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Richie Towers Recoords

José Xavier Návar

Su nombre (más bien su apodo) es un misterio, y sus orígenes. Algunos de sus más allegados saben que es sobrino en línea directa de El Rey de los Asaltabancos, Alfredo Ríos Galena, aunque otros lo dan como hijo fuera de la ley del que hace años fuera El Zar de la Basura en México, Rafael Gutiérrez Moreno que, se dice, tuvo más de 100 hijos con diferentes mujeres en su reino de Santa Cruz Meyehualco, y que casi fuera rey vitalicio por 20 años del gremio de los pepenadores, hasta que lo asesinó una de sus mujeres en 1987.

Towers Recoords llegó al Tianguis Cultural del Chopo en un tiempo incierto. Inmediatamente estableció alianzas y, al poco rato, los principales jerarcas, disqueros y cinéfilos, ya eran sus amigos. A él, como promotor independiente se le atribuye la unión del rock de los desposeídos (marca: Denver, principalmente) con el ska, el metal de dudosa factura sonora, las experimentaciones clandestinas, el progre y hasta una vertiente grupera, de la que no se avergüenza.

Su vestuario sabatino lo identifica, muy a su pesar, con un look narco vacacional, a lo Tony Montana de isla caribeña, al que sólo le falta la 45 en la cintura. Es espléndido con sus amigos, a los que les reparte a la menor provocación discos compactos de bandas desconocidas, como Blu-rays de títulos innombrables. Entre sus hazañas no musicales en materia promocional, está su propia “Estafa Maestra”, al repartir, una vez, unas memorias USB de 32 gigas de última generación en su momento, y llevarse al baile a propios y extraños. Consciente de su mal proceder, tardó años en resarcir el incidente con sus cuates del cuarto y quinto poder.

Eso sí, a la hora de la promoción, se toma muy a pecho su papel y parte y comparte los últimos compactos físicos sin más información que la que sale por su boca. Su carro, que estaciona siempre frente al Forito Sol del Tianguis (que ya ha vuelto a las tocadas), siempre está repleto de sorpresas pero pocos tienen derecho a escoger discos, Blu-rays o DVD de conciertos, películas y lo que se acumule. ¿Por qué siempre tiene lo último de las compañías independientes en la cajuela de carro? Es otro misterio de sus relaciones públicas, como su salario como free-lance.

En el local del doctor en cinematografía, Juan Heladio Ríos, que tiene en el Chopo, Richie Towers, tiene un pequeño espacio que usa para despachar los productos que promueve: “Redart Alexandro”, “Lemuria”, “Kotardo”, “LVTO (Líbranos del Mal)”, “Kotardo (Máquinas de Odio)”, “Lagarto (Metunk)”, “Foyo” (del sello Opción Sónica) y hasta Roger Waters (The Wall), de Sony. Como no le tiene miedo a ningún género a la hora de darle a la promoción, también se le ve hasta con el Blu-ray de Rock en tu idioma, sinfónico y, para dársela de intelectual vanguardista, puede pedirle a uno de sus amigos (Johnny Carmenta) el rockumental de Klaus Nomi: The Nomi Song con la odisea del que no se sabe si es hombre o marciano.

Tiene página en Facebook y es como muchos fundadores del Tianguis del Chopo, un personaje, que sábado a sábado hace piruetas con lo ya casi imposible: la promoción discográfica en medios impresos, cuando las compañías (por no reinventarse) van camino al callejón del suicidio. Tiene que luchar contra los embaucadores de Internet, que han tomado a Facebook como si fuera su canal propio de tv al que, por cierto, nadie en materia de números totales, visitas guiadas y likes, en sus cinco sentidos, ve. No se raje mi Richi. La vieja guardia está con usted.

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