “Se lo ofrecieron a Televisa, de Emilio Azcárraga; TV Azteca, de Ricardo Salinas Pliego; Grupo Imagen; de Olegario Vázquez Aldir y Cinépolis, de Alejandro Ramírez, pero lo rechazaron. ¿No merecen un aplauso?” dijo.

AMLO fue a un foro que nunca le ha sido fácil, pero esta vez guardó las formas y evitó frases como la de “soltar al tigre”, la cual dio al traste con su presentación en la Convención Bancaria de Acapulco. Incluso, se llegó a poner en duda su asistencia. Días antes de la reunión plenaria, el área de análisis de CitiBanamex publicó un informe sobre los efectos que podría tener en la economía mexicana con la ejecución de propuestas como echar atrás las reformas estructurales y cambiar el modelo económico.

Más aún, el día de la presentación de los tres candidatos presidenciales, el viernes pasado, anduvo ahí uno de los villanos favoritos de AMLO: Roberto Hernández, a quien acusa, por ejemplo, de haber financiado el documental El populismo, junto con el empresario Claudio X. González.

Se cuidó por parte de los organizadores que el presidente honorario de CitiBanamex no se topara con AMLO y por supuesto tampoco estuvo presente durante su ponencia.

A los cerca de 800 asistentes a la reunión plenaria de CitiBanamex se les entregó un folleto denominado A Primer on Mexico’s 2018 Presidential Election en el cual se agruparon una serie de encuestas que ubican a AMLO más de 12 puntos arriba de Ricardo Anaya y a casi 20 puntos de José Antonio Meade.

Ricardo Anaya fue el segundo de los tres candidatos en subir al escenario. Durante 45 minutos expuso sus propuestas, basadas principalmente en la certeza jurídica, la creación de un ombudsman de las inversiones y la aplicación y expansión de la tecnología en todos los ámbitos de la economía. Utilizó buena parte de su tiempo para contrastar puntos de vista con los de Andrés Manuel López Obrador y lo criticó varias veces, generando risas y aplausos. Se refirió a él como “ya saben quién” y aprovechó el foro para exponer, de diferentes maneras, que es un político de “ideas viejas”.

José Antonio Meade, como era de esperarse, fue de los más ovacionados. “Nos hemos vistos tantas veces, pero esta es una muy especial”, dijo el candidato del partido en el gobierno al iniciar su discurso que versó sobre la importancia de continuar con el modelo económico actual y mantener las reformas estructurales. A Meade, sin embargo, se le vio cabizbajo y de pronto molesto. Algunos de los asistentes consideraron que no respondió a todas las preguntas, principalmente a la de si va a hacer ajustes en su equipo de campaña, pues no avanza.

El candidato del PRI-PVEM-Panal reconoció que su campaña debe tener ajustes, pero no entró en detalles. “Todos los días nos sometemos a evaluación, podemos hacer muchas cosas mejor. Vamos a hacer ajustes”, respondió a pregunta expresa de Leonardo Curzio sobre si equipo está funcionado.

El semblante de Meade, empero, era el de alguien que sabía que su futuro estaba echado.

 

 

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