Ante una cartelera copada por toda clase de superhéroes de todas las calañas, donde hasta los más mediocres tienen su chance, en un género que ya está listo para morir por la repetición de clichés, la justa mirada del cinéfilo aburrido busca su redención en otro tipo de historias digamos más extremas. En este sentido el género que mejor responde es el thriller de venganzas anunciadas.

Un gran parte del público que va al cine no va precisamente a ver y oír berrear a Mary Poppins o cualquier otra mafufada de Disney. Van a redimir sus instintos por medio de lo que los narcos de Medellín llamaron alguna vez plata o plomo. Por eso tienen trabajo de sobra los últimos héroes de acción, aunque caigan en la categoría de “abuelos”.

Uno de ellos que ha corrido con verdadera mala suerte, porque sus compinches no lo aceptan en el gremio de los indestructibles, es Liam Neeson, cuya más reciente película tal vez no se asome a nuestra recatada cartelera de la cuarta transformación, pero sus versiones en DVD y Blu-ray es otra cosa. Neeson es un trabajador de la nieve y, su barredora, su compañera. Todo trascurre en esos lugares cinematográficos donde aparentemente no sucede nada. Hasta que su hijo se va al otro mundo.

La defunción hace que Neeson se vuelva investigador de ocasión y, armado sólo con la barredora, un peligro letal para los presuntos culpables, unos narcos. Las muertes salvajes tienen que agradecerse porque se ejercen con una buena dosis de humor negro, disfrazada de actos de justicia. Si a eso se le agrega el factor de congelación, la peli se vuelve un catálogo de perversiones mortales que hielan la sangre.

El reparto es de los buenos: Laura Dern y William Forsythe encabezándolo y justificando el espíritu de la Serie-B, con alto presupuesto y sobada estética el mal, sin tomarse la justicia al pie de la letra.

Hasta las balas tienen su redención y hasta su remake, tal y como ha sucedido por la excelentísima Miss Bala, de Gerardo Naranjo, con la mejor balacera en directo del cine mexicano y la magníficas actuaciones de Sthepanie Sigman y Noé Hernández en una de las mejores películas del narco nacional y sus conexiones con el poder que corrompe y llena de billetes el bolsillo. Ahora Miss Bala es Gina Rodríguez, siempre en el lugar menos oportuno, dando lugar a una obra tal vez un poco más recatada con respecto a la salvajada oscura de la película original. Pero, con todo, vale.

Paso a los asesinatos clásicos avalados por nuestras dos máximas autoridades en la materia: José Luis Durán King y Ricardo Ham, que celebran la puesta en la pantalla del asesinato de Sharon Tate, previa a la fatídica fecha en que la familia Manson interrumpiera en su casa de Cielo Drive, 10050 W., en California, y cortara la vida de la actriz y sus invitados. Las credenciales del director, Daniel Farrands, incluyen trabajos de crimen con Jason, espectros socarrones y asesinos de Scream, fantasmas criminales de Amytyville y Freddy Krueger, más calles del infierno de todos tan gozado.

La Sharon está interpretada por la cantante y actriz, Hilary Duff, que también le metió a la ayuda humanitaria en Houston. Ahora, dicen algunos críticos, su actuación sacará chispas hasta que le meten cuchillo. Ella ha declarado: “Mientras no sea nominada para las Frambuesas Doradas, todo está bien”.

pepenavar60@gmail.com

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